¿Quién es el que anda aquí?

El discurso actual de algunas personas del ámbito público, llamado “políticamente correcto”, consiste en expresarse en términos de un lenguaje calificado como “incluyente”, al cual yo llamaría “no discriminatorio”. No me parecen mal ciertas correcciones en el lenguaje, como por ejemplo evitar el empleo de la palabra denigrar, que en si misma encierra un atributo racista: dar trato de negro. Sin embargo, algunas personas se han ido hasta la cocina pensando que las cosas pueden cambiar radical e instantáneamente como por arte de magia, aunque yo creo que los cambios sociales se producen lentamente hasta alcanzar una progresiva conciencia la cual deberá irse extendiendo en toda la sociedad, principalmente en los hogares y en las escuelas.

No faltan las propuestas intransigentes de algunos sujetos y sujetas que al no tener claro el asunto en el que polemizan, se aferran a un argumento disque de “ruptura con lo convencional”, que ellos suponen y presumen se trata de un pensamiento social avanzado. Entre estos disparates está la propuesta de vetar la reproducción pública de las obras de Cri-cri[1], el grillito cantor, cuyas canciones acompañaron la niñez de muchos de nosotros. La crítica se centra en el supuesto contenido racista y clasista de la letra de algunas de sus composiciones musicales. Qué les parece si ponemos como ejemplo la conocida y celebrada canción de “La muñeca fea” que:

Escondida por los rincones,


temerosa de que alguien la vea,

platicaba con los ratones

la pobre muñeca fea…

(…)

Muñequita,

le dijo el ratón:

ya no llores tontita

no tienes razón.

Tus amigos

no son los del mundo,

porque te olvidaron

en este rincón.

El “análisis” de estas personas, para empezar, no toma en cuenta el momento histórico en el que fue creada esta composición, por ello señala la discriminación de esta muñeca-niña, la injusticia de su exclusión del mundo y su integración al mundo subterráneo, underground, de los rechazados sociales entre los cuales están los enseres de limpieza que representan a las personas de servicio doméstico. Otro ejemplo es la de “La negrita Cucurumbé”:

La negrita Cucurumbé

se fué a bañar al mar,

para ver si en las blancas olas

su carita podía blanquear.

La negrita Cucurumbé

a la playa se acercó,

envidiando a las conchitas

por su pálido color.

Quería ser blanca

como la luna

como la espuma

que tiene el mar.

En este caso, el examen que hacen los “progres” es que el dominio de la sociedad de los blancos induce a la negrita Cucurumbé a desear fervientemente ser blanca; esto no lo discuto, porque conocí el caso de la hija de unos cuates que, cuando era niña, se talqueaba la cara para parecerse a su mamá, porque el papá era muy moreno. También el trato que da Cri cri a esta niña negra llamándola “negrita” es –según estos iconoclastas– discriminatorio por el uso del diminutivo, cosa que también comparto en alguna medida, porque recuerdo que se llamaba a los japoneses, en la posguerra, como “japonecitos” y “japonecitas” no por su talla o por su edad, sino con un sentido prejuicioso.

Cucurumbé es negrita, porque es niña y la canción es infantil, pero lo mejor de todo es que aparece en el texto de la composición, ni más ni menos, que un “pescado con bombín” (pez). Hay que advertir la elegancia y refinamiento del pez con sombrero bombín, distintivo del barrio financiero de la City de Londres y de Joaquín Sabina, y sobre todo considerar que su discurso es una auténtica terapia de aceptación:

Un pescado con bombín

se le acercó

y quitándose la bomba

la saludó:

¡Pero válgame Señor!

¿Pues qué no ves

que así negra estás bonita,

negrita Cucurumbé?

“En este mundo traidor…”, como decía Campoamor, o “en este mundo matraca”, como dicen los groseritos, cada quien piensa diferente, pero el vivir en sociedad nos obliga a prestar atención a los prójimos y a aceptar las reglas de convivencia que nos reconocen cierta integración a ella. Desde mi punto de vista, Cri cri seguirá siendo un riquísimo cofre de canciones infantiles con una gran diversidad de géneros melódicos, especialmente para quienes deseen que las criaturas inicien su aprendizaje musical y estimulen su imaginación; así, si alguien les pregunta ¿Quién es el que anda aquí? pues… contesten lo que les salga del corazón.

[1] En el sitio oficial de las canciones de Gabilondo Soler, Cri cri se escribe sin acento ortográfico por lo que respeto la forma.