Política macroeconómica de estabilidad, causante de la baja generación de empleo formal

La política de austeridad fiscal, las altas tasas de interés y la apreciación del peso, que privilegian la baja inflación, la disminución de la participación del Estado en la economía, como la estabilidad de la moneda a favor del sector financiero, son la causa del nulo crecimiento de la economía mexicana y del muy bajo crecimiento de empleo mostrado en 2019. En tal año se generó el más bajo nivel de empleo formal (solo 382,210) desde la crisis de 2009.

Se reconoce que en el primer año de la presente administración, hubo menos crecimiento del empleo, pero los salarios reales fueron mas elevados, y hay quienes señalan que el aumento de salarios es la causa de la menor generación de empleo. Esa es una postura equivocada, ya que la mayor contracción de empleo se dio en el sector de la construcción, como consecuencia de la fuerte disminución del gasto e inversión pública para alcanzar el superávit fiscal primario. Ello afectó la demanda, la infraestructura, como la dinámica económica y de ahí el bajo crecimiento del empleo formal. A ello se suma la alta tasa de interés (7.25 por ciento) que está muy arriba del nulo crecimiento de la actividad económica (–0.2 por ciento), lo cual ha restringido la inversión de todo tipo (la inversión fija cayó 8.67 por ciento en octubre a tasa anual, su novena caída consecutiva), lo que afecta la industria de la construcción, debido a la caída de las hipotecas para adquirir casas. Al caer la industria de la construccion (9 por ciento de octubre de 2019, respecto a igual periodo de 2018), se genera desempleo.

A lo anterior hay que añadir que la apreciación del tipo de cambio (4 por ciento en 2019), reduce más la competitividad de la producción nacional, lo que afecta su crecimiento (la industria manufacturera al mes de octubre de 2019 traía una caída de 1.2 por ciento, respecto a igual periodo de 2018), y por lo tanto la generación de empleo. Por lo tanto, no es el alza de salarios el causante de la baja generación de empleo, sino las políticas macroeconómicas de estabilidad que priorizan la estabilidad cambiaria y la austeridad fiscal, a través de altas tasas de interés y fuertes recortes presupuestales, lo que contrae la actividad económica y genera poco empleo formal. El mínimo aumento del salario en 2019 (1.7 por ciento en términos reales) permitió que la demanda no cayera tanto ante la contracción del gasto e inversión pública y la baja generación de empleo, amortiguando así la caída de la actividad económica. De no haberse incrementado los salarios en 2019, la demanda y la actividad económica hubieran caído más de lo que lo hicieron y menor generación de empleo se hubiera dado.


El escenario para 2020, al parecer todo apunta a que seguirá el mismo comportamiento de la actividad económica y el empleo, igual que en 2019, debido a que prosigue la austeridad fiscal (superávit fiscal de 0.7 por ciento para 2020), la alta tasa de interés, como la apreciación del tipo de cambio, todo lo cual atenta sobre el crecimiento del mercado interno y la generación de empleo. El aumento al salario minimo de 20 por ciento para 2020, solo favorece a los trabajadores que reciben un salario mínimo (alrededor de 9 millones) y no al grueso de los trabajadores, por lo que no implicará un incremento de demanda de bienes de consumo, debido a que proseguirá la baja generación de empleo, como consecuencia de las políticas restrictivas antes mencionadas.

No hay perspectivas de crecimiento hacia fuera, tanto porque no tenemos competitividad, como por la desaceleración del comercio internacional y seguirán las presiones sobre el déficit de cuenta corriente de balanza de pagos, tanto por el déficit de comercio exterior, como por las transferencias por las obligaciones financieras de la deuda externa, como por concepto de utilidades de las empresas ubicadas en el país.

Mientras no se reduzca el déficit de cuenta corriente, la economía seguirá dependiendo de la entrada de capitales, sujeta a los vaivenes de los mercados financieros y las economías internacionales y obligada a instrumentar políticas restrictivas para supuestamente generar condiciones de estabilidad a favor del sector financiero, que sigue viendo aumentadas sus ganancias (las utilidades de los bancos que operan en el país alcanzaron, hasta el mes de noviembre de 2019, un monto total de 148 mil 400 millones de pesos, lo que significó un crecimiento de 3.1 por ciento en comparación al mismo mes, de 2018), a costa de fragilizar y desestabilizar más a la economía nacional, pues pasa a tener menos capacidad productiva para hacer frente a los desafíos y necesidades que tiene la economía nacional.