Jueves, julio 18, 2024

Óscar Martínez: ser periodista en AL es ser obstáculo para corruptos y autoritarios

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Hacer periodismo en América Latina significa ser obstáculo para las clases políticas latinoamericanas que están desmantelando los Estados de Derecho, afirma el periodista y escritor Óscar Martínez, jefe de redacción de ElFaro.net, un periódico digital de El Salvador dedicado al periodismo de investigación. 

De visita en Puebla como parte del diplomado en Memoria y Discursos Autobiográficos del centro de producción de Lecturas, Escrituras y Memorias, mejor conocido como LEM, el autor de Los Muertos y el periodista (Anagrama, 2021) particulariza que es en el norte de Centroamérica y México, “donde hay poco que decir: es un matadero de periodistas”. 

Este país, considera Martínez durante una entrevista, “es donde más peligroso donde ejercer el oficio, y en donde una semana sí y la otra semana no, sea el presidente que sea, siguen muriendo los periodistas, en impunidad, pues los casos para que haya justicia son muy lentos, si es que ocurren de alguna manera”. 

En Centroamérica, abunda, se vive un “declive absoluto” de los estados de derecho, con excepción de Honduras que “está intentando reconstruirse después de ser un narco estado”, con un expresidente –Juan Orlando Hernández- extraditado a Estados Unidos, como pieza fundamental en el tema del narcotráfico, mientras que Guatemala que “ha desmantelado todo su sistema de justicia y encarcelado a su periodista más reconocido: José Rubén Zamora, fundador de El Periódico, un medio incómodo que ha revelado muchos casos de corrupción de la actual administración”. 

En su país, El Salvador, señala que gobierna el “autócrata” Nayib Bukele, “un hombre que ha declarado a la prensa como su enemigo, que nos ha llamado lavadores de dinero, pandilleros, que ha generado leyes mordaza para que podamos ir presos por difundir cualquier información que ha criterio de los jueves, que él impuso, genere zozobra en la población en relación a las pandillas, como los pactos que él y su gobierno han sostenido con las pandillas desde junio de 2019, cuando llegó al poder”. 

De Nicaragua, apunta Óscar Martínez, “hay poco que decir” con el gobierno del “brutal dictador Daniel Ortega” que ha hecho que parte de la prensa, o por lo menos la independencia opere desde el exilio y quienes están dentro del país, desde la clandestinidad. 

Por tanto, ante ese escenario, el ser periodista en esta región del mundo significa “ser obstáculo, incomodar, hacer que sea más difícil para los corruptos, para los autoritarios, los autócratas, los dictadores, hacer lo que hacen”.  

El ganador en 2020 del premio Rodolfo Walsh a la mejor obra de No ficción de la Semana Negra de Gijón por el libro El niño de Hollywood (Debate, 2018), escrito en coautoría con Juan José Martínez D’aubuisson señala que hacer periodismo es difícil y cada vez más complicado pues requiere de más recursos ante situaciones más opresivas como las que se viven en América Latina.  

Para el ganador de los premios Maria Moors Cabot, el Internacional a la Libertad de Prensa en 2016, el Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez en 2008 y el Nacional de Derechos Humanos por la Universidad José Simeón Cañas de El Salvador en 2013 hay una pregunta por hacer: qué se hará como periodista ante esa realidad. “Lo que el periodismo requiere en la actualidad es una reflexión enorme, de parte de cada medio, de cada equipo de trabajo y cada periodista”, afirma el también autor de Los migrantes que no importan (Sur+ Ediciones, 2010). 

Esa reflexión, resalta Martínez, debe darse sobre todo en estos tiempos complicados, asesinos y cínicos, donde las herramientas digitales se ocupan para la difusión de estupideces, mentiras y difamaciones de parte de políticos y ataques de grupos criminales, además “de enaltecimiento de idiotas, que no tienen qué decir y trabajan a sueldo para diferentes esquemas de poder”, que a los periodistas los vuelven vulnerables, pues “un ridículo con YouTube puede destruir la reputación”.  

Por tanto, considera Óscar Martínez, esta reflexión implica dos cosas: “quienes quieran retirarse del oficio por la presión, la familia, no tiene de qué avergonzarse, pues han hecho lo que han podido y es normal que la loza pesada les haga querer claudicar o dejarlo por un momento y volver; pero quienes vamos a seguir en el oficio, no debe ser valentía barata sino estrategia pensada, reunirnos, sentarnos, ver a qué estamos dispuestos, tomar decisiones, algunas dolorosas, como informar a las familias, dejar los números de cuenta, explicar que un día posiblemente acabemos en la cárcel o desaparecidos.  

“Ante eso hay que tomar decisiones racionales: dónde se almacenará la información, donde se guardará, cómo hacer para que el mensaje que quisieron acallar no lo logren acallar, y preguntarnos también como reducir los riesgos. Entonces, es el momento de sentarnos y reflexionar con madurez, sin romanticismo y tomar decisiones, porque esto no se va a poner más fácil”, concluye el editor de los reportajes de ElFaro.net y El País sobre la frontera sur de México que en enero de 2021 ganaron el Premio Gabo a la mejor cobertura periodística. 

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