En estos días se ha dicho que México, por determinación unilateral de Estados Unidos pero aceptada por nuestro gobierno, se ha convertido en los hechos en tercer país seguro, a pesar de que lo niegue Ebrard. ¿Hasta dónde llegará el gobierno en la aceptación de la política de Trump? ¿Hasta dónde llegaremos los mexicanos? Ya vimos a Amlo consultar al pueblo en asamblea “espontánea” y a mano alzada si confrontábamos a Estado Unidos o nos íbamos por la prudencia. Y como él se había manifestado por ésta, por lo que se alcanzó a ver, fue unánime la votación por la prudencia, con excepción de algún distraído que ni levantó la mano.
Ha sido Porfirio Muñoz Ledo quien más ha alzado la voz para protestar contra ésta política a la que ha llamado la gran jaula, porque en eso se ha convertido el territorio mexicano para los migrantes. Muchos otros, de la oposición y de Morena han mostrado su inconformidad, destacadamente los caricaturistas. Sin embargo, en estos días hubo una voz singular, que llevó a cabo una acción ejemplar y que no tuvo el impacto mediático que merece. Por ello ahora se las cuento.
El 18 de julio, frente a las oficinas de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Primitivo Rodríguez Oceguera (quien ha dedicado una parte importante de su vida a la defensa del migrante mexicano), quemó su pasaporte “en protesta por el cruel e ilegal acuerdo migratorio Trump-Amlo, mismo que ha dejado a México sin autoridad moral para defender a nuestros connacionales en Estados Unidos”. Lo hago, añadió, como gesto de solidaridad, pues me quedo sin papeles para ingresar a otro país y también me negaré a presentar papeles cuando me lo exijan la migra o la Guardia Nacional, violando la Constitución y las leyes, en su tarea de cazar migrantes. “Diré que soy haitiano, salvadoreño, guatemalteco, hondureño y africano. Todo a la vez. Que me deporten donde quieran”. Y termina con un señalamiento político: en los hechos, el gobierno de Amlo se ha convertido en promotor de la reelección de Trump.
Al altar de los sacrificios, denuncia Primitivo, fueron llevados por igual la Constitución Mexicana y las normas que rigen la relación entre las naciones. Nunca en la historia de Estados Unidos, ni siquiera en sus etapas de extrema xenofobia, policías locales, estatales, federales y miembros de la Guardia Nacional y las fuerzas armadas persiguieron a migrantes sin papeles en todo el país, como ahora se hace aquí. Ese acuerdo convirtió al Estado mexicano en achichincle, migra y verdugo. Las felicitaciones de Trump en realidad humillan y deshonran a México.
“México ya es territorio de guerra contra migrantes”, acusa Primitivo. No importa que sean niñas y niños, o bien, jóvenes, madres y padres que no tienen más papeles que los identifiquen que su dolor y su anhelo de encontrar vida, un respiro al menos de vida digna.
Para bien de todas y todos, y para darle salida al porvenir, nos convoca Primitivo, Trump el imperialista, xenófobo, pendenciero, misógino, racista y antimexicano debe ser encarado y derrotado. ¡Sí se puede! Para bien de México, de Estados Unidos y del resto del mundo, es imperativo cambiar de rumbo, enfrentar a Trump y ganarle la jugada. Por ejemplo, a la tortura mental que ocasionan a millones de migrantes mexicanos las amenazas de deportación, habría que responder con el término del acuerdo sobre el control migratorio. Y si ello conduce a una nueva amenaza de imponer aranceles, será necesario encarar a Trump con un plan de acción viable, contundente y de amplio apoyo social en ambos lados de la frontera.
Para vencer a Trump, continúa Primitivo, habría que elevar significativamente el costo electoral, político e internacional que pagaría de iniciar una guerra de aranceles contra México, su principal socio comercial y de los estados claves para su reelección, gobernados por republicanos. Si ahí pierde el voto, Trump pierde la reelección.
De tener lugar el enfrentamiento, América Latina, la Unión Europea y países como china y Rusia felicitarían a México por su valor y responsabilidad global ofreciéndole, a la vez, el apoyo necesario para reducir el costo de la imposición de aranceles y aumentar los beneficios de una menor dependencia de Estados Unidos. México se convertiría en símbolo de la resistencia a Trump en la Unión Americana, principalmente entre gobernantes, dirigentes y votantes del Partido Demócrata, e incluso del Partido Republicano, y desde luego entre votantes independientes. Así mismo, la justa y valiente postura daría a la comunidad mexicana un singular impulso a su participación político-electoral, y a sus luchas contra la xenofobia y el racismo.
A diferencia de la 4 T, Primitivo tiene una clara conciencia de las responsabilidades globales de México, además del necesario fortalecimiento de la defensa de los migrantes mexicanos en los Estados Unidos. Por ello inscribe una deseable respuesta en el marco más amplio de las relaciones internacionales y de la defensa de los derechos humanos fundamentales, sobre todo el de la migración. Pero nuestro Presidente no la tiene. Después de abrir las puertas del país de manera demagógica, las cierra como nunca y, en palabras de Primitivo, declara la guerra a los migrantes. ¿Por qué?
La 4T no convoca a nadie para nada. Se contenta con prometer acabar con la corrupción (desde el gobierno y de arriba para abajo) y la inseguridad (con la Guardia Nacional), a la vez que a mejorar los ingresos de los beneficiarios de los programas sociales (más de 20 millones de personas). Y, lo más importante, para todo eso necesita que el país crezca a más del 4 % anual, promesa cada día más remota, pero que tiene como única agarradera la aprobación del Tratado de Libre Comercio. Por eso a ello se subordina todo. Hasta la propia dignidad. “Hay que ser prudentes”. Para que vamos a desafiar al más fuerte.
La suerte de Amlo, a estas alturas, depende de la suerte de Trump. Ambos se olvidan de sus responsabilidades globales y trabajan el uno para el otro. Qué pena.
Generalmente las grandes transformaciones sociales hacen crecer a los personajes que las encabezan y a los pueblos que las protagonizan. La 4T está convirtiendo a sus dirigentes en enanos y a su pueblo, dado que no se le convoca más que a quedarse quieto y a beneficiarse con los programas sociales, en gansos domésticos, como mascotas que deben ser cuidados. Y si alguien protesta o exige, será tildado de provocador.
Mientras el Presidente no nos convoque a todos los mexicanos a participar en una propuesta inteligente que enfrente a Trump, no nos quedará más que la indignación frente a los atropellos a los migrantes y la humillación a nuestro gobierno. Amlo es un hombre sensible y seguramente tampoco “se haya” en esta situación. Si a ello agregamos las cada vez más bajas expectativas para el crecimiento económico, nos explicamos su frecuente mal humor y la disminución de su mecha para evitar explotar ante los acontecimientos. Ya se trate de Urzúa, de Reforma, de Proceso, de los que lo despiertan, no deja de quejarse de que lo tratan mal, a él que no se lo merece, porque trabaja por el bien de los demás.
Es cierto que permanece el respeto de las libertades políticas y de los derechos humanos, pero cada vez está más irritable. “Con todo respeto” dice, y zaz, con su derecho de réplica y sin medir consecuencias, le tira al que se le ponga enfrente. En sus manos esta cambiar el rumbo y el humor del país. Me temo que seguiremos de malas.


