Domingo, abril 18, 2021

No hay razón para el desencanto

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Lo que últimamente ha estado ocurriendo en el país con las iniciativas del gobierno de la Cuarta Transformación, como en el caso de la industria energética en el país, la minería o el papel del Banco de México en el proceso de desarrollo del país, y muchos otros aspectos de singular trascendencia, hace evidente lo que se ha pretendido ocultar: el neoliberalismo, no es solamente un proyecto económico, es, en todo caso, una propuesta de sociedad basada en una estructura jurídica sostenida ideológicamente por “intelectuales” que reivindican como modo óptimo de producción el capitalismo, el libre mercado, la competencia, el individualismo, la meritocracia, una historia nacional distinta y una organización jerárquica de dominio de una élite sobre el conjunto de la sociedad, con un gobierno que garantiza la desigualdad y se pone al servicio de los intereses del capital, todo esto y más, visto en un entorno de capitalismo global, cuyos epígonos proclaman la desaparición del Estado-nación, sustituido por un mercado que no reconoce fronteras, que es único, en el que los intereses nacionales se difuminan y se privilegian los intereses del capital transnacional de manera que el gobierno nacional pierde fuerza y poder de regulación económica y se crean los llamados “organismos autónomos” que constituyen una especie de gobierno paralelo que llega a tener un poder mayor que el gobierno nacional elegido democráticamente. En este complejo panorama, el gobierno de la Cuarta Transformación ha intentado rescatar el sector energético que la reforma de Peña Nieto entregó al capital monopolista, que, según, el neoliberalismo no puede tener obstáculo alguno para expandirse. Según esto, hablar de capital extranjero es discriminatorio y atentatorio contra el mercado y la libre competencia, que, los intelectuales neoliberales, concluyen, son eternos e inamovibles.

El intento de rescatar la industria energética por parte de Ejecutivo, se ha topado con una estructura jurídica que, a golpes de amparo, defiende la situación que le favorece al capital privado a costa de afectar al interés público. Este entramado jurídico, político e ideológico, naturalizado por casi cuatro décadas de gobiernos neoliberales protege y contribuye a reproducir el modo de producción basado en la propiedad privada sobre los medios de producción, el mercado autorregulado, el trabajo explotado y el régimen político autoritario, acompañado de una ideología individualista.

Comprendida de esta manera la fase neoliberal del desarrollo del capitalismo, ya podrán entenderse las dificultades de todos tamaños y dimensiones que implica la liquidación del neoliberalismo, propósito explícito en las tres campañas electorales del hoy Presidente de la República: Andrés Manuel López Obrador.  Pero, por supuesto, el cambio no puede sobrevenir si la tarea se deja sólo al Ejecutivo, sino que sólo podrá sobrevenir de las múltiples voces que reconocen la necesidad de superar el régimen neoliberal y su secuela de corrupción, pobreza y desigualdad que tanto ha dañado a la sociedad mexicana, y a la de todo el mundo.

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Pese a las dificultades y el férreo entramado mediante el cual los gobiernos, empresarios e ideólogos neoliberales “enjaularon a México”, el cambio se ha iniciado con alguna rapidez, como el cambio en la política social o el combate frontal contra la corrupción, aunque también con dificultades emanadas de ese entramado como es el caso reciente de la ley de la Industria Eléctrica y, antes, la desaparición de los “organismos autónomos”. Sin embargo, y a pesar de la innoble y furiosa campaña mediática enderezada contra el gobierno y el presidente, el apoyo popular no ha menguado. En cambio, algunos que interesados en lograr el cambio de régimen votaron y apoyaron el triunfo de Morena y del Presidente, parecen haber desistido pues o querían más velocidad o no comparten el rumbo que se sigue. Lo curioso, por llamarlo de alguna manera, es que en ocasiones asumen una actitud contemplativa y no enfrenta políticamente a la derecha, lo que parece hacer solamente AMLO con mucho éxito. El caso es que hoy existen más personas que dicen lo que se debe hacer y pocas que trabajan para el cambio. Para quienes no saben rendirse, no existe el desencanto, incluso, ni siquiera hay una razón convincente para caer en el desánimo y dejar de apoyar el cambio; asimismo, las organizaciones políticas con agenda propia, deben trabajar de manera permanente por el cambio de régimen, caminando hasta donde sea posible impulsando la Cuarta Transformación y la construcción de un régimen posneoliberal.

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