Tras el saqueo oficial del morenovallismo regresa el Arcón Filipino al Museo Bello

Luego de permanecer tres años en el Museo Internacional del Barroco (MIB) como parte del saqueo oficial que hizo el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas para llenar las salas de exposición de dicho recinto, el Arcón Filipino del siglo XVII regresa al que fuera su sitio original: el Museo José Luis Bello y González.

Mediante un boletín informativo, la Secretaría de Cultura estatal indicó que después de cuatro años, tres de los cuales estuvo exhibido en el MIB, la pieza forma parte nuevamente de la exposición permanente del recinto inaugurado aquel 21 de julio de 1944.

El Arcón Filipino, escribe el investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, Gustavo Curiel, fue hecho en la ciudad de Manila, “cabeza de las islas filipinas” y es muestra de que “los muebles, a parte del sentido utilitario que los caracteriza, son piezas donde han quedado representadas variadas iconografías al servicio de ideologías concretas”.


Como parte del texto Mobiliario que aparece incluido en el libro Museo Bello (Secretaría de Cultura, Puebla, 2009), Curiel anota que “lo que más sorprende en este mueble es la escena que cubre todo el interior de la tapa; fue pintada al óleo”.

Agrega que “se trata de una compleja imagen geográfico-social que despliega una vista de Manila y sus alrededores. En realidad, fueron dos conceptos urbanos representados en la pintura; ambos aparecen perfectamente diferenciados y se contraponen entre sí”.

Continua que “el primero y más importante es la imagen de la ciudad española, urbe que aparece amurallada. El segundo concepto ofrece una vista del peculiar espacio urbano destinado a ser residencia obligatoria de los sangleyes (comerciantes chinos), conocido como el Parián de los Sangleyes”.

El investigador Gustavo Curiel explica además que en el dibujo aparece una “recia muralla que constriñe y delimita el espacio intramuros, sede de la ciudad occidental, plagada de calles trazadas a cordel, diversas construcciones civiles y religiosas, y plazas”.

En dicha imagen, agrega, “se reconocen las siguientes edificaciones religiosas: la catedral, San Francisco, el conjunto de los agustinos, el de los jesuitas, entre otros templos y conventos… las referidas construcciones aparecen rematadas por cruces, y cúpulas y torres”.

Expone que en Arcón Filipino del siglo XVII “también se perciben las imágenes de algunos de los habitantes de la ciudad realizando actividades cotidianas”.

A la par, apunta Curiel, “en el perímetro de las murallas se distinguen otros componentes de arquitectura militar: fosos, puentes, la Real Fuerza, varios baluartes y las puertas de la ciudad”.

La pieza que se cree debió llegar a Puebla y a la colección de los Bello probablemente como un obsequio es por tanto un ejemplo de dos tradiciones artísticas concentradas en una misma pieza: español en su tipología, así como herrajes y manufacturado en materiales orientales con un plano de la ciudad.

La pieza y el resto del acervo del Museo José Luis Bello y González -3 Poniente 302, Centro Histórico- se puede visitar de martes a domingo, de 10 a 18 horas. El costo de acceso es de 40 pesos, general; 20 pesos, estudiantes, maestros y personas de la tercera edad con credencial vigente. Mientras que el martes la entrada gratuita.