Nueva tragedia de los LeBarón

En 2009 habían secuestrado a Erick LeBarón y pedido la cantidad de un millón de dólares por su vida. La amplia familia, que tiene la doble nacionalidad: estadounidense y mexicana, se negó a pagar y los hampones liberaron al muchacho. Meses después, el 6 de julio de ese año, asesinaron a Benjamín LeBarón y otro miembro de esa comunidad, Luis Widmar, dejando un mensaje por demás ominoso: por oponerse a la inseguridad.

En su amplio recorrido por el país, organizando el Movimiento de Paz con Justicia y Dignidad, junto al poeta Javier Sicilia, quien perdió a su hijo, Juan Francisco,  en Morelos, vimos en diversas ocasiones a Julián LeBarón, quien no solamente insistió en que se debería encontrar y castigar a los homicidas de sus parientes, sino también llamando a que las autoridades hicieran su trabajo y se diera la justicia en su caso y en los de miles de familias mexicanas, hoy todavía enlutadas por la pérdida de sus hermanos, madres, primos y hasta amigos que han caído desde que se desató la guerra de Felipe Calderón.

Desde entonces, el número de asesinados es mayor de 200 mil, los desaparecidos 60 mil y 25 mil que han debido  emigrar de sus lugares. El problema crece en lugar de bajar y este año la cifra de homicidios  es la mayor en la historia del país (iban 20 mil asesinados en los primeros ocho meses de AMLO).


Recientemente, el jueves 17 de octubre,  sufrimos el llamado culiacanazo, donde se tuvo que dejar libre a Ovidio Guzmán López, hijo de El Chapo, joven quien por cierto no tiene orden de aprehensión en México, según Alfonso Durazo, pero si una petición de la DEA para ser extraditado a los Estados Unidos. Algo terriblemente paradójico.

Todos nos cimbramos al ver el poder del narco y la casi nula preparación de las fuerzas mal llamadas del orden, las cuales, igual que las de la justicia, están penetradas o al servicio de los malosos, no hay que darle vueltas.

Pero nadie hubiera imaginado que el martes 4 de noviembre, tres mujeres y seis niños fueran emboscados por criminales en su trayecto del poblado de La Mora, Sonora, rumbo a Chihuahua. Todos ellos miembros de la familia LeBarón, que son más de cinco mil debido a su origen mormón.

Por fortuna, sobrevivieron siete niños, gracias a que uno de ellos, Devin, de 13 años, pudo esconderse, caminar 15 kilómetros y salvar a  cinco más que están en un hospital de Phoenix, Arizona. Asimismo quedó, afortunadamente, con vida una niña en una silla dentro de una camioneta.

Todo mundo se pregunta qué pasó, aunque la verdad es, como siempre, que la omisión de las autoridades, la prepotencia de los criminales y la morosidad para hacer justicia se mostraron nuevamente en este caso.

Eso ocurre en todo el país, dijo Julián Le Barón, en una larga entrevista con Carmen Aristegui. Pero señaló que ellos tratarán de encontrar a los culpables, usando todas las vías posibles, ya que el gobierno es incapaz de darle seguridad a los mexicanos. Afirmó Julián: “La libertad la da Dios y no el gobierno y tenemos que defenderla”.

La comunidad de esos mormones, que tiene entre sus actividades principales la siembra y cosecha de nueces, utiliza algunos manantiales muy preciados por diferentes negociantes y grupos armados. También son vistos como hombres de poder económico, aunque su estilo de vida sea para  el trabajo y la creación.

Las autoridades estatales (de Chihuahua y Sonora)  y federales, como es frecuente, llegaron a la escena del crimen tarde, mal y realizaron un trabajo poco eficaz.

En Estados Unidos tiene amplios contactos la familia LeBarón, y de inmediato el republicano Mitt Romney, los apoyó. Lo hizo incluso el vicepresidente,  Mike Pence. Y hasta Donald Trump señaló que su  ejército, como le gusta denominar a los soldados estadounidenses, estarían dispuesto a venir para enfrentar una guerra contra los hombres armados del narco.

Andrés Manuel López Obrador mando condolencias a los familiares, recibió junto con Marcelo Ebrard a uno de los parientes y dijo que se haría justicia en este caso y no era necesario el apoyo externo, aunque todos sabemos que la DEA, la CIA y otras agencias yanquis están acá y hacen de las suyas. Pero es necesario poner un freno a dichos  organismos que han mostrado aquí, en Colombia y otros lugares donde se inmiscuyen que no solucionan los conflictos, más bien los agravan.

Acerca de qué pensaba de  gobernadores, diputados  y hasta el ejecutivo que decían apoyar a los LeBarón, Julián dijo ante Carmen: “Me canso de tonterías y mentiras de los políticos y lo que importa es la verdad y la justicia y no discursos”.

Algo que sintetiza en lo que coincidimos   millones.

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