Jueves, enero 22, 2026

Proceso Constituyente en Chile: ¿fin del neoliberalismo?

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Santiago de Chile

Apenas se conocieron los resultados de la elección de Constituyentes del 15 y16 de mayo recién pasado, se produjo una verdadera explosión de las esperanzas para la mayoría de las chilenas y chilenos. La dura derrota del gobierno de derecha y los pálidos resultados de los partidos de centro izquierda tradicionales, obedecen a la irrupción de lo que algunos llaman la ciudadanía o, para otros, el pueblo. En efecto, los grandes ganadores son, sin duda, los independientes; esto es, dirigentes de barrio o de organizaciones progresistas, jóvenes profesionales, ambientalistas, artistas e integrantes de una amplia izquierda (así, sin apellidos). En esa jornada electoral de dos días, además de la elección de Constituyentes, también se eligieron alcaldes, concejales y gobernadores. Y como demostración de esa nueva generación emergente, se puede mencionar el siguiente ejemplo: una joven profesional del Partido Comunista, logró derrotar al alcalde de derecha -que pretendía reelegirse- en el municipio de Santiago, el más emblemático de los 345 que cubren el territorio nacional. Sin duda, algo está cambiando.

Pero, en general, los resultados electorales han sido tan contundente que se le compara al triunfo de Salvador Allende en 1970, un triunfo en el marco de las normas legales y producto de movilizaciones y demandas de las clases más afectadas por las desigualdades y atropellos diarios.

Algunos antecedentes

Aunque las demandas vienen desde los 90, durante el año 2011 se multiplicaron las protestas estudiantiles en todo el país con un reclamo nítido: fin al lucro de la educación universitaria y fin a las pésimas condiciones educativas de los establecimientos públicos de enseñanza básica y media.

Las movilizaciones continuaron frente a proyectos que afectaban  gravemente el ecosistema (como las centrales hidroeléctricas, explotaciones mineras y forestales), o frente a las paupérrimas jubilaciones del sistema de pensiones (privatizado por Pinochet) o para demandar la despenalización del aborto, manifestaciones todas a nivel nacional. A ello se agregaron las protestas por la corrupta relación entre los empresarios y el parlamento, colusión de empresas para fijar precios abusivos, etc. De esta manera, se llega al año 2019, cuando se produce lo que se ha llamado el Estallido Social. El 18 de octubre será recordado como el día de la quema de estaciones de metro, saqueos de supermercados, incendio de autobuses, tomas de carreteras, en fin, el día en que se paralizó el país (aunque fueron varios días).

El gobierno, la derecha y el Parlamento, por la fuerza de los hechos, tomaron conciencia no sólo del profundo reclamo de los ciudadanos, sino también de la capacidad de las movilizaciones para poner en jaque al gobierno y la policía. Producto de esta amenazante embestida social, se convino la realización de un plebiscito y una eventual Convención Constitucional.

El plebiscito del 25/10/2020 (lo comentamos anteriormente) fue una masiva respuesta de las chilenas y chilenos: un 80% dijo “Apruebo cambiar la Constitución”.

¿Por qué cambiar la Constitución?

Porque la recuperación de derechos básicos (como la salud, educación, vivienda, pensión justa), el trato desigual en todas las instancias de gobierno y judiciales, el derecho de las mujeres a tomar sus propias decisiones, etc., topaban todas con un gran obstáculo: aquello que se pretende cambiar es inconstitucional y para cambiar lo dispuesto se requiere en el Congreso una votación casi imposible de lograr (artificio puesto por Pinochet).

De esta manera, la demanda nacional se fue ordenando en un solo gran objetivo: cambiemos la Constitución para así “cambiar el Modelo”, como se ha denominado al soporte institucional actual que no es otro que el neoliberalismo en su expresión más feroz. La ciudadanía le quitó toda validez a la estructura institucional y política. Como dice el sociólogo Alberto Mayol, este es un juicio muy profundo porque está en el plano moral: el gobierno, las instituciones y el parlamento están deslegitimados frente a los ciudadanos

La Convención Constitucional

Volviendo a la Convención Constitucional, también llamada Asamblea Constituyente, la primera consideración a tener en cuenta, y muy en cuenta, es que la mitad de sus miembros son mujeres. Fue un logro al momento de zanjar la composición de la Asamblea, materia que se discutía entre el Parlamento y el Gobierno en esos momentos posteriores al Estallido Social.

Otro aspecto interesante es que se logró la reserva de 17 escaños para los pueblos originarios. Chile tiene una población indígena de un millón 650 mil personas, aproximadamente. El resto somos todos mestizos, como se encarga de recordarnos el historiador Gabriel Salazar.

Examinemos los resultados de la elección de estos 155 Constituyentes:

Lista de Partidos de Derecha (Gobierno de Piñera): 37 electos

Partidos de Izquierda (Frente Amplio + Partido Comunista): 28 electos

Paridos de Centro Izquierda (Socialistas, Demócrata Cristianos, etc.): 25 electos

Independientes Lista del Pueblo (dirigentes sociales, territoriales, etc.): 26

Independientes por una Nueva Constitución: 11

Otros Independientes: 11

Pueblos Indígenas: 17

Con estos resultados, la derecha se ha quedado sin ese veto del 30% que ejerció en el Parlamento estos últimos 30 años para obstaculizar cualquier proyecto de transformación.

Pero, la gran sorpresa, sin duda, es la llegada de profesionales jóvenes, mujeres artistas, dirigentes de base, activistas sociales, abogados del pueblo, todos independientes, con una firme disposición a “cambiar de una vez por todas las cosas”. Lograron ser electos sin estructura partidaria, sin presupuestos ni gran publicidad: les bastó su trabajo comunitario, en cabildos y “ollas populares”. De esta manera, la Asamblea podrá convenir, mediante el diálogo y el convencimiento, esto es, mediante el ejercicio ciudadano del entendimiento, los acuerdos de mayoría en los diferentes temas que deberá tratar, en un marco de transparencia y fluido contacto con la ciudadanía, durante los próximos 9 meses que deberá funcionar hasta redactar la nueva Carta Magna.

¿Qué se espera de esta Convención Constitucional?

Lo primero que esperamos las ciudadanas y los ciudadanos, es configurar una arquitectura política e institucional que tenga validez y legitimidad ante el pueblo, que permita recuperar la confianza en las instituciones y que de certezas de futuro. Lo segundo es que debe incluir un Estado Social de derechos, o sea un Estado que asegure las condiciones de vida de sus ciudadanos, antes que las condiciones del mercado, entelequia que –todos lo sabemos- es el mecanismo central de la situación de segregación social, económica y cultural de la mayoría de los habitantes. Un Estado que recupere el sentido de la vida humana más que el del consumismo desorbitado del actual “modelo”.

En tercer lugar, señala el abogado Fernando Atria, un Estado con una decidida creación de posibilidades y orientaciones estratégicas que cuide el medio ambiente, el fomente la industria nacional, recupere el patrimonio público, la valorización de la investigación y el desarrollo de oportunidades para toda manifestación artística. En suma:  un estado que supere la asfixia del sistema neoliberal por uno donde se pueda respirar el aire de una verdadera comunidad humana.

Debemos reconocer que no será una tarea fácil, pero abrigamos la esperanza de que con el diálogo y transparencia que tendrá la toma de acuerdos, más la retroalimentación de los debates que en paralelo habrá por todo el país y tomando en cuenta que los independientes y los representantes socialistas y comunistas que lograron ser electos, se podrá avanzar en esa Carta Magna que necesita el pueblo chileno.

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