Viernes, agosto 19, 2022

¿Qué comen los pollitos? Maaa…macita

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No crean que el título de esta columna se refiere de nueva cuenta a las mamacitas que celebraron su “día” la semana pasada. No, el tema que trato ahora es el del piropo callejero que, según algunos, está en vías de desaparecer ante el señalamiento reiterado de su carácter machista por parte de los “colectivos” feministas. “Cero tolerancia” es la consigna de las militantes de los movimientos feministas en contra de estas coloridas expresiones que hacen de la calle patrimonio exclusivo de los varones, donde frecuentemente la reunión de grupos de jóvenes que dedican parte de su ocio a “castigar” a toda aquella mujer que transita por la vía pública que, a juicio de estos “golfos”, tiene “buenos veres y mejores andares”. La palabra piropo, según los diccionarios de la Real Academia Española, el Moliner y el Corominas proviene del latín pyrõpus y antes del griego y significa “semejante al fuego”, cierta piedra preciosa de color rojo, pero en el siglo xvii es cuando adquiere su significado actual de halago o lisonja.

¡Fiuu…fiuuu!

La calle, el transporte público y en general el espacio social es un lugar de tránsito y de relajamiento para los ciudadanos, abierto en condiciones de igualdad para todos, sin restricción alguna que no sea la correspondientes a las obras o modificaciones que se realicen en él. Sin embargo, la apropiación de la calle por algunos hombres, hace incómoda y relativamente insegura la presencia femenina, pues aquellas jóvenes que se atreven a circular delante de esos malandrines son objeto de una serie de insolencias, en voz alta, en un alarde machista que —en ensayada competencia— provocan la contrariedad, intimidación e irritación de algunas de las aludidas. Las insinuaciones sexuales son la base de estos piropos, que nada tienen de galanterías, reduciendo a las mujeres a simples objetos eróticos. Así podría sonar un coro de sujetos piropeadores con expresiones moderadas.

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—¿Dime como te llamas? y te pido pa´ los Reyes.

—Morena color de llanta, ya llegó tu rin cromado.

—Tantas curvas y yo sin frenos

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Y no faltan algunos piropos de un mayor calibre que rayan en la ordinariez.

—¡Maaa…maaacita! En esta cola yo me formo.

—¡Shhhh…! Como truchita en aceite.

—¡Con ese bote! …cadena perpetua.

—¡Préstala pa´ no chambear!

El piropo sexista es sólo una de las manifestaciones verbales de esa violencia de género ejercida en la calle, porque puede completarse con acorralamiento, exhibicionismo, persecución e inclusive una fuerte agresión física. Hasta hace algunos años estas conductas e interacciones machistas eran cosa corriente a las que las mujeres tenían que acostumbrase, soportarlas porque era lo común, lo tradicionalmente aceptado en la sociedad, sin que nadie pusiera “el grito en el cielo”. Algunas reacciones de las ofendidas a estas “majaderías” eran a menudo motivo de nuevas agresiones y burlas. Es a partir del aumento de la beligerancia de los movimientos feministas cuando se pone en cuestión este tipo de interacciones callejeras y debemos reconocer algunos que no nos habíamos percatado plenamente de su gravedad, excepto cuando alguna mujer cercana a nosotros sufría de este tipo de hostigamiento.

¿Zapatitos rosas para las niñas y azules para los niños?

En varias ciudades de diversos países se ha legislado acerca de esta y otras formas de violencia de género; aquella que se ejerce hacia las mujeres principalmente, aunque ocasionalmente también está dirigida en contra de algunos hombres. De ahí han emanado leyes que castigan a los infractores con penas pecuniarias o de prisión. Si no se cuenta con pruebas contundentes o testigos de ambos géneros es muy difícil probar el acoso que suele justificarse como una inocente interpelación o solo una lisonja de quien la expresa. Creo que solo la educación en el hogar pondrá fin a esta situación, pero con la participación de todos los miembros de la familia: hombres y mujeres. Creo firmemente que debemos cambiar las conductas estereotipadas de género, pero es trabajo, repito, de todos.

“Ni tanto que queme al santo, ni poco que no lo alumbre”

Algunas mujeres, autollamadas radicales, afirman que aún en la conducta sexual íntima de las parejas se producen formas de acoso y que por ningún motivo se deben admitir siquiera los piropos, porque son una reafirmación del machismo y la perpetuación de la sociedad patriarcal. Por supuesto que no puede excluirse el ámbito doméstico como uno de los espacios donde se produce esta violencia de género y debe combatirse para que no quede ningún reducto del machismo sin ser suprimido. Yo creo, en primer lugar, que no se puede ni se debe generalizar y que los acuerdos conscientes y refrendados en la relación de pareja deben quedar ahí, porque no se trata de una situación callejera que deba ventilarse en público. Todos tenemos derecho a la intimidad, siempre y cuando no juguemos con la conveniencia de explotar ese mundo cerrado, como lo hacen algunos actores, actrices y gente del espectáculo que buscan administrar y mantener su imagen pública exhibiendo ellos mismos “sus trapitos al sol” y protagonizando escándalos.

“Ni chicha…ni limoná”. “Ni machismo ni feminismo”

Existen múltiples y poderosas razones que justifican las denuncias del movimiento feminista contemporáneo que tiene como eje de pensamiento y acción el rechazo a la violencia contra las mujeres que reviste muchísimas formas, la más extrema es el feminicidio. Entre los argumentos de algunos sujetos que, además de machistas son muy “zorimbos”, se encuentra el de equiparar el feminismo con el machismo, cuando no son caras de una misma moneda. Amnistía Internacional nos aclara el punto.

“Feminismo no es lo contrario al machismo. Volvamos a las definiciones si no ha quedado claro. Es decir, mientras el machismo promueve la superioridad del hombre frente a la mujer y la dominación de ésta, el feminismo defiende la igualdad entre los dos sexos. Si buscamos un antónimo del machismo… ¡sorpresa! No lo encontramos porque no existe ni ha existido a lo largo de la historia un movimiento que defienda la supremacía de la mujer sobre el hombre.”

“De cuando las mujeres eran ‘damas’ y los hombres eran ‘caballeros”.

Les recomiendo como evocación nostálgica, para que la busquen en la Internet, la referencia de la fotografía “más machista del siglo xx” de acuerdo a la calificación extemporánea de algunas feministas actuales. Se trata de una de las fotos de una serie de seis que tomó el fotógrafo de prensa Nacho López en 1953, cuando por la céntrica calle de Madero de la ciudad de México transitaba “partiendo plaza”, una escultural señora, la actriz Maty Huitrón, al tiempo que seis libidinosos individuos dirigían sus alucinadas miradas a la dama y babeaban profusamente. La famosa foto se difundió no solo en México sino por todo el mundo y fue premiada en numerosas ocasiones.

Ustedes preguntarán ¿Y esto qué que tiene que ver con los piropos? Aunque la muchachona se prestaba para ser blanco de los piropos, solo les digo que los individuos de la foto enmudecieron y no llegaron a proferir ninguna palabra

 

 

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