Sábado, julio 20, 2024

Otra vez volvieron a irse los prosélitos del Frente antes de que hablaran los candidatos

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Al filo de las 11:30 de la mañana de ayer, la escena en Tecamachalco era similar a la del Acrópolis el jueves de la semana pasada: familias enteras se retiraban del sitio, pero esta vez el desaire no era para el candidato presidencial sino para la abanderada a la gubernatura de la coalición Al Frente por Puebla, Martha Erika Alonso Hidalgo.

Efectivamente, dotados de gorras, banderas y otros utensilios propagandísticos, hombres, mujeres y niños se retiraban del mitin antes de que hablara la protagonista y su invitado especial, el queretano Ricardo Anaya Cortés, a quien los auditorios suelen írsele antes de que pueda dirigirles la palabra.

En acto proselitista de este domingo, con el que principió la campaña en pos de la gubernatura, tuvo lugar en la 3 norte entre la 2 poniente y la avenida Hidalgo. Inició con un vistoso desfile, como si de un carnaval se tratase.

Cuando los postulantes arribaron tuvieron un recibimiento muy cálido, con porras, aplausos, vítores, besos y abrazos. Pero cuando subieron al templete varios de esos que les prodigaron muestras de afecto, empezaron a marcharse y los que estaban atrás, donde caía el sol a plomo, parecían no tener el menor interés en el mensaje de sus postulantes.

Uno de los organizadores del mitin en Tecamachalco tuvo la siguiente explicación, cuando se le dijo que por segunda vez en Puebla, a los del Frente se les iban los prosélitos: “los hicimos llegar muy temprano y la gente se cansa y se va, nadie viene aquí por compromiso y mucho menos coaccionado, lo hacen por gusto, por voluntad, no se les pasa lista como con los del PRI y el Morena, por eso pueden llegar y pueden irse cuando quieran”.

Alonso Hidalgo centró la mayor parte de la arenga en decir que es la única candidata y luego la única pretendiente de la primera magistratura que ha recorrido todo el estado. Aunque habló de ocho años de progreso –el tiempo en que el morenovallismo lleva imperando en la entidad– no hizo ninguna mención concreta de su esposo, Rafael Moreno Valle Rosas, artífice de esa transformación.

Tampoco Anaya mencionó a su aliado, pero volvió a repetir la arenga que pronunció la semana pasada en San Andrés Cholula, San Martín Texmelucan, Tepeaca, Atlixco y la capital: con una entonación propia de un cantante de música grupera saludó al público y en seguida incentivó una competencia de gritos para “demostrar” (sic) que “las mujeres son las que mandan”.

Luego enfocó sus baterías a asegurar que el triunfo de Morena supone el regreso del “góber precioso”, Mario Marín Torres.

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