Sábado, abril 10, 2021

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¿Primero los pobres o todos pobres?

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«[…] desvaloración y discriminación de las diferencias

es el de la falsa igualdad, consiste en la homologación

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jurídica de las diferencias».

Luigi Ferrajoli

De acuerdo con los teóricos y politólogos, se entiende que las políticas públicas de izquierda apelan a los derechos de igualdad. En cambio, se sostiene que las políticas públicas de derecha apelan a los derechos de libertad (Bobbio, Norberto, Derecha e izquierda, Ciudad de México, Taurus, 2014). Sin embargo, uno de los problemas por los cuales atraviesan las políticas públicas de izquierda es entender esa igualdad, la cual, normalmente, se confunde y provoca lo que hoy estamos observando con las leyes que se dictan en el Congreso de la Unión: una simulación de protección a los más pobres.

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La problemática se centra en la confusión que tienen las políticas públicas de izquierda entre la concepción de igualdad simple y la igualdad jurídica; razón por la cual hay discriminaciones legislativas, muchas veces, por la falta de conocimiento del legislador y de comprensión respecto de lo que es la igualdad para, luego, plasmarla en las leyes.

Así, el problema que se suscita es que, al confundir los derechos de igualdad jurídica con la igualdad simple, se cae en la «homogenización jurídica», es decir, se aplican las mismas leyes a todos por igual, sin darle importancia a las diferencias. Tal es el caso que se presenta en la materia tributaria. Por más esfuerzos de modificar esta materia impositiva a través de las propuestas de los propios contribuyentes y pese al anhelo que existía de transformar la materia fiscal con esta nueva administración pública (tal como debió suceder con el sistema educativo oficial, pero que está en las mismas condiciones que en los tiempos del neoliberalismo o, incluso, un poco peor), ha sido imposible hacerlo; incluso, atendiendo a que, en el caso de la Ley del Impuesto Sobre la Renta, el trato que se les da a las personas físicas es absurdo, debido a que sólo existen dos niveles de contribuyentes como personas físicas: el régimen general de ley y los pequeñitos, que son los del régimen de  incorporación. No hay términos medios, lo cual causa más discriminaciones y tratos inconstitucionales a los gobernados, precisamente, contraviniendo el principio de igualdad jurídica.

Así, se observa que, en la legislatura federal actual, se aplica ese igualitarismo a mansalva, es decir, sin entendimiento ni visión. Por lo que las políticas públicas de izquierda deben ser muy meticulosas para saber cómo aplicar esa igualdad jurídica y no la simple homogenización. Pues, con lo que se ha enfrentado y encontrado esta nueva administración pública federal es con que existen contribuyentes que se benefician de ciertos regímenes, como los son aquellas asociaciones civiles, fundaciones, etc., que cuentan con la autorización para recibir donativos deducibles del Impuesto Sobre la Renta, pero que abusan de ese beneficio. Entonces, el error que se comete es reformar la ley para todos, cuando lo que correspondería en este caso es juzgar, sancionar, procesar a aquellos que están haciendo actos indebidos y abusos con la ley, en vez de restringir tal derecho a todos. Esta legislación con base en una igualdad simple ocasiona un trato inequitativo. Es como lo que sucede en un salón de clase: si hay uno o dos alumnos que no estudian y no hacen su tarea, no se puede recriminar y castigar a todo el grupo, pues sería aplicar una igualdad absurda, una homogenización jurídica.

Así, cuando se menciona que se está protegiendo, en primer término, a los pobres, se debe tener mucho cuidado con las políticas públicas que se implementen, porque tampoco hay que tratar a todos con la misma vara. Ahora bien, desafortunadamente, eso es lo que está sucediendo; es más, se está dejando fuera a un sector muy grande de la población, una que está, incluso, por debajo de la clase pobre, la denominada por Noam Chomsky como «el precariado», es decir, la de los que son más que pobres, la de los —para el sistema— sujetos invisibles, porque el Estado no llega, ni acaso, a contar con un registro, un dato de ella a causa de que son personas que no alcanzan a contar, por lo menos, con un acta de nacimiento.

Por ello, no es nada sencillo sostener: «primero los pobres». Además, las políticas públicas no se pueden enfocar solamente en los pobres, porque esto lleva, precisamente, a una de las técnicas de las derechas: convertir a los pobres en «clientes políticos». De modo que, no hay que perder de vista a los que no se ven, como es el caso del precariado; pero, sobre todo, a las clases que se encuentran un poco arriba de las clases pobres, porque el olvidarse de ellas (como está sucediendo con el «olvido» de las clases medias, medias bajas e, incluso, medias altas) provoca un incremento de la pobreza, que es lo que está sucediendo actualmente en nuestra nación. Así, la pregunta queda al aire: ¿primero los pobres o todos pobres? (Web: parmenasradio.org).

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