Domingo, abril 18, 2021

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Racismo, clasismo y sexismo epistémico: la polémica en torno a una publicación del CONACyT

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El pasado 11 de febrero, en las redes sociales de CONACyT apareció este mensaje para celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia: “En los últimos 20 años se ha registrado un aumento constante de las mujeres adscritas al Sistema Nacional de Investigadores (SNI). En el año 2000, sólo el 28.3% de la matrícula del SNI eran mujeres; en 2020, la cifra subió a 38%. El reto es alcanzar la paridad, y con las nuevas políticas del SNI, hemos trazado un camino para lograrlo. #MujeryNiñaEnLaCiencia #CienciaporMéxico”.

El texto apareció acompañado de la siguiente imagen:

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Esta comunicación pasó casi inadvertida, pues no mereció más de cinco menciones de la comunidad internauta.

Unos minutos más tarde, apareció este otro mensaje: “Desde los albores de la humanidad, nuestros ancestros nacieron en sus casas, recibidos por parteras sin certificaciones ni diplomas. Hay manos que soban, que sostienen, que reciben, que bañan, que hierven, que maceran, que cosechan, que acomodan. Son manos de mujeres sabias que nos han asistido a través de los tiempos llevando con humildad a cada casa la medicina tradicional. Hoy reconocemos su aportación a los saberes que han dado forma a buena parte de las ciencias formales. #NiñasYMujeresEnLaCiencia, #SaberesYCiencia #JusticiaEpistémica”.

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Y este texto fue acompañado de la siguiente imagen:

Y las redes sociales ardieron. La imagen de una partera indígena en una fecha conmemorativa en la cuenta oficial del CONACyT fue una bomba digital.

De inmediato se empezaron a agolpar comentarios de toda índole, pero la mayoría de ellos, de rechazo y burla respecto a la “afrenta” que representa para la comunidad científica algo tan fuera de lugar, como es la asociación visual de dos universos antitéticos: la ciencia, que apunta hacia el futuro y el progreso, y su contraparte, representada en este caso por una mujer indígena que no es otra cosa que un regreso al pasado, a la prehistoria.

Poco importó que en twitter, el CONACyT también hubiese publicado esto: “México necesita más científicas, tecnólogas e ingenieras. El país cuenta con mujeres y niñas talentosas que demandan oportunidades reales en la educación y empleo en el ámbito científico y tecnológico, derribando estereotipos y bajo condiciones de equidad”. Casi nadie comentó nada al respecto.

Lo que realmente importó e indignó a la “comunidad científica” fue la foto de la partera indígena, esa que la llevó a expresarse con comentarios “evolucionistas” como estos, que identifican a las culturas indígenas contemporáneas como grupos cercanos al salvajismo: “Cuando estas costumbres prehistóricas se llevaban a cabo el índice de mortalidad materna y de recién nacidos era terrible. La 4t nos lleva a un retroceso de 200 años con estas prácticas salvajes”.

Alguien más escribió: “hoy nuestro pueblo trata de buscar a los médicos, pero con la 4T es retornar al pasado. La salud debe estar en manos de expertos no de empiristas”.

O qué me dicen de esta joya: “Mientras Emiratos Árabes Unidos y China ponen en orbita (sic) marciana dos naves de investigación, aquí distribuyen como ciencia masajes chamánicos”.

Este otro, vaya, no podemos negar que es muy interesante: “Mientras en el primer mundo logran el desarrollo de una vacuna en tiempo record, planean la colonización de Marte, el internet satelital, los microchips integrados al cerebro humano, etc, etc. en México la ciencia se representa por una doña que te soba la espalda. Que asquerosidad de gobierno”.

Incluso, otro internauta tildó al actual gobierno atentar contra el progreso que representa la energía eléctrica, la economía de mercado y los combustibles fósiles: “Antes andaban en burro y los ricos a caballo. Antes cocinaban con leña y ahora con gas o microondas. Antes andaban con taparrabos y ahora con ropa de marca. Antes se iluminaban con velas y ahora con luz eléctrica. Antes morían de parto un 50%, ahora el 1%. Pero resulta que ahora la moda es ser retrógradas”.

Otros comentarios fueron en otro sentido, pues partieron de una distinción epistémica entre lo que es ciencia y aquello que no es más que pensamiento irracional: “¿Qué clase de supersticiosos manejan el Conacyt? Deberían de leer aunque sea un folleto de lo que es la pseudociencia en oposición a la ciencia”.

Alguien señaló de manera un poco más elaborada: “No es posible que el Consejo Nacional de CIENCIA y Tecnología promueva los ´saberes´ que lo que menos tienen es fundamentos científicos y que además asocie este tipo de cosas a la conmemoración de un día que justo busca que las mujeres tengan acceso a una educación científica y no a los ´saberes´ que suelen ser necesarios en donde se carece de ciencia… es una pena”.

De plano, en otro comentario se culpó directamente a la directora de no tomar en cuenta a la ciencia y exaltar el pensamiento tradicional: “Wow ¿qué es esto? No sé qué pretendes María Elena Álvarez-Buylla con minimizar la esencia de la ciencia alabando las tradiciones. CONACyT es una institución que de facto representa epistemológicamente la construcción del conocimiento a priori. Qué vergüenza me da haber sido becario Conacyt en algún momento”.

Alguien también adelantó que ese cartel del CONACyT no hacía sino pronosticar el fin de la ciencia y la tecnología en el país: “Ya no habrá médicos, habrá hueseros; los químicos ahora estudiarán alquimia; los biólogos, bestiarios y así con todas las ciencias. Sólo en nuestro México mágico”.

Otro tipo de comentarios estuvieron orientados a desacreditar directamente y a burlarse del trabajo que hacen las parteras tradicionales y en general, a los especialistas culturales de las comunidades indígenas y campesinas: “está fuera de lugar al promover sobanderas y parteras”.

Alguien señaló incluso con desdén: “Ahora la comadre de la vecina que soba y acomoda las molleras caídas puede ser reconocida como científica con la 4T. Ya de una vez acéptenla en el SNI sin cumplir con todos los requisitos”.

O por ejemplo este: “Felicitando a las hueseras que ponen en riesgo la vida de una persona con fracturas”. Qué me dicen de este otro: “Que miedo que haya gente perdida en tal nube de ignorancia que piense que una doñita se puede comparar con un doctor. En fin, la selección natural es sabia”.

Algún comentarista trató de hacer un señalamiento más docto citando a alguna autoridad científica: “Darwin renunció a sus prejuicios cuando vio los fenómenos naturales con propios sus ojos (inspirado por Humboldt). Podrían aprender de eso en la dirección del Conacyt, y reconocer el valor de la ciencia básica, dejando de lado prejuicios arcaicos”.

Otros opinantes no dejaron pasar el hecho de que la actual directora del CONACyT ha asumido una postura crítica con el maíz transgénico y, además, ha promovido la recuperación de las variedades criollas de este grano: “Esto es lo que pasa cuando una hippie cretina cree que el maíz tiene alma dirige una institución dedicada a la ciencia”. Al respecto, alguien también señaló: “Al menos ya no publicaron algo relacionado con el maíz, ya es un avance. No mames conacyt”.

Algunos comentarios hasta fueron realmente simpáticos, como aquel que señaló que, en la 4t, con el CONACyT, “Juntos haremos prehistoria”. O el que de plano comparó a las culturas indígenas con algo ficticio, pues sugirió que, a causa del cartel publicado, la dependencia federal debería cambiar su nombre a Consejo Nacional de Ciencia Ficción.

No faltó quien acusó al gobierno de tratar de adoctrinar ideológicamente a la población con ese cartel polémico: “Al rato para ahorrarse unos pesos y por mera ideología política y de adoctrinamiento en lugar de comprar vacunas van a querer que la gente se proteja del SARS-CoV-2 untando sangre de cordero en las puertas de sus viviendas”. No sabemos qué película habrá visto este colega.

Un cometario muy interesante, aunque lastimoso, por decir lo menos, asumiendo que proviene de un científico becado por CONACyT, fue aquel que asocia a las prácticas culturales indígenas de México con algún tipo de brujería africana que ha contaminado y se ha apropiado incluso hasta del presidente: “Un gobierno conducido (…) que inició su gobierno hincado con todo y vieja en el zócalo siendo consagrado como jefe de los brujos mexico-africanos, con todo y bastón de mando da como resultado funcionarios, objetivos y homenajes de cagada… Nunca votamos por este grotesco retroceso en la visión cultural y científica del país (sic), ni por un presidente que se funda en limpias de brujos y chamanes para poder gobernar… Por eso estamos como estamos… Jodidos”.

Un respiro para continuar…

Posiblemente sería un exceso pedir que los científicos y científicas que emitieron este tipo de comentarios conozcan un poco de historia y filosofía de la ciencia, para comprender el papel que el pensamiento místico, religioso y mágico de Egipto y Mesopotamia tuvo en la emergencia de la filosofía racional occidental en la antigua Grecia, que es a su vez el origen de muchas “ciencias duras” que hoy conocemos, como la física, la astronomía o la biología.

Mucho menos se podría esperar que estén al tanto del debate contemporáneo sobre la colonialidad del pensamiento, las perspectivas decoloniales o sobre el pluralismo epistemólogico con pretensiones de simetría intercultural, que está siendo fuertemente debatido a nivel mundial.

Pero sí se les podría pedir al menos que tomen un curso básico de comprensión de textos, pues el mensaje polémico del CONACyT no señala en ningún momento que la partería sea una ciencia. Solo se le reconoce en la última oración como un saber precursor de ella, lo cual es indiscutible. Cualquier libro de historia de la ciencia lo señala.

Si volvemos a leer, a la letra dice, respecto a la práctica que ejercen las parteras tradicionales: “Hoy reconocemos su aportación a los saberes que han dado forma a buena parte de las ciencias formales”. Me parece evidente que es muy claro el mensaje, pero no se quiso entender o deliberadamente se tergiversó.

Creo que estos comentarios en redes sociales caen por su propio peso, pues dicen mucho de lo que piensa y cree una parte importante de la comunidad científica de nuestro país.

Hacen evidente que es perfectamente compatible ser integrante del Sistema Nacional de Investigadores, dictar cátedra en una universidad o tener un posdoctorado y al mismo tiempo, tener una miope y reducida visión de la diversidad cultural del país. Y en consecuencia asumir que las prácticas culturales de los pueblos indígenas son salvajes, atrasadas, prehistóricas y hasta criminales.

En fin, que en lugar de abrir un debate epistemológico serio, quien ejerce la academia puede expresar libremente comentarios sexistas, racistas y clasistas sin el menor pudor, pues la soberbia que dan los grados académicos lo autoriza.

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