Néstor Camarillo sufre el vacío de las corrientes internas del PRI

Para nadie es un secreto que Néstor Camarillo Mediana e Isabel Merlo Talavera llegaron a la dirigencia estatal del PRI de la mano de Javier Cacique Zárate, actual secretario de Acción Electoral del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del tricolor. Por esa razón, en el mes que ambos llevan en sus cargos se han visto incapaces de construir el más mínimo acuerdo de unidad entre las diferentes facciones del partido. El único acercamiento relevante que han conseguido es con Enrique Doger Guerrero, quien es parte del mismo grupo que los llevó a sus actuales posiciones políticas.

Néstor Camarillo empezó a construir su proyecto de arribar a la presidencia estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde agosto del año pasado, pero al final resultó un esfuerzo con insignificantes resultados, pues ahora que ya está el cargo de presidente provisional del tricolor enfrenta el vacío de la mayoría de las 10 facciones que dominan la vida interna de esta fuerza política.

Ni cuando fue nombrado ni en las últimas cuatro semanas, la dupla de Camarillo y Merlo no han conseguido una sola reunión en la que estén presentes los principales líderes del partido. Con las cabezas de grupo que todavía influyen en la militancia.


Ese comportamiento es consecuencia del enojo generalizado que hay en ese instituto político de que el CEN –encabezado por Alejandro Moreno Cárdenas– no abrió un proceso de renovación de la dirigencia local y con el pretexto de la pandemia del Covid–19, impuso a los exediles de Quecholac y Huaquechula.

A lo largo del último mes, el desempeño de Camarillo se ha reducido a algunas trasmisiones por redes sociales, con nulo impacto en la opinión pública, y a reunirse con miembros de la burocracia del partido. Fuera de eso, el PRI no sale del marasmo en que se encuentra luego de las dos derrotas estrepitosas en los procesos electorales de 2018 y 2019, en que perdió dos terceras partes de sus votantes.

Los actuales directivos del PRI fueron impuestos por la influencia que Javier Cacique Zárate ejerció con Alejandro Moreno Cárdenas y por el acuerdo que habría llegado a tener con el exdiputado federal Jorge Estefan Chidiac y la exedil capitalina Blanca Alcalá Ruiz, quienes forman un solo bloque dentro del PRI.

Javier Cacique Zárate tiene una posición en el CEN priista por su cercanía con el exgobernador de Oaxaca, José Murat Casab, quien tiene mucha influencia con Alejandro Moreno.

Y Cacique en Puebla sigue siendo parte de la ya muy disminuida facción de Enrique Doger Guerrero, quien en 2018 fue candidato del PRI a la gubernatura de Puebla y al final se convirtió en un aspirante controlado por el morenovallismo.

Por eso llama la atención que ayer el PRI poblano difundió en sus redes sociales: “Este día nuestra dirigencia se reunió con el Dr. Enrique Doger. Coincidieron en que la unidad es la columna vertebral para los trabajos rumbo a 2021. Su experiencia nos fortalece! (sic).

Habrá que preguntarse: ¿De qué unidad hablan en el PRI?, cuando ningún grupo líder importante en el PRI se ha querido acercar a Néstor Camarillo. Con el único que se ha reunido, es decir Enrique Doger, quien es parte del grupo que lo impuso en la dirigencia y que se destaca por estar confrontado y distanciado con el resto de las corrientes internas del tricolor.

No cabe duda que el PRI poblano todavía no toca fondo.