Quemar residuos municipales e industriales en Cemex, parte de los mecanismos de mitigación al cambio climático

La incineración de residuos en las plantas de cemento ha sido propuesta por la industria del cemento como solución al problema de las emisiones de gases de efecto invernadero de dos actividades muy contaminantes, como son la producción de cemento y los rellenos sanitarios.

En el caso concreto de la planta Cemex, ubicada en el municipio de Cuauhtinchan, Puebla, la incineración incrementó cuando se dio el cierre del relleno Bordo Poniente de la Ciudad de México en diciembre de 2011 y la necesidad del gobierno de la ciudad de dar solución a la deposición de 13 mil toneladas diarias de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), que recibía ese vertedero.   (Vargas y Vilella, 2013). Aunque esa práctica existía con anterioridad, amparada en la Norma Oficial Mexicana NOM–040– Ecol–2002 –Protección ambiental–Fabricación de cemento hidráulico–Niveles máximos permisibles de emisión a la atmósfera– que establece la utilización de distintos tipos de combustibles, entre ellos los residuos urbanos e industriales y los niveles permisibles de emisión de partículas y gases a la atmósfera.

La vigilancia de la norma le corresponde a Semarnat, por conducto de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), se supone que debe haber un monitoreo continuo de las emisiones, aunque frente a la denuncia de habitantes de las comunidades el monitoreo parece estar ausente y no solo eso, contrasta con el reconocimiento de Industria Limpia, que Profepa, a través del Programa Nacional de Auditoría Ambiental (PNAA), otorgó en 2018 a la planta de Cemex Tepeaca.


La coincineración de residuos en hornos de cemento está legitimada por el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el brazo internacional para el comercio de emisiones de carbono del Protocolo de Kyoto, que infortunadamente apoya la incineración de residuos en cementeras como estrategia de mitigación del cambio climático. Los mercados de carbono y sus falsas soluciones no están construidos para poner un freno a la crisis ambiental en general, ni mucho menos a la crisis climática en particular. Su construcción se basa en continuar perpetuando un modelo productivo en la lógica del funcionamiento capitalista que se viste de verde para seguir depredando.

La estrategia internacional de la industria del cemento para supuestamente reducir sus emisiones al sustituir combustibles fósiles –coque de petróleo–, por residuos municipales e industriales, se consideran neutrales en cuanto a sus emisiones de CO2. Sin embargo, el riesgo de estos procesos de incineración es la generación de sustancias altamente tóxicas como dioxinas y furanos, lo que aumenta el riesgo toxicológico mientras las comunidades locales absorben las afectaciones a la salud, así como los costos sociales y medioambientales de estos procesos. (Carrasco y Vargas, 2015).

La coincineración de residuos en cementeras es altamente rentable para el sector, ya que abarata los costos de producción e incluso le reporta beneficios netos, puesto que las administraciones municipales pagan por la incineración de los residuos como un servicio a esos municipios.

La inclusión de combustibles “alternativos”, provenientes sobre todo de desechos, para sustituir los combustibles fósiles y abaratar los costos de producción, lleva un triple beneficio para las industrias cementeras: 1) Se reduce el costo de producción al no tener que comprar coque de petróleo; 2) se cobra a los gobiernos municipales por deshacerse de los RSU, y 3) se maneja como un desarrollo sustentable de los RSU, entrando con ello a los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), obteniendo bonos económicos de los mercados de carbono. (Carrasco y Vargas, 2015)

Por ello, en varios países del mundo, la industria del cemento ha podido resituarse como industria gestora de residuos, frente  y en oposición directa al planteamiento Basura Cero, que es un conjunto de principios y estrategias de desarrollo que dan prioridad a la reducción, reutilización y reciclaje de los residuos y la creación de empleo para los recicladores de base. (Vargas y Vilella, 2013)

En 2019 Cemex empleaba en 92 por ciento de sus plantas energía de combustibles alternos, como aceite usado y basura. Cemex planea cerrar el año 2019 con un consumo a nivel global de 30 por ciento de energía proveniente de combustibles alternos como residuos sólidos municipales y aceite quemado, de acuerdo con Roger González, vicepresidente global de Energía de la firma, en una conversación en el Foro Forbes Energía. (Forbes–Lozano, 2019) https://www.forbes.com.mx/basurayaceiteusadoyaproducen30delaenergiadecemex/

De acuerdo con Cámara Nacional de la Industria del Cemento (Canacem) –integrada por Cemex, Lafarge–Holcim, CYCNA, GCC, Moctezuma y Cementos Fortaleza– en 2017 la contribución de combustibles alternativos fue de 10% del consumo térmico global del sector. Esta contribución ha crecido con respecto a los niveles de 2013 que estaban en 7.5%.

Los combustibles alternos reducen la intensidad de CO2 del proceso de producción de clinker al reducir la cantidad de combustibles fósiles (ej. coque de petróleo, carbón) utilizados.

Los combustibles alternos pueden ser introducidos en distintas secciones de los hornos de clinker cuya temperatura permite realizar una combustión completa de los materiales introducidos, así como incorporación de componentes en el producto final cemento (ej. Co–procesamiento), lo cual está regulado y permitido en la regulación vigente, hasta en 30% (o más con una autorización especial) (NOM–040–Ecol–2002).

Los principales combustibles alternativos son las llantas, la biomasa, los residuos sólidos y otro tipo de residuos manejo especial o peligrosos que generan las industrias (combustibles formulados). La reducción neta de emisiones está en función del poder calorífico y el factor de emisión de GyCEI del combustible alterno y del combustible fósil utilizado en la línea base.

En este caso se ha considerado al coque de petróleo como el principal combustible empleado por en el escenario BAU del sector. A partir del análisis técnico–económico y la consulta con los actores del sector se ha planteado una meta prospectiva de combustibles alternativos de 20% en 2025, 25% en 2030 y 35% en 2050.

Se ha considerado que, además de las reducciones directas por sustitución de combustibles fósiles, existe la posibilidad de acreditar reducciones adicionales por el metano que se mitigaría al evitar la descomposición anaerobia de la fracción orgánica de los residuos (biomasa) en su disposición final. Estas reducciones podrían ser acreditadas al sector, pero contabilizadas como parte de la mitigación en la línea base del sector residuos para efectos de las NDC de México.

Fuente: Semarnat (2018), Rutas de instrumentación de las contribuciones nacionalmente determinadas en materia de mitigación de gases y compuestos de efecto invernadero (GYCEI) del Sector industria (cemento, acero, calero y azucarero) en México, como insumo para la sexta comunicación nacional de cambio climático. Preparado por: Coordinación General de Mitigación del Cambio Climático del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC). Por encargo del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/462290/5_Industria_Intensiva_V2.pdf