Rebelión de Doger contra Jiménez Merino es para que no le quiten el control del PRI poblano

FOTO: imagen / Jafet Moz

La rebelión que Enrique Doger Guerrero ha encabezado contra la designación de Alberto Jiménez Merino como candidato priista a la gubernatura, tiene como único propósito el provocar una negociación que le permita no perder la única posición política que le queda al exalcalde de la capital: que es la presidencia del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI.

En la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, del martes pasado, en que se tomó el acuerdo de ungir a Jiménez Merino, también se decidió hacer el relevo de Javier Casique Zárate como presidente del CDE de Puebla y nombrar en su lugar a un dirigente que tenga afinidad y unidad con el candidato a la gubernatura.

Casique Zárate es un personaje totalmente sometido a los intereses de Enrique Doger y es la única posición pública  relevante que le queda al exedil de la capital, cuya cerrera como líder priista podría estar al borde de fenecer por la falta de espacios y oportunidades para acceder al poder político.


Doger arrastra un enorme desprestigio y una falta de credibilidad, luego de que el año pasado fue el candidato del PRI a la gubernatura y abiertamente jugó a favor del bando contrario, que eran los intereses político del exgobernador panista Rafael Moreno Valle Rosas.

Por eso a Doger se le considera como “una viuda” de la tragedia del pasado 24 de diciembre, en la que murieron Rafael Moreno Valle Rosas y la gobernadora Martha érika Alonso, por que su expectativa era que a cambio de haber fingido ser un candidato opositor al morenovallismo, le iban a dar un conjunto de 5 posiciones en el Poder Ejecutivo de Puebla. Ese proyecto sucumbió a la par del fallecimiento del matrimonio Hidalgo Alonso–Moreno Valle.

Además, con Doger hay el mismo ritual en cada proceso electoral que ha transitado desde que dejó de ser alcalde de la ciudad de Puebla: siempre ofrece lealtad, colaboración y respeto al PRI y sus candidatos, para acabar siempre boicoteando el trabajo político del tricolor o colaborando con los rivales del Partido Revolucionario Institucional.

Por esa razón Doger ha quedado aislado –con su pequeño grupo de colaboradores encabezado por Javier Casique Zárate, Enrique Chávez Estudillo y Jorge Ruiz Romero– y sin nada de influencia en el PRI, ya que es rechazado por el resto de las facciones del tricolor.

Ante ese escenario, a Doger no le queda otra salida que aferrarse a amenazar con fracturar al PRI si no le dejan el control del CDE del PRI, bajo la persona de Javier Cacique, pues sabe que una vez que pierda el manejo del partido ya no tendrá otro espacio relevante para hacer política en los próximos años.

Los que suenan

Apenas se supo de la designación de Alberto Jiménez Merino, se empezó a mencionar que el relevo de la dirigencia del CDE del PRI podría ser controlado por el ex gobernador Mario Marín Torres.

A ello obedece que los principales prospectos para dirigir el PRI poblano sean: el empresario Ricardo Urzúa Rivera y Valentín Meneses Rojas, quien fue secretario de Gobernación en el sexenio marinista y es actualmente el coordinador del equipo de trabajo de Jiménez Merino.

También ha surgido una terna que se sale del ámbito de influencia de Mario Marín Torres, la cual estaría formada por: la diputada local Rocío García Olmedo, el exsenador Germán Sierra Sánchez y el exfuncionario federal Juan Manuel Vega Rayet.

Se dice que a Rocío García Olmedo la impulsa el actual secretario de Finanzas del gobierno estatal, Jorge Estefan Chidiac.

Mientras que a Germán Sierra Sánchez se le ve como una posible posición del gobernador interino de Puebla, Guillermo Pacheco Pulido.

Y a Juan Manuel Vega Rayet se le considera como parte del grupo político del exsubsecretario de la Sedatu, Juan Carlos Lastiri Quirós.