Domingo, junio 13, 2021

Recuperan la memoria y el trabajo de Luis Chávez sobre el Sitio de Puebla de 1863

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En su segunda edición, y como parte del cierre de conmemoraciones por el 150 aniversario del suceso histórico celebrado en 2013, fue publicado el libro El Sitio de Puebla en 1863, de Luis Chávez Orozco (1901–1995), un profesor, sindicalista e historiador autodidacta que de una forma coloquial relata los acontecimientos ocurridos durante los 62 días de la ocupación.

Chávez Orozco, quien fuera catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México en el ámbito de historia económica mexicana, presenta un texto con los datos de las fortificaciones, armamento y víveres que disponía el ejército mexicano para poder contender con un ejército poderoso comandado por un Napoleón indignado después de su derrota, el 5 de mayo de 1862.

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El autor retrata las graves dificultades que pasó el ejército mexicano ante la escasez de víveres y armamento después una prolongada lucha que terminó en la rendición al mando del general Jesús González Ortega.

A través de sus páginas, Chávez Orozco combina la historia y el civismo, ya que no abandona esa intención didáctica del periodo vasconcelista, época en la que fue publicada la primera edición.

Dicho texto publicado entre el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla y el Consejo de la Crónica de la ciudad abre con el apartado “Los dos ejércitos”, en el que se compara el momento de declive en que se encontraban las fuerzas francesas y la reorganización y fortalecimiento del Ejército de Oriente tras la victoria del 5 de mayo.

En el segundo artículo Luis Chávez ahonda en el fuerte de San Javier –ahora el Instituto Cultural Poblano– haciendo una crónica que empieza el 19 de marzo con las órdenes del general Forey para hacer un reconocimiento de las posiciones mexicanas, continúa con lo ocurrido los siguientes días, hasta llegar al día 29, apoyándose en el Diario del general Troncoso.

Advierte que “querer agregar o quitar algo a su relato (de Troncoso) sería menoscabar la grandeza de ese memorable suceso. El general, testigo y actor observó en sus detalles más nimios, cómo se desarrolló la acción desde el principio hasta el fin”.

Luego en el capítulo titulado “Casa por casa”, Chávez señala que no se sabe cuál ejército comenzó, tras la toma de San Javier, con la defensa y la ofensa. “… dicen que el ataque partió de los sitiados, en tanto que Troncoso afirma lo contrario. Cualquiera que sea lo cierto, el hecho es que como a las seis y media de la tarde se inició un formidable duelo de artillería en el que funcionaron, por parte de los mexicanos, 48 cañones, y por los franceses, 39”.

Además de lo que ocurre en el fuerte de San Javier –también llamado Iturbide–, el historiador narra lo que sucede en los fuertes de Hidalgo y Morelos, el Paseo Nuevo y el Hospicio, San Agustín conocido como el cuartel de San Marcos, las trincheras de San Baltazar y la Magdalena, las iglesias de San Pablo de los Frailes, la Merced y San Ramón, la manzana de Santa Inés y las trincheras de las calles de Cañitas, los Locos, Quintanilla, Padre Ávila y Mesón de Guadalupe.

Para cerrar, Luis Chávez presenta el texto “Rendición y apoteosis”, en el que narra cómo fueron los últimos días de la defensa protagonizada por el general González Ortega y la posición que tomó ante el eminente desabasto de municiones. “Fue en esos momentos cuando la serenidad de González Ortega se mostró en toda su grandeza. No era posible seguir luchando contra la fatalidad”.

Resalta que como párrafos finales el autor recupera la misiva enviada por el general González Ortega el 18 de mayo de 1863 al general Forey: “No siéndome ya posible seguir defendiendo esta plaza por la falta de municiones y víveres, he disuelto el ejército que estaba a mis órdenes y roto su armamento. No puedo, señor general, seguir defendiéndome por más tiempo, si pudiera, no dude que lo haría”.

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