Prieto: Francisco Morales, un ejemplo clave de la cultura artística del siglo XIX en Puebla

De Morales existen seis tomos de sus Esquicios, es decir, sus bocetos o diarios, de los cuales solo se publicó uno solo, con un tiraje corto, que no se ha vuelto a editar ■ Foto Abraham Paredes

Recuperar el legado y la figura de Francisco Morales (Atlixco, 1811–1884), un pintor del siglo XIX al que se le quiso borrar de la historia pero que, con su obra, constituye un ejemplo clave de la cultura artística de su momento, que incluso fue equiparado por Guillermo Prieto con el pintor costumbrista Agustín Arrieta.

Esa es la tarea que por casi dos años ha asumido la antropóloga Guadalupe Prieto Sánchez, quien ha trabajado en una profunda investigación que espera ver la luz editorial. Durante una entrevista tras brindar la conferencia Francisco Morales Van Den Heynden que dio en el Museo Casa de Alfeñique, señala que pese al velo que cubre a este pintor “su obra está ahí y hay que reconocerla como parte de la cultura”.

Agregó que el interés por Francisco Morales surgió a partir de la investigación que hizo sobre la Academia de Bellas Artes de Puebla –misma que derivó en la publicación de un libro homónimo aparecido en 2014–, y la exposición que preparó para el Museo UPAEP, actos que la llevaron a descubrir a un hombre que, si bien es reconocido en su municipio natal, Atlixco, falta recuperar su figura en la capital.


Relató que a Puebla el artista llegó a la ciudad siendo aún muy joven para estudiar en la Academia de Bellas Artes de Puebla, institución fundada en 1813 por el presbítero José Antonio Ximénez de las Cuevas; destacándose por su habilidad en el dibujo y recibiendo premios, uno de ellos por tres pesos, como parte de la dinámica de la propia académica de distinguir a sus mejores alumnos.

“Empezó a destacar. Se inscribió en varios concursos y tomó clases de dibujo en la Academia de San Carlos, participando en exposiciones anuales. Tuvo buenas críticas sobre todo por el manejo de la figura humana, en el contexto de que los críticos en el siglo XIX eran escritores que hacían una crítica improvisada”, señaló la también autora del libro El arte de la tortilla: La tecnología en el proceso de la masa, la tortilla y la molendera en el arte.

Acotó que otro aspecto de la época –señalado ya por la investigadora universitaria Isabel Fraile– era la manera en que los artistas echaban mano de estampas traídas de Europa, las cuales usaban como modelo para sus propias obras, pues podían copiar o retomar algún aspecto de ellas. “Francisco Morales emprendió a dibujar copiando”, afirmó Prieto Sánchez.

Detalló que de Morales existen seis tomos de sus Esquicios, es decir, sus bocetos o diarios, de los cuales solo se publicó uno solo, con un tiraje corto, que no se ha vuelto a editar. De este proyecto, destacó la investigadora, destaca porque su cualidad es que da una muestra de la obra de la obra del artista.

Señaló que, si bien no llegó a ser director de la Academia de Bellas Artes de Puebla, sí formó parte de la Junta de Caridad, y como parte de ella recibió a Maximiliano y Carlota y, según las crónicas periodísticas de la época, fue invitado a sentarse a la mesa de los emperadores en la cena que ofreció dicha institución.

La antropóloga acotó que una vez fuera de la academia, de la cual salió por razones aún no tan claras, quizá por estar relacionado con la iglesia católica, Francisco Morales se caracterizó por una obra ligada sí al ámbito religioso, pero también al ámbito civil como lo fue la serie de 200 miniaturas –algunas en el Museo Bello–, una de ellas con el retrato de la señora Mujica, que destaca por su minuciosidad.

Otras obras de gran formato, continuó, es la que se encuentra en el templo de la Concepción, en el Altar mayor –que destaca porque presenta un estudio de angelología–, así como dos cuadros de gran formato en la capilla de Jesús Nazareno, en el templo de San José; el Dulce corazón de María, que se encuentra en Catedral, y la Purísima concepción que está en el templo de Santa Clara.

Guadalupe Prieto mencionó además los retratos que hizo a los obispos Antonio de Labastida y Dávalos, Francisco de P. Verea y González, y a Carlos María de la Colina y Rubio, obras que seguramente fueron por encargo.

Pese a esa cercanía con la iglesia, notó la investigadora, un liberal como Guillermo Prieto, reconoció en Francisco Morales a un artista importante de la plástica poblana de su tiempo, colocándolo de manera paralela al pintor costumbrista Agustín Arrieta, pues “eran trascendentes el uno del otro”.

Continuó que en la segunda y última visita que Prieto hizo a la ciudad de Puebla, definió a Morales como un hombre cansado, grande, preocupado por los jóvenes que se formaban en la Academia de Bellas Artes de Puebla, una preocupación que retomó siendo diputado local.

“Fue un hombre que tuvo una trascendencia en Puebla, un hombre que tuvo una formación en un siglo difícil: en medio de una Independencia, dentro de un primer y un segundo imperio, con intervenciones extranjeras. Fue un producto de su tiempo.

“No obstante, tiene una obra relegada que no se conoce, por lo que es necesario para nuestro tiempo conocerlo, difundirlo y valorarlo aunque no haya sido un liberal, pues aportó y es parte de la cultura de Puebla”, afirmó Prieto.

Concluyó que indagar en la vida y obra de Francisco Morales es hacer una reflexión sobre lo actual, por lo que es necesario recuperar y proyectar su legado, que es maduro y decoroso y, sobre todo, forma parte de la historia y la cultura de esta ciudad.