Sábado, agosto 13, 2022
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Néstor Camarillo hace agonizar al PRI

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Una corriente creciente entre militantes y liderazgos del PAN en Puebla es considerar que se debe llegar al fin de las alianzas electorales con el PRI, por ser una fuerza política que, en lugar de abonar al potencial de votos de la oposición, es un lastre que aleja a muchos ciudadanos de la opción de Va por México. Frente a esa situación, el presidente del Partido Revolucionario Institucional en la entidad, Néstor Camarillo Medina, lejos de buscar mejorar el escenario de la coalición con el blanquiazul, de manera torpe, acabó complicando más la relación con las bases panistas.

El problema más profundo del PRI es que es el partido que lleva tatuado en su frente la palabra corrupción y es una identidad, que no se borra sin dejar una fuerte cicatriz.

Desde hace un par de décadas el tricolor carga con esa estigmatización –ganada a pulso—y que se agudizó con los excesos ocurridos en el gobierno del ex presidente Enrique Peña Nieto, así como de una larga lista de ex gobernadores y entre ellos, el llamado “góber precioso”, es decir el poblano Mario Marín Torres, que se encuentra recluido y abandonado en un penal de Quintana Roo.

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A lo anterior se debe ahora sumar el enorme desprestigio que causa Javier López Zavala, el priista más votado en toda la historia del PRI poblano, que se encuentra en prisión por ser un presunto feminicida de la madre de uno de sus hijos.

Y sin duda la figura estelar en esta ola de negativos del PRI es Alejandro Moreno Cárdenas, mejor conocido como “Alito”, por los escándalos que se provocó con la difusión –desde Campeche– de unos audios en donde se le escucha al presidente nacional del tricolor presuntamente estar extorsionando a empresarios.

Sin contar que un priista poblano ya salió involucrado en esa trama de corrupción. Se trata de Javier Casique Zárate, el expresidente estatal del PRI, a quien se le menciona en el último audioescándalo de “Alito” por presuntamente participar en un negocio ilegal de venta de fármacos a gobiernos estatales.

El antipriismo en Puebla se encuentra, de acuerdo con datos del último proceso electoral, por el orden del 40 por ciento. Un índice imposible de revertir. Es decir, 4 de cada 10 ciudadanos –entre ellos muchos militantes o simpatizantes del PAN— jamás votarían por el Partido Revolucionario Institucional, al que se le ve como el generador de “un país de corruptos”.

Frente a esa complicada condición, el presidente estatal del PRI, Néstor Camarillo, que sin ningún empacho ha definido en varias ocasiones que, hoy más que nunca, la supervivencia del tricolor poblano depende de su alianza con el PAN, en lugar de buscar revertir los negativos que espantan a los panistas, de manera muy justificada, literalmente se la pasa “echándole gasolina al fuego”.

Hace unos días, la expresidente nacional del PRI y exgobernadora de Yucatán Dulce María Sauri Riancho, que es una de las pocas voces críticas en el tricolor, advertía que la única forma que tiene el Partido Revolucionario Institucional de revertir el amplio rechazo que sufre entre la población, es que el tricolor pida perdón por la muy larga lista de errores que han provocado sufrimiento a los mexicanos.

No está equivocada la exmandataria yucateca. Así como el Estado mexicano ha pedido perdón a las comunidades indígenas por los despojos y discriminación que han padecido, así como a la periodista Lydia Cacho Ribeiro por la tortura que sufrió de las instituciones públicas, el PRI tendría que entender y asumir que provoca muchos agravios en el grueso de la población del país y por esa razón necesita, gestionar un indulto.

Sin embargo, quien no entiende ni una pizca de ese sentido crítico es Néstor Camarillo, para quien el tema de la corrupción solo se presta a gracejadas y frivolidades.

Es entendible: el presidente del partido tricolor no tiene siquiera aprobadas sus cuentas públicas de cuando fue edil de Quecholac.

Y tiene el antecedente de que cuando fue alcalde en esa demarcación el robo de combustible, el huachicol, creció como leche hirviendo.

Dos dislates muestran que Camarillo no entiende cuál es la ruta para mejorar la relación del PRI con los panistas “de a pie”.

Primer yerro: sobre el escándalo en el que aparecen como protagonistas Javier Casique Zárate y “Alito”, tendría que haberse pronunciado, por lo menos, que se investigara los dichos en esa grabación. En lugar de ello, redujo todo a la frase: “estaban jugando”, para después reírse él mismo, como si fuera algo chusco, cuando los protagonistas que se escuchan en el audio hablan con mucha seriedad y decisión. “Lo importante es hacer una lana”, dice uno de ellos.

Y el segundo error, que es un tropiezo monumental, es que Néstor Camarillo, en la última sesión del Consejo Político del PRI les reclamó a panistas y perredistas no salir a defender a “Alito”. Al exclamar:

“Cuando más necesitaron al PRI en el Congreso de la Unión allí estuvieron nuestros diputados federales y nuestro presidente, dando la cara, apostaban que el PRI iba a sumarse con Morena para aprobar una reforma eléctrica que le perjudicaba a nuestro país (…) pero hoy a muchos aliados no los veo defendiendo a nuestro partido”, señaló.

La respuesta a ese reclamo es muy sencilla: en el PAN y el PRD entienden perfectamente que defender a “Alito” les va a significar perder votos a una velocidad mayor a la que maneja el piloto Checo Pérez.

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