Quema de basura, “alternativa” energética y negocio de Cemex

Para producir cemento se necesita, además de minerales no metálicos, una enorme cantidad de energía y agua. En esta ocasión trataremos el tema energético, asociado a la quema de residuos municipales y a la denuncia que habitantes de comunidades aledañas a la empresa Cemex Tepeaca han realizado a este medio informativo y que Yadira Llaven ha plasmado en el reportaje presentado en la página 3 de La Jornada de Oriente del 18/02/2020.

La quema de los residuos para mantener la temperatura de los hornos que producen cemento tiene historia y este medio la ha documentado desde fines de la pasada década, desde 2009. En 2011 un incendio al interior de la planta evidenció la quema de llantas, denuncias que ya habían realizado habitantes de las comunidades de la zona (https://www.lajornadadeoriente.com.mx/2011/06/08/puebla/jus410.php).

Lo que no necesariamente sabíamos en ese entonces es que la quema de residuos, llantas y lodos de plantas de tratamientos de aguas residuales son parte de las estrategias empresariales y gubernamentales, amparados en los mecanismos de desarrollos limpios y ambientalmente favorables, en el marco de las energías alternativas. Las empresas cementeras han transitado de usar coque de petróleo a la incineración de residuos urbanos y llantas mientras los municipios pagan para que quemen sus residuos y tener resuelto el problema de los desechos municipales.


En el caso de la industria del cemento, específicamente Cemex ha incursionado en la sustitución de coque proveniente del petróleo por la quema de residuos municipales con alto poder calorífico como combustible para los hornos que se usan en la elaboración de cemento, por considerarse una opción ambientalmente favorable.

En junio de 2016 Mayra Janet García Hernández se tituló de licenciada en Economía en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla con la tesis titulada “El uso de energía alternativa denominada Fracción Inorgánica del Residuo Sólido Urbano (FIRSU) en la producción de Cemento en Puebla: Cuauhtinchan y Palmar de Bravo”.

En ese documento se retoma un estudio publicado en el número 86 de La Gaceta de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde en 2013 el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) avaló el uso de FIRSU como combustible alterno en la Industria del Cemento, “con base en el análisis de datos reales de la gestión de residuos provenientes de la Ciudad de México en la Planta Tepeaca de Cemex, en el estado de Puebla. Estos residuos municipales, denominados FIRSU, se componen por plásticos, textiles, madera, papel y algunos metales no ferrosos, los cuales ya no conservan las propiedades que los harían susceptibles de ser reciclados”.

El estudio tuvo como objetivo poder desarrollar un análisis de ciclo de vida comparativo de la producción de clinker, usando coque de petróleo como combustible, frente a una mezcla de coque con FIRSU. El clinker es el material que da origen al cemento y que proviene de la sintonización de una mezcla de arcilla y caliza, mediante su calcinación en el interior de un horno.

Este proceso requiere un importante consumo de energía, debido a que los hornos en que se produce el clinker deben mantener constantemente una temperatura de alrededor de 2 mil grados centígrados.

“En la realización del estudio se evaluaron dos escenarios para el proceso de producción de clinker. BASE y FIRSU: El escenario BASE usó al 100 por ciento coque de petróleo como combustible para el horno, en tanto que en el escenario FIRSU se usó coque en 80 por ciento y FIRSU en 20 por ciento. La unidad funcional del análisis de ciclo de vida fue una tonelada de clinker. Se tomaron en cuenta los consumos de materia prima, agua, energía, emisiones al aire, descargas al agua y generación de residuos de cada uno de los procesos unitarios del ciclo de vida del clinker, de los combustibles utilizados y del transporte de los materiales”.

El análisis del Instituto de Ingeniería de la UNAM indica que la conclusión favorable se basa en las siguientes razones:

  • Mitiga los impactos ambientales negativos al evitar la disposición de una gran cantidad de residuos en rellenos sanitarios y permite su aprovechamiento.
  • Con las altas temperaturas a las que opera el horno cementero y el tiempo de residencia de los residuos en ese lugar se disminuye la emisión de algunos compuestos de efectos ambientales adversos.
  • Se reduce el uso de coque y con ello los impactos negativos asociados con el proceso de refinación del petróleo.
  • Disminuye el consumo de un combustible fósil como el petróleo, al sustituir al coque con residuos inorgánicos municipales.

El análisis indica también que el crecimiento de la población y los cambios en los hábitos de consumo han causado el aumento en la generación de residuos municipales, lo cual requiere de sistemas integrales de gestión que consideren alternativas de tratamiento y la disposición final, que sean económicamente posibles, ambientalmente eficientes y socialmente aceptables.

En este sentido, mencionó que la industria del cemento podría tener un papel clave en la gestión de residuos municipales, ya que permite el coprocesamiento de la fracción con alto poder calorífico (FIRSU, de acuerdo con la nomenclatura en México) al utilizarlo como combustible alterno.

El uso de FIRSU como energía alterna ha traído muchos beneficios a las plantas que lo utilizan, ya que disminuye sustancialmente el costo de la energía, principal combustible, para mantener sus hornos funcionando, pero sin tomar en cuenta a la población que vive alrededor de la cementera.

Las cementeras en Puebla no están ubicadas en un lugar desértico ni deshabitado; muchas personas viven muy cerca de las plantas; los cultivos rodean a estas; al probar una energía alternativa al coque se debe tomar en cuenta el riesgo que representa para la población y el medio ambiente; los vapores que desprenden los hornos de incineración afectan a la salud, alejan a las nubes y provocan un cambio en el clima del lugar, siendo otro de los aspectos más notables y denunciados.

Y como asegura Brisa Carrasco Gallegos (2015): “Una de las prácticas más comunes para la gestión de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), en el Sur Global, es la disposición final en rellenos sanitarios o vertederos a cielo abierto. En México este modelo de gestión no aplica del todo a los residuos industriales y/o peligrosos, pues desde finales del siglo XX aproximadamente 70 por ciento de estos residuos termina en los hornos cementeros como combustible alterno o llamado Combustible Derivado de Residuos (CDR) para la producción de cemento. El coprocesamiento, nombre que le da la industria del cemento a la incineración de residuos, ha sido una práctica común, regulada por la NOM 050 y por las leyes para la industria del cemento. Dos regulaciones bastante laxas en México que han permitido poner en jaque la salud ambiental y humana en muchas comunidades, además de que representan la antesala para los Mercados de Carbono, pues estos necesitan de leyes nacionales que sean flexibles y poco claras para darle entrada a cualquier proyecto”.