Sábado, mayo 8, 2021

En el periodismo o en la escritura, Elena Poniatowska prefiere estar en el lugar del otro

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Para Elena Poniatowska Amor (París, 19 de mayo de 1932) no hay diferencia entre el ser escritora y el ser periodista, pues los caminos de la escritura se encuentran en uno y en otro oficio. A ella, le nace preguntar porque le sale del corazón, porque así está hecho su carácter, porque prefiere estar en el lugar del otro. Convencida dice que en el periodismo el “figurar, el volverte muy importante es una falacia, porque es un oficio como cualquier otro”. 

En una charla cómoda y jovial, en la que lució contenta, afable y sonriente, vestida de pants porque así viste ahora, asentada en su casa desde donde levanta el teléfono para hacer sus entrevistas del domingo en La Jornada, la ganadora del Premio Cervantes 2013 abrió la Cátedra de artes UDLAP primavera 2021. 

Rodeada de libros, anotaciones, anécdotas y recuerdos vivos de su quehacer, a sus casi 89 años Elena Poniatowska conversó con Moisés Rosas, director de Enlace Cultural de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), sobre la manera en que incursionó al periodismo y cómo su pasión por la entrevista derivó en libros como Leonora y Tinísima. 

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Ante unos 160 jóvenes conectados por medio de una plataforma, contó que se hizo periodista de “chiripada”, por la afición que tenía por leer el periódico Excélsior y los artículos de la Ana Celia Treviño. Incluso, dijo que su primera entrevista -con Amalia Rodríguez-, fue producto de la “casualidad”.  

“Los domingos hago entrevista, la crónica me gusta muchísimo. Lo que no me gusta son las editoriales, no me gusta pontificar, siempre sentí que no era mi medio, pontificar me queda de la patada”, aclara. 

“¿Qué hago, está sonando mi teléfono?”, dice Poniatowska con una sonrisa, mientras en el fondo suena varias veces un teléfono celular. Ya sin el tono de llamada, recuerda que desde el inicio le gustaba platicar, porque para ella México era un mundo por descubrir, siendo el periodismo la vía para ello.  

“Gracias al periodismo, que es valioso, me acerqué a los estudiantes, a los presos… Si se quiere hacer una carrera como periodista o escritor, que es más o menos lo mismo, hay que ir a la cárcel, ahí todos te quieren contar, te cuentan la vida de mentiras y de verdades. 

“Empecé con las madres de familias…, empecé a recoger lo que me decían los estudiantes, había ido a Lecumberri. Eran testimonios largos y cortos, corté las voces siguiendo mi emoción o mi instinto”, narra al recordar los días en que recopiló historias en la cárcel de Lecumberri, mismas que luego estarían contenidas en La noche de Tlatelolco. 

Incluso, la también autora de la colección de relatos Lilus Kikus considera que el “periodismo sí es literatura”, siendo ese un tópico común en las charlas que tenía con su amigo Carlos Monsiváis, “un gran escritor, un gran defensor social, un estilista que sabía escribir y cómo decir las cosas”. 

No obstante, advirtió que no todos los periodistas se convierten en cronistas o en narradores, además que, para tener esa articulación con la creación artística, es necesario tener una vocación social. “Tiene que ver una inclinación del autor hacia las causas sociales, un interés social. Muy pocos escritores y poetas acuden a ese llamado, a esa inclinación. (Quienes lo hacen) viven insertos en un país al que aman y observan, del que sabes a través de los periódicos”.  

En este sentido, distinguió que escritores y amigos como José Emilio Pacheco, el ya citado Carlos Monsiváis, Rosario Castellanos y Octavio Paz, tuvieron una inclinación social. 

De paso, consideró que, en el periodismo, las mujeres “han entrado y sus pasos son muy firmes”, además de que dan un aire fresco y nuevo a las redacciones. Sobre todo, resaltó que en las reporteras cabe la honestidad. “En el caso de los hombres, éstos recibían el chayote, un sobre que era fácil de meter en el saco… como (las mujeres) no tenemos saco no metemos el sobre, por lo que hicimos que hubiera más honradez en las redacciones y en el periódico”, sentencia. 

Insistió que en cualquier caso, para el periodista lo importante debe ser “transmitir lo que uno siente y ser un buen escritor”. Recordó entonces que, en su caso, el entrenamiento como reportera le sirvió, pues un periodista “tiene que andar de acá para allá, trabajar en una redacción, ser competitivo y saber lo que es el compañerismo”. 

“Se dice que es ´un pinche periodista´ y esto es una falsedad, los libros que han hecho grandes escritores tienen mucho de periodismo, de entrevistar, de escuchar, de ver y oír; escribir es transmitir emociones, decisiones; es relatar, hacer crónicas.  Hay algo en el periodismo con lo que no estoy de acuerdo: el figurar, el volverte muy importante a través del periodismo es una falacia, no debe de ser, porque este es un oficio como cualquier otro”. 

Cuestionada por Moisés Rosas sobre su proyecto actual, Poniatowska refiere que trabaja en la segunda entrega de El amante polaco, libro en el que relata los orígenes de su familia y su propia historia, al ser hija del príncipe Jean E. Poniatowski, descendiente del último rey de Polonia, Estanislao II Augusto Poniatowski, y de la mexicana Paula Amor. 

En ese sentido, Mariana, una estudiante de la UDLAP, le preguntó sobre el abuso que ella vivió cuando tenía 22 años y que escribió en el libro: “Estoy sola. No sé qué es el amor. Lo que me ha sucedido. El catre, la amenaza; el ataque nada tienen que ver con lo que leí en los libros”. 

“¿Qué les diría a las mujeres que han sido victimas de un hecho violento, de un abuso?, le cuestionó la joven y la escritora respondió que su pregunta era esencial, pues tenía que ver con una “realidad que existe y que es dolorosa”. 

“Cada vez las mujeres denuncian más un abuso, y tienen el coraje de hacer público que han sido víctimas. En mi caso fue una historia de la que jamás había hablado hasta que fui obligada por las circunstancias… Creo que soy sincera, si jamás salía, jamás lo hubiera dicho, me hubiera muerto sin decirlo.  

“Es un tema peliagudo, difícil, tengo un hijo que es científico -en referencia a Emmanuel ´Mane´ Haro Poniatowski-, del que estoy orgullosísima, que me ha dado tres nietos hombres que amo con mucho amor al igual que él. Tener a ese hijo, tener a Mane, es lo mejor que me ha sucedido en la vida”, concluyó la también autora de Las soldaderas y Hasta no verte Jesús mío. 

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