La portada de la Casa del Deán fue “un laboratorio” previo a la Catedral, ya que en esta “se pueden ver muchas de las formas, líneas y trazos” que inicialmente se aplicaron en la residencia del deán Tomás de la Plaza Goes (1519-1587), una construcción del siglo XVI considerada una de las edificaciones más emblemáticas de la capital poblana.
“Puebla tiene dos hitos arquitectónicos: su Catedral y la Casa del Deán”, dijo el historiador del arte Antonio Molero al participar al abrir el ciclo de conferencias Diálogos del Deán que se llevará a cabo los jueves, a las 17 horas, a través de la página de Facebook del Museo Regional de Puebla, el Murep.
“Fue en la portada de la Casa del Deán donde se experimentaron las formas para reproducirse en la Catedral”, sostuvo Molero, quien forma parte de un grupo de investigadores que actualmente indagan sobre esta edificación que conserva, entre sus paredes, la única obra mural al temple que Puebla conserva en edificios civiles del siglo XVI.
Dicho grupo de estudio, acotó, está integrado por José Luis Escalera como gestor, Gustavo Mauleón en la investigación, Arturo Saavedra, encargado de la planimetría y los dibujos, y él, a cargo de la documentación y la medición de la portada, a cuyo estudio dedicó su tesis doctoral.
El autor de la serie de videos divulgativos Quédate en casa a través de los siglos, que ya se aloja en la plataforma Contigo a la distancia, mencionó que dicho grupo busca dar a conocer esta casa y ponerla en el contexto de “una Puebla única pero no porque lo digan los folletos de turismo, sino por lo que queda de este edificio: sus dos salas y su portada”.
Por su tipología, apuntó el investigador formado en la Universidad Complutense de Madrid, la portada puede ser europea, más no “es renacentista ni manierista ni plateresca ni barroca”, sino que es única por la concepción que tiene desde el inicio.
En ese sentido, ahondó que, según sus estudios, la Casa del Deán constaba de dos alturas -una planta baja y una primera, donde se encuentran los murales-, a las que se le suma un tercer cuerpo consistente en un ático que tenía tres calles en vertical y tres cuerpos en horizontal. De la portada, continuó Molero, destaca además el escudo que se cortó y del que quedaron los arranques de las carteras, y los cuartos traseros de dos leones sedentes que lo sujetan y se conservaron tras la demolición del edificio en 1953.
Abundó que en su reconstrucción hipotética se evidencia el conocimiento de Tomás de la Plaza sobre los tratados estilísticos de su época, así como de las formas del renacimiento andaluz y extremeño, pues el deán nació en el pueblo Alburquerque -en Badajoz- y tras sus estudios en la Universidad de Salamanca llegó a la Nueva España para sumarse a la evangelización de los indígenas, principalmente en territorios ubicado en los actuales estados de Oaxaca, Tlaxcala y Puebla.
En ese sentido, Lidia E. Gómez, académica de la Universidad Autónoma de Puebla coincidió con Antonio Molero, en que De la Plaza era un doble erudito, porque abrevó del bagaje cultural de Salamanca y, al ser uno de los primeros religiosos llegados a Oaxaca a mediados del siglo XVI, atestiguó mucha de la riqueza cultural de los pueblos mixtecos, cuyo idioma aprendió.
Lo anterior, dijeron, se ve reflejado en los dos murales de la Casa del Deán, los cuales fueron pintados por tlacuilos mixtecos, tlaxcaltecas y cholultecos, que Tomás de la Plaza llevó a Puebla para trabajar en ese proyecto específico.
La impronta de aquellos escribas, añadió el etnomusicólogo Gustavo Mauleón, puede apreciarse en las imágenes de vegetales, águilas y serpientes que, si bien siguen una narrativa orientada al catolicismo, todavía conservan los rasgos estilísticos propios de la tradición prehispánica.
En suma, los investigadores coincidieron en que la Casa del Deán es un ejemplo de cómo indígenas y españoles se sumaron a un mismo proyecto con rangos que, en ocasiones, eran iguales: maestros en pintura o cantería, por ejemplo. “Lo que nos ayuda a ver un virreinato más matizado en cuanto a su composición social”, comentó Lidia E. Gómez.
De paso, señalaron que, aunque se ubica a solo unos pasos de la Catedral de Puebla, construcción con la que se encuentra hermanada en más de un sentido, la Casa del Deán es poco visitada. Incluso, reconocieron a quienes –antes de la contingencia sanitaria provocada por el Covid-19– al acceder a esta casa-museo resguardada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, manifestaban su insatisfacción por solo contemplar dos murales dentro de ella, ignorando la historia de mestizaje que guarda cada uno de sus trazos.
No obstante, la construcción del siglo XVI es una de las más emblemáticas de la capital poblana, ya que fue el más importante ensayo arquitectónico para la posterior edificación de la catedral de la Puebla de los Ángeles. En tanto, el par de obras, tituladas La cabalgata de las Sibilas y Los triunfos de Petrarca, bien podrían ser “la Capilla Sixtina del Nuevo Mundo”, como la llamaron los investigadores convocados al ciclo de conferencias Diálogos del Deán, mismas que continuarán -por lo menos en dos entregas más- los próximos jueves.
