Pese a su mala fama, en el PRI quieren poner de dirigente estatal a Néstor Camarillo

Si alguien pensó que el PRI poblano ya había tocado fondo, se equivocó. Este partido todavía podría registrar una peor caída en su crisis interna si se concreta los plantes de Alejandro Moreno Cárdenas, el líder nacional del tricolor, de nombrar como cabeza del partido en el estado al expresidente municipal de Quecholac Néstor Camarillo Medina, quien alguna vez fue señalado por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda de haber dado protección a bandas dedicas al robo de combustible.

Cobijado por la exsenadora Blanca Alcalá Ruiz, la idea de que Néstor Camarillo pudiera ser el próximo líder tricolor ya ha empezado a generar un fuerte malestar hacia el interior del PRI, a la par de que el exedil de Quecholac ha comenzado a recorrer el estado para promoverse entre la militancia priista, que poco o nada lo conoce.

Se dice que uno de los primeros inconformes con el proyecto de colocar a Camarillo Medina al frente del PRI es el actual presidente del partido, Lorenzo Rivera Sosa, quien albergaba la esperanza de que su mandato se pudiera prolongar hasta 2021, año en que serán las elecciones intermedias.


Lorenzo Rivera buscaba ampliar su estadía en la conducción del partido como una manera de asegurar una candidatura plurinominal a diputado local a su favor o una candidatura de mayoría de diputado federal a favor de su hijo mayor, Lorenzo Rivera Nava.

La abrupta salida de Xitlalic Ceja de la secretaría general del PRI poblano tiene que ver mucho con la idea de que Camarillo podría el siguiente presidente del partido. La priista estaba buscando ser la sucesora de Lorenzo Rivera, una petición que había hecho al CEN del tricolor y que aparentemente había obtenido una respuesta positiva, pero después cambiaron los planes y la dejaron fuera de esa posibilidad.

Más allá del descontento natural que siempre deja un cambio de dirigentes en un partido, parece que en el PRI nadie tiene la sensibilidad de medir la mala fama pública de quienes aspiran a un cargo de dirección.

Néstor Camarillo proviene de una familia en donde algunos de sus integrantes fueron, en su momento, operadores electorales del fallecido exgobernador panista Rafael Moreno Valle Rosas.

Cuando dejó el cargo de edil de Quecholac se fue acusado de haber provocado un presunto desfalco de por lo menos 3.3 millones de pesos a las arcas de la hacienda pública del municipio.

A lo largo de su mandato, siempre estuvo en el grupo de alcaldes que los señalaba de ser “tolerantes” con las bandas dedicas al robo de hidrocarburos. Durante su gestión enfrentó situaciones extremas de violencia, provocadas por el crimen organizado, que le obligaron por varios días a abandonar el municipio por el temor de ser detenido.

Parece que en el PRI poblano alguien tiene la intención de nombrar los próximos dirigentes a lo peor que tiene el partido.