Sábado, diciembre 4, 2021

Puebla tendrá un museo del pulque para celebrar la supervivencia de la bebida mesoamericana

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En breve, Puebla contará con un único y particular museo del pulque que contendrá una selección de las más de 8 mil piezas y 4 mil 500 títulos referentes a la cultura que existe en torno a esta bebida mexicana, de origen mesoamericano, que persiste y tuvo momentos de gran salud a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

Lo anterior fue dado a conocer por el impulsor del proyecto y poseedor de la colección, Javier Gómez Marín, quien precisó que dicho recinto se ubicaría en el Centro Histórico de Puebla, pues ya trabaja en la gestión para ocupar una casona de la traza.

El gestor y estudioso del pulque indicó que en el museo se mostrará tan solo una selección de piezas debido al tamaño del acervo. Asimismo, que actualmente, su colección de piezas y libros referentes al tema están abiertos al préstamo y a la exhibición de otros recintos y espacios expositivos.

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Días atrás, el director de Acervo cultural de la Secretaría de Cultura estatal habló sobre el pulque, patrimonio cultural inmaterial del país, sobre el que gira una rica cultura de consumo y producción.

Con la conferencia “La cerámica y el vidrio pulquero: diseño industrial y la cultura pulquera”, particularmente centró su mirada en el proceso de manufactura –primero artesanal y luego industrial– de los objetos que acompañaron al octli mesomericano.

De inicio, Gómez Marín refirió que, según autores, el pulque tiene una antigüedad de consumo de unos 8 mil 500 años, explotado en el caso local en la zona de Tehuacán, pues a diferencia del vino y la cerveza que requieren de un proceso de agricultura específico, el octli se cosecha directamente del maguey, que incluso crece de manera silvestre.

“Su valor cultural, la forma de producirlo y fermentarlo es la misma desde época mesoamericana. Además, ha superado 300 años de brutal conquista, estandarización y globalización del gusto”, consideró el funcionario estatal.

El autor de unos 40 ensayos sobre el tema señaló que, en Puebla, la elaboración del vidrio pulquero tiene su origen en el Barrio de la Luz, un “barrio de indios que con el paso de los años se convirtió en un barrio mestizo con la mezcla de razas”, algo que le dio una identidad propia.

En este barrio, continuó, se caracterizó por dos aspectos: el producir vidrio y cerámica populares, no talavera, puesta “ésta se producía del otro lado del río”, para casas de ricos y la iglesia, mientras la otra era de uso utilitario para la mayoría de la población.

Refirió que ya desde 1542, pocos años después de la fundación ocurrida en 1531, Puebla era la única ciudad que exportaba vidrio a varias ciudades novohispanas e incluso a China, por el paso de la Nao de China y su camino hacia Filipinas.

El colaborador en varios números de La Jornada del Campo indicó que se tienen noticias de que uno de los principales hornos de vidrio se situaba en la calle 10 Oriente número 1, aunque no se sabe desde cuándo se produjo vidrio en el barrio de la Luz, siendo quizá a principios del siglo XX.

Otro dato, continuó Javier Gómez, es que, si en Cholula le hizo la “cerámica más hermosa de Mesoamérica, la negro sobre rojo” la industria vidriera colonial de Puebla, retomó aquellos colores, aunque no las formas.

“Comenzarán a surgir medidas pulqueras que eran las formas de vender la bebida. Una descripción a final de los años 60 habla de los tornillos, las cacarizas, las macetas, la paloma o la tripa, esta última industrial, pues los nombres variaban y no eran fijos”.

Para el conferenciante existen recipientes milenarios como una hoja de maguey, el calabazo o el huaje que se saca de una enredadera o una jícara de barro, como las encontradas en la zona arqueológica de Tehuacán El Viejo o referenciadas en el mural de Los bebedores, que se haya en el sitio arqueológico de Cholula, ambos ubicados aquí en Puebla.

De éstas, continuó, las que persisten son las jícaras y los cajetes que ya no necesariamente siguen siendo de barro, sino que se han tornado en palanganas de plástico.

En el arte, en cambio, Gómez Marín refirió que las evidencias más antiguas están en los óleos de Agustín de Arrieta, de 1845 a 1860, como lo es el cuadro de “Tertulia de pulquería”, en donde aparecen formas y personajes referentes a la bebida, mismos que continúan en otras obras que están en museos como el Bello y González, aquí en Puebla, o en el Museo Castillo de Chapultepec.

Nombró a Ignacio Torres Adalid, un hombre que fue considerado como “el rey del pulque”, pues en época porfirista tuvo 500 haciendas pulqueras e igual número de pulquerías en el país, en un contexto en el que 80 por ciento de la población de entonces tomaba pulque en México.

En cuanto a las formas, el coleccionista refirió que las más antiguas fueron las de espiral –como aparece en un cuadro de Arrieta o en el Museo Mexicano, libro de 1850–, las catrinas o las cacaricitas, las jarras decoradas para el 16 de Septiembre hechas en el barrio de la Luz y conservadas en el Museo casa de Frida Kahlo, el Museo nacional de culturas populares y el Museo Bello, o el tornillo, popular en el siglo XIX.

Otro caso, señaló, fue la apropiación que hubo tras la invasión francesa como lo fueron las jarras Toby del imperio austrohúngaro, los vidrios y las cerámicas europeas, una jarrita francesa para la leche que acompañaba el té y el café, y que cambió su uso, o las cremeras, de un tamaño gigante.

En el caso de las formas tradicionales, que en su colección ha cuantificado en unas 80 distintas, Javier Gómez Marín habló de los “chivos”, que hacían referencia a la hombría; el tarro Reina Xóchitl, las macetas o cubetas, las copias del cristal de la Granja de España hechas en el barrio de la Luz, las catrinas con cara de mujer como burla de las señoras ricas de la época, los vasos de veladora con la leyenda al fondo de “hasta no verte Jesús mío”, que implicaba beber el pulque hasta la última gota, que luego cambió a la frase “Hasta no ver a don Porfirio”, pues los vasos tenían su imagen.

No faltaron las enormes jarras para transportar el pulque y “no se cortara”, las medidas para despedidas de soltero y soltera, los tamaños “prueba o pruebita” otorgados de manera gratuita debido a la competencia, o las grandes jarras pulqueras adornadas con rosas para las bodas.

Se sumaron las jarras adornadas con la virgen de Guadalupe y regaladas el 12 de diciembre, las “jarras de trampa”, las “cara de panzón”, con forma de chango, los tarros pulqueros que convivían con los vasitos mezcaleros, las “tripas delgaditas” para hacer juegos en las pulquerías, o los llamados vasos Cuauhtémoc, con el rostro del rey mexica.

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