Lunes, enero 17, 2022

¡Órale… cafre!

-

- Anuncio -

Cuántas veces dijimos, pensamos o escuchamos la expresión “cafre” con la que señalamos a algún conductor de vehículos que, según nosotros, cometió una “imprudencia” en el tránsito. ¿Sabe usted de dónde viene la palabra Cafre? Pues le diré lo que he averiguado, aunque no encontré información acerca de cuando ni por qué se usa en México para designar a los “atarantados” o temerarios “chafiretes”. Cafre se refiere a un conjunto de pueblos africanos de la región Bantú en el sur de África, en la actual República Sudafricana. Los árabes calificaron como tierras de paganos o Kafir a los territorios que ocupaban los miembros de esos grupos y los europeos adoptaron el nombre de “cafrería” y tierra de cafres, con la connotación de salvajes, a los territorios situados al sureste de África.

            Queda claro, pues, el sentido racista con el que designamos a un conductor “atrabancado”, al que prácticamente se le llama bruto o bárbaro como los “salvajes” cafres africanos. También he escuchado la palabra “hotentote” con la cual se denomina a una persona corpulenta, ignorante, incluso con deficiencia mental. Los hotentotes o khoikhoi son integrantes de un pequeño grupo de Botsuana y Namibia en el extremo suroeste del continente africano que, aunque son de pequeña talla, se les imaginaba como “grandes salvajes”. Hacemos uso reiterado de expresiones racistas y discriminatorias dirigidas tanto a los africanos como a los discapacitados intelectuales. Existen muchos otros términos del racismo ordinario como el verbo denigrar (poner negro) por ultrajar, calificar como “cena de negros” a una gresca, así como las denominaciones dirigidas a las personas de piel más oscura como cambujos, “negritos”, renegridos, prietos, “de color”, percudidos, etc.

- Anuncio -

La historia del colonialismo, violento y explotador, también engloba estas posiciones prejuiciosas y prepotentes, porque con ellas se justifica ideológicamente la existencia y la necesidad de imponer regímenes con misiones “civilizadoras” y “cristianizadoras” que buscan la incorporación de los africanos al mundo contemporáneo para que abandonen sus prácticas primitivas, supersticiosas y brutales. El modelo ha sido impuesto por los países europeos que se consideran civilizados. Para lograr estos propósitos que justifican el colonialismo, en primer término se debe invocar al único y “auténtico Dios” cuya palabra debe difundirse por medio de legiones de misioneros que lleven “la verdad” a los idólatras ignorantes con el propósito de que abandonen sus “erróneas” creencias en “seres sobrenaturales”. A la par de estas tácticas de “convencimiento”, son las armas los recursos más efectivos para la disuasión de esa “bola” de rejegos y remisos.

El “reparto” de África se realizó en muy corto tiempo (1881-1914) y fue la Conferencia de Berlín (1885) la que reguló esta apropiación que abarcó el 90% del continente africano, quedando exentos del repartimiento —más no de la ambición— sólo dos países: la pequeña Liberia y Abisinia. Esta conferencia se inició ante los representantes de muchos países europeos con una invocación: “En el nombre de Dios Todopoderoso” como consta en su Acta General[1]. A partir de ahí se establecieron los imperios coloniales que convirtieron a África en un jugoso botín y a sus habitantes, de “raza inferior”, en esclavos o cuasi esclavos de las compañías explotadoras con las bendiciones de los religiosos cristianos.

De todos los imperios coloniales fueron Francia e Inglaterra las que se apropiaron de las mayores porciones del territorio africano, les siguió Bélgica cuya potestad sobre el Congo correspondió exclusivamente —como propiedad personal— a su soberano Leopoldo ii, hermano de Carlotita la de don Maximiliano; Alemania se hizo de territorios en el Océano Atlántico y en el Océano Índico; Portugal también con regiones en ambos océanos; España en el norte de África y en Guinea Ecuatorial e Italia que, aparte de dominar algunas porciones del norte del continente, colonizó Eritrea y Somalia en la costa occidental de África. Estas potencias europeas, enviaron a sus ejércitos, a sus empresarios y misioneros para dominar a los africanos, dejando una herencia de militarismo que sigue causando estragos en la sufrida población y la consiguiente migración de muchos de sus habitantes.

- Anuncio -

Fueron los exploradores y viajeros, que en la literatura romántica aparecen como intrépidos e incansables aventureros, quienes desempeñaron el papel de agentes directos o indirectos del colonialismo, porque recorrieron todo el territorio africano para espiar, evaluar los recursos naturales del territorio, conocer los caminos, condiciones del terreno, así como la situación social y política de sus habitantes. ¡Aunque usted no lo crea! tropezaron “casualmente” con incontables riquezas como carbón, diamantes, oro, marfil, frutos tropicales, hombres primitivos que esclavizar y promover también el encantador entretenimiento de los “safaris” de caza mayor para la aniquilación de la fauna salvaje (a la que es tan aficionado Juan Carlos de Borbón, Rey Emérito de España, y la “canchanchana” de quien se hacía acompañar).

Todo esto fue la verdadera razón de la conquista y sometimiento de África, cometiendo toda clase de excesos para asegurar esa condición. Después, encontraron otros justificantes para mostrar su cara civilizadora y progresista como la difusión de la moral cristiana (en sus diversas ramas), así como la incorporación de los “salvajes” a la civilización occidental. La antropología física, disciplina de las ciencias sociales, y la fotografía nacieron a la par del colonialismo y se dedicaron a documentar con imágenes y textos descriptivos la existencia de los “otros”, de aquellos que no son gcu, “gente como uno”, como alguna vez me dijo una fina señora egresada de una universidad privada de la ciudad de Puebla. La biología humana completó las teorías de las ciencias decimonónicas en las que “demostraba” que la raza aria era superior a otros seres humanos que se hallaban en estadios inferiores y decía que eran más semejantes a los grandes primates que a los humanos.

Terribles masacres y actos de crueldad extrema se produjeron en África. Algunos destinados al exterminio de grupos étnicos como el genocidio de los Herero y Nama en Namibia con el que el Imperio Colonial Alemán inauguró el siglo xx (1904-1907) y que produjo la eliminación respectiva del 70% y 50% de estas etnias[2]. Los crímenes de Leopoldo ii, con resultados ampliamente documentados, arrojan un total de entre 12 y 15 millones la disminución de la población congoleña debido a la explotación inicua, enfermedades sin atención médica, hambre y violencia de los “civilizados” contra los “salvajes”. A los soldados de la Force Publique se les exigía la justificación de cada bala que se les suministraba entregando como prueba las manos de sus víctimas[3]. Los ingleses y los franceses hicieron lo propio en materia de crueldad, torturas, violaciones y asesinatos. Los italianos, portugueses y españoles no se quedaron a la zaga en cuanto al empobrecimiento que provocaron y la brutalidad que aplicaron en sus colonias.

            Todo lo dicho hasta ahora podría llenar una voluminosa enciclopedia y otra más correspondería a la violencia actual, a los genocidios contemporáneos que se cometen en África, a la vista de los cuales podría parecer que se justifican las acciones de los europeos en ese continente durante el siglo xix; sin embargo, no quiero dejar este tema sin darles a conocer otra de las conductas aberrantes de la refinada y culta Europa contra las naciones sojuzgadas, tanto en África, como en Asia e incluyendo a América latina: los zoológicos de humanos que tienen como antecedentes los freak shows de los siglos xvii y xviii en los que se mostraban personas con notorias deformidades o enfermedades “raras”, conocidos como “fenómenos” tan explotados por los circos de todo el mundo.

            Si, leyó usted bien, zoológicos de humanos. Espectáculos en los que se exhibían en jaulas diversos “especímenes” de individuos pertenecientes a etnias consideradas inferiores y exóticas, a cuyos integrantes la ciencia decimonónica en Europa los hacía más cercanos a los simios que a los humanos. Se buscaba “recrear” el ambiente original en que vivían las familias de estos “ejemplares” construyendo viviendas típicas, enseres domésticos, atavíos y objetos de la vida cotidiana de estas personas. Los numerosos visitantes les arrojaban toda clase de alimentos, les hablaban, los observaban con curiosidad e incluso podían acariciar a los niños con precaución. En las principales capitales y ciudades europeas como Londres, Madrid, París, Berlín, Bruselas, Oslo, Hamburgo se llevaron a cabo estos espectáculos infamantes. Por supuesto que los climas de estas ciudades provocaban enfermedades y muertes en las personas que provenían de tierras cálidas, pero los previsores empresarios como Carl Hagenbeck crearon zonas de adaptación como el Jardin d´acclimatationque se construyó en París. En estos zoológicos de humanos se “exponían” africanos de diferentes etnias denominados genéricamente como pigmeos, negros nilóticos de gran tamaño, aborígenes australianos, alguna etnia asiática, indios de la Amazonía y del extremo sur del continente americano, principalmente.

La justificación de estos espectáculos era la “instrucción del público” y el estudio in vivo por parte de los científicos[4] y por supuesto acentuando la supremacía racial. Si usted piensa que esto fue una diversión del siglo xix le comento que recientemente, en pleno siglo xxi, se ha resurgido el espectáculo de exhibir ejemplares humanos para las diversiones de las sociedades urbanas de los países ricos que, aburridas y profundamente insatisfechas con su alto bienestar material, también se encuentran tan desorientadas y prejuiciosas como los habitantes de cualquier otro lugar de la Tierra. No es necesario cogerse una oreja y andar buscándose la otra, solo dediquemos un corto tiempo a pensar ¿le parece?

[1] https://www.dipublico.org/3666/acta-general-de-la-conferencia-de-berlin-26-de-febrero-de-1885/ [Consultada: 14 de febrero de 2019 ]

[2] El 28 de mayo de 2021 el gobierno alemán reconoció oficialmente la práctica genocida del imperio y ofreció reparaciones económicas durante 30 años para proyectos de desarrollo.

[3] Hochschild, Adam. El fantasma del rey Leopoldo. Una historia de codicia, terror y heroísmo en el África colonial. Barcelona: Malpaso Ediciones, s.l.u. 2017, 515 págs. Vargas Llosa, Mario. El sueño del celta. México: Ed. Alfaguara, 2010, 451 págs.

[4] Sánchez Arteaga, Juanma. La antropología física y los “zoológicos humanos”: exhibiciones de indígenas como práctica de popularización científica en el umbral del siglo xx. [Consultado: febrero 2017] https://asclepio.revistas.csic.es/index.php/asclepio/article/download/305/301/303

- Anuncio -
- Anuncio -

Últimas

00:01:28

Por cuarta ola de contagios, SNTE pedirá que no regresen presencialmente a clases el 100% de alumnos y maestros

La sección 51 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) solicitará al gobierno del estado de Puebla que no regrese el 100...
- Anuncio -

Recomendamos

-