La SEP se olvidó del pensamiento indígena; si se enseñara los niños estarían orgullosos por su cultura: Florescano

La Secretaría de Educación Pública (SEP) se olvidó del pensamiento indígena y de la herencia de nuestra cultura milenaria. Si a los niños se les educara desde la infancia sobre su origen mesoamericano no solo se sentirían orgullosos, sino estarían embelesados en el proceso del aprendizaje.

Así lo afirmó el prolífico historiador Enrique Florescano Mayet (San Juan de Coscomatepec, Veracruz, 1937), quien dictó cátedra este sábado en el auditorio del Museo Internacional Barroco (MIB), sobre El mito del Dios Maíz en las letras y la pintura, a propósito de la conmemoración del Quinto Centenario de la Conquista.

A manera de preámbulo, el secretario de Cultural del gobierno del estado, el antropólogo Julio Glockner Rossainz, presentó al investigador emérito y aprovechó para desmentir que el Museo Barroco será saqueado.


“Bienvenidos a este vilipendiando museo, han construido una mentira increíble en torno al presunto saqueo; aprovecho para decirles que estamos actuando con toda responsabilidad, con gente muy profesional, asesorados por críticos de arte de primera línea y simplemente vamos a diversificar la oferta artística del lugar”, aclaró.

Enrique Florescano rindió un homenaje póstumo a Miguel León Portillo, a quien reconoció como uno de los grandes sabios que perdió México y que cultivó tanto estas historias indígenas, que las divulgó en libros esplendidos que se vendieron a millares.

Durante su intervención, el estudioso reconoció que no reconocer el pensamiento indígena en los métodos de estudio que imparte la SEP es un problema no de hoy, sino de muchos años atrás que afecta a muchas generaciones.

“Los profesores ya no leen los antiguos mitos ni los relatos del dios del maíz, ni los relatos de fundación ni de la creación de los pueblos, como los antiguos Olmecas, desde 1500 años antes de Cristo y hasta las narraciones míticas del Popol Vuh de 1554”, expuso, al comparar que la educación oficial ha priorizado la historia y cultura occidental sobre la mexicana.

Enrique Florescano aseveró que en el pensamiento indígena y la herencia de su cultura siempre hubo una continuidad. Se interesó por contar quién fue el primero en cultivar la tierra, quién dio el nacimiento a la civilización, a la cultura, al arte y a la vida.

Sin embargo, el también ensayista lamentó que esas tradiciones se hayan perdido por los problemas de la educación en el país.

Señaló que los profesores ya no leen, únicamente se reducen a repetir lecciones, cuando existen vestigios que están a la vista de todos, como en el Museo Nacional de Antropología y las zonas arqueológicas de Cacaxtla y Cholula, donde se puede aprender directamente de la escultura, los grabados, las pinturas y los murales de hace siglos.

Por lo tanto, consideró, “si estas historias se dieran en la escuela, los niños estarían embelesados, aprenderían vivamente la figura humana, el mito, la enseñanza y el sentido de la vida”.

En ese sentido, relató que se encuentra trabajando en la producción de un cortometraje de 25 minutos para montar la historia del dios maíz en tres dimensiones, con las imágenes que proyectó en la conferencia de ese día.

“Ya lo tengo hecho, solo me falta vida para concretarlo, y que alguna institución se comprometa. Me gustaría que se difundiera en todas las escuelas de educación básica, y después se trabajaría en otra serie sobre el mito de Quetzalcóatl”, adelantó.

Fue entonces que Julio Glockner tomó el micrófono y se comprometió a llevar la petición al gobierno del estado, que encabeza Luis Miguel Barbosa Huerta, para buscar el financiamiento del proyecto educativo.

“Me adelanto a decir que lo voy a consultar con el gobernador para ofrecer apoyo de la Secretaría de Cultura en este proyecto”, declaró el titular de la dependencia, quien se ganó los aplausos de los asistentes a la charla.

Es el Valle de Balsas de Guerrero, el centro de origen del maíz

En la sesión de preguntas y respuestas del público, en su mayoría académicos y estudiosos de la historia mesoamericana, Florescano declaró que la cueva Coxcatlán, ubicada en la región de Tehuacán, dejó de ser el origen del maíz en el mundo, pues se logró documentar que esto ocurrió en una zona conocida como el Valle de Balsas en Guerrero.

“Está documentado que ahí fue el origen del maíz; existen vestigios de hasta 8 mil años atrás en su domesticación”, refirió.

Por otro lado, celebró que se siga trabajando en el rescate de las especies nativas del maíz en México, ahora desde los tres niveles de gobierno, para frenar la siembra del grano transgénico.

“Es fundamental el rescate del maíz criollo, y  hay que hacer mucha tarea de propaganda y enseñanza. Hay muchos biólogos, genetistas, indígenas que trabajan en la recuperación del maíz. El maestro Francisco Toledo fue uno de los grandes impulsores”, reconoció.

Florescano dijo que el maíz no solo es un alimento, lo es todo, es la vida. “En México somos la tierra del maíz, centro de su origen y domesticación”.

El dios del maíz: cuerpo, territorio y alimentación

En la conferencia, el historiador habló de un dios del maíz como cuerpo, territorio y alimentación.

Para Florescano la siembra de las semillas en el interior de la tierra era representada por el descenso o muerte del dios Hun Nal Ye, en la cultura maya, al que identifica con Quetzalcóatl, en busca de las primeras semillas en el inframundo.

Expuso que el brote de la planta de maíz simboliza en la resurrección de Hun Nal Ye, que reconoce como la primera deidad cuyo cuerpo, la mazorca de maíz, se convierte en alimento de los seres humanos.

De acuerdo con esta concepción, el historiador comentó que en el mito de la creación del hombre éste es creado con masa de maíz y sangre de tapir y de serpiente; pero también existe la creencia que Quetzalcóatl baja a la tierra de los muertos a recoger unos huesos para crear la nueva humanidad: los muele y la masa de maíz se mezcla con sangre que saca de su pene, creando así a los hombres actuales.

Enfatizó que el dios del maíz es el que resucita en cada cosecha y se vuelve inmortal. Al morir, se transforma en semilla que viaja al inframundo, donde es sembrada y luego renace como planta portentosa que derrama los granos que alegran la vida de los seres humanos.

Este dios –dijo al final– se encuentra en las principales ciudades arqueológicas del Altiplano: en Teotihuacan, Cacaxtla, Tula y, desde luego, en Tenochtitlan.