No saben lo que viene

A pesar que las autoridades nos hablan reiteradamente que ya se aplanó la curva de contagios por el Covid-19, y que ya se superó lo peor de la crisis económica, evidencia que no saben lo que viene. El problema es que la pandemia sigue creciendo, así como en número de muertos y prosigue la severa contracción económica, el cierre de empresas, el alto número de desempleados, como de pobres, que impide que la gente guarde cuarentena para protegerse del virus, por lo que crece el contagio.

El gobierno promueve el discurso que “se empezó a promover la recuperación económica mediante al apoyo a los más pobres y a las pequeñas empresas y negocios familiares para fomentar el consumo popular” y que ese apoyo llegará a 70 por ciento de las familias del país”. Ello resulta insuficiente para reactivar la economía. Lo que se reparte son migajas en relación a lo que se ha dejado de invertir y gastar en otros rubros y el efecto neto no rebaza un déficit fiscal de 1.5% del PIB, cuando las exportaciones, las remesas, el turismo internacional, la entrada de capitales, así como el consumo e inversión del sector privado han caído en una magnitud mucho mayor a esos apoyos sociales. Por consecuencia, continúa la caída de demanda, de la inversión y de la actividad económica, manifiesta en altas tasas de desempleo.

El gobierno ha señalado que “la pérdida de empleos prácticamente se detuvo”, pero los datos que menciona se refieren al empleo formal registrado en el IMSS, pero hay que recordar que el empleo ubicado en la economía informal junto al desempleo y subempleo estaba en 70% de la población económicamente activa antes de la pandemia, porcentaje que se ha visto incrementado ahora con la crisis, y hacia los cuales no hay política económica alguna para ofrecer empleos y/o ingresos para ellos.


Para el gobierno lo importante es desterrar la corrupción que imperaba en los gobiernos neoliberales. El problema es que la crisis se profundiza a pesar del combate a la corrupción, evidenciando que la causa de la crisis, no es tanto la corrupción, sino sobre todo las políticas neoliberales que aún prosiguen, tales como la austeridad fiscal, la autonomía del banco central (que le quitó el control de la moneda al gobierno y su capacidad de gasto e inversión), las altas tasas de interés, los tratados de libre comercio, el libre movimiento de capitales que promueve la salida de capitales que esta aconteciendo y que impiden tener política monetaria y fiscal a favor del crecimiento económico y del empleo.

El gobierno repite el mismo discurso que los gobiernos neoliberales que le antecedieron, diciendo que el Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá “ayudará a impulsar las actividades productivas, a crear nuevos empleos y atraerá más inversión extranjera para la industria de exportación”. Tantos años escuchado dicho discurso y sin embargo, ello no ha impulsado el desarrollo productivo, ni el empleo, ni los salarios, ni el crecimiento económico. El actual gobierno dice que se fortalecerán las cadenas productivas y que “la economía mexicana se consolidará aprovechando los reacomodos que se llevan a cabo en el comercio mundial”. No se dan cuenta que Estados Unidos y la gran mayoría de los países están en recesión y hay una fuerte caída del comercio mundial, y que muchos países van a impulsar su producción interna para asegurar el abasto interno de insumos estratégicos y reducir su dependencia de importaciones para protegerse de otras eventuales pandemias y cuarentenas, por lo que se replantearán las cadenas productivas y no hay perspectivas de crecimiento de exportaciones. Además, en toda crisis se establecen políticas proteccionistas para proteger la planta productiva y el empleo frente a importaciones, y más ahora ante el fuerte desempleo que se enfrenta a nivel mundial. De ahí que el gobierno mexicano no debe seguir apostando al crecimiento de exportaciones, sino tiene que volcarse en torno a dinamizar el mercado interno, para lo cual debe expandir el gasto público, el empleo y mejorar la distribución del ingreso, aunado a políticas de menores tasas de interés y políticas proteccionistas a favor de la producción y el empleo.

Cabe por último criticar al exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, que en una entrevista publicada el 2 de julio en el periódico El País, dijo que “el problema principal” del gobierno, es que no tiene dinero, que la recaudación es demasiado poco dinero (del orden del 14% del PIB), para la magnitud de los problemas que se tienen. Al respecto cabe decir que un gobierno recauda lo que gasta. Si el gobierno recauda poco, es porque gasta poco, para cumplir con la austeridad fiscal. Un gobierno soberano que tiene el control de la moneda y trabaja con tipo de cambio flexible, no tiene restricciones financieras. No necesita incrementar impuestos y emitir deuda para gastar. Gasta en todo aquello que se vende en su moneda. El limite del gasto público está en función de los recursos reales con que cuenta la economía. Actualmente, la economía tiene altos niveles de capacidad ociosa, debido a la caída de la demanda interna y externa, por lo que el gobierno puede incrementar el gasto y dirigirlo hacia esos sectores, los cuales incrementarían la producción y el empleo, por lo que ese mayor gasto público no ocasionaría presiones inflacionarias y sobre importaciones.

Se requiere que la política monetaria acompañe el incremento del gasto público, y que el banco central baje la tasa de interés a niveles cercanos a cero. Lo importante ahora, es frenar la pandemia, así como asegurar niveles de ingreso en empresas e individuos que les permita pagar sus deudas y cubrir sus necesidades de consumo e inversión para superar la crisis y no seguir con las políticas neoliberales causantes de nuestros problemas.