La figura y trascendencia de Manuel Velázquez Méndez (Puebla, 30 de septiembre de 1886 – 16 de noviembre de 1948) corren el riesgo de desvanecerse, advierte Raúl Velázquez, quien lucha por rescatar la impronta de su abuelo: el joven que a sus 24 años de edad, aquel día del 18 de noviembre de 1910, participó en el asedio a la casa número 4 de la calle de La Portería de Santa Clara que marcaría el inicio de la Revolución Mexicana, una lucha encabezada no sólo por los hermanos Serdán, Aquiles, Máximo, Carmen y Natalia, sino por un grupo de 17 personas que, como su abuelo, han quedado fuera de la historia y el reconocimiento oficial.
Aquel día, cuenta durante una entrevista, su abuelo dirigió a otros participantes de la revuelta y en el momento en que entró el entonces jefe de la policía Miguel Cabrera y fue recibido con disparos, el joven Manuel Velázquez salió de la casa y sobrevivió a la cruenta redada en la que incluso había dos menores de edad.
“Fue un señor muy valiente. Amigo de Máximo Serdán, a quien conoció en la Ciudad de México, con quien compartió muchos ideales para luego conocer a Carmen Serdán, de quien también se haría amigo y fraguarían juntos las llamadas juntas revolucionarias, convocadas por Francisco I. Madero, asesinado en 1913.
“Fue además sobrino de Ignacio Comonfort, un político y militar mexicano oriundo de Amozoc que fue presidente de México, de 1855 a 1857, en calidad de interino, que dejó una vena liberal y revolucionaria en él”, dice Raúl Velázquez de manera orgullosa, al continuar la lucha que su tía Aminta Velázquez comenzaría hace años para reposicionar la historia de su padre Manuel.
Aquella pugna, que también se ha vuelto revolucionaria, consiste en pedir que el nombre y figura de Manuel Velázquez sea reconocido como parte importante del inicio de la Revolución Mexicana en México. No se trata, refiere Raúl Velázquez, de demeritar el papel de los hermanos Serdán, sino de poner en justa medida la participación de su abuelo y de las otros 17 poblanos presentes en el momento del asalto de aquel 18 de noviembre.
“El gobierno nunca nos ha hecho caso que no sólo fueron los Serdán, pues si bien hay que reconocer definitivamente el liderazgo de personajes como Aquiles, que no era moderado, sino que creía en la vía de las armas, o Carmen, Máximo o Natalia, están los otros combatientes y ellos en ningún acto del gobierno han sido reconocidos”, apunta.
Recalca que cuesta reconocer el heroísmo de las otras personas que participaron en el movimiento, no obstante, ellos sabían que al entrar en armas “sabían que se iban a morir, pues nadie les aseguraba lo contrario”. Eso no se contempla, insiste, pese a que dicha actitud habla de ofrendar la vida por una causa.
“Eso no se les reconoce a las personas que en algunos casos se sabe sólo su nombre”, dice y cita, echando mano del texto Amigos de los Serdán, fantasmas de la historia que publicó el periodista Mario Galeana el 18 de noviembre de 2023 en el diario Crónica Puebla:
Rosendo Contreras, Andrés Cruz, Manuel Paz y Puente, José Clotilde Torres, Francisco Yépez, Miguel Patiño, Fausto Nieto, Jesús Cano, Carlos Corona, Luis Teyssier, Francisco Sánchez, Epigmenio Martínez, Martín Pérez, Andrés Robles, Manuel Méndez, Vicente Reyes y por supuesto Manuel Velázquez Méndez, así como la esposa de Aquiles Serdán, Filomena del Valle y la progenitora de los hermanos Serdán, Carmen Alatriste.
“De ellos no hay fotos ni nada”, refiere Raúl Velázquez, al recordar que su abuelo tenía archivos importantes que están en manos del gobierno, mismos que fueron otorgados en comodato en 2010 por su tía Aminta Velázquez Salgado al Museo regional de la Revolución Mexicana Casa de los hermanos Serdán.
Otros materiales, continúa, están en proceso de revisión e inventario, constituyendo un material “que ni los propios Serdán tienen”, pues su abuelo, tras aquella afrenta, fue regidor y siguió siendo cercano a Carmen Serdán. Con ella, añade, Manuel Velázquez escribió una serie de “relaciones, de relatos”, mismos que todavía están pendientes de ser estudiados y analizados de manera detallada.
Incluso, nota que nombres de otros personajes claves de la época surgen al revisar estos materiales. Es el caso de Ana María Salgado Uriarte, quien fuera nieta del fundador de la primera fábrica de talavera en Puebla y esposa de Manuel Velázquez, quien tampoco aparece y es reconocida, pero en aquellos relatos se nota cómo “cargaba municipios, parque y contrabando” para la causa revolucionaria.
Otras fotografías y documentos, continúa, dan cuenta de cómo su abuelo era un participante activo del movimiento. Por tanto, dice que la búsqueda del reconocimiento de Manuel Velázquez y de los demás héroes del inicio de la revolución aún desconocidos, es una lucha que ha pasado por varias administraciones estatales hasta llegar a la de hoy, donde la petición sigue siendo la misma: el reconocer su participación en el inicio de la revolución.
De paso, Raúl Velázquez anota que está pendiente de la renovación del contrato de comodato sobre los varios archivos que forman parte del discurso curatorial del Museo regional de la Revolución Mexicana, renovado hace unos 10 años, en el que incluso nota que éste solamente privilegia, con justa razón, a la familia Serdán, no obstante, deja a un lado el papel de personajes como el propio Manuel Velázquez.
Por tanto, dice que la petición sigue siendo que “en los discursos oficiales aparezcan no sólo los hermanos Serdán sino el grupo que los acompañó, quienes eran convencidos idealistas revolucionarios”. Hay que reconocer, “el enorme valor y la lucha que aquellos hombres y mujeres tuvieron por sus ideales, mismo que hoy en día es difícil que alguien actúe en el mismo tenor por lo que cree.
“Se dieron cuenta que la dictadura no iba a cambiar, que lo dicho por Porfirio Díaz en la prensa era pura palabrería, y que el cambio no iba a ser por la vía democrática y era necesario tomar las armas”, señala. Destaca que, si bien en distintas partes del país había maderistas, este grupo de personas decidieron que aquí, en Puebla, se atendería el llamado pese a que estaban monitoreados, por lo que decidieron iniciar el movimiento, salvándose muy pocos de ellos.
“Mi abuelo siguió participando, escabulléndose, huyendo, pues estaba detectado (…) se fue a la Ciudad de México. Al morir Madero y llegar el carrancismo él se desligó. Fue regidor en Puebla, siendo su último cargo político para luego dedicarse a las gestiones para hacer le mausoleo en el Panteón Municipal, que ya nadie visita pero que nosotros limpiamos, pues ni el gobierno municipal ni estatal, se acuerda de ellos”.
“Quiero que lo conozcan y su nombre no se pierda en el limbo de la historia, pues él quería mucho a los Serdán, tanto que antes de fallecer el 16 de noviembre de 1948 pidió ser enterrado junto a ellos”, algo que logró al descansar al lado de Carmen Serdán, fallecida el 21 de agosto del mismo año.

“Quiero estar junto a mis compañeros de batalla, para eso hice el mausoleo: para que quienes nos jugamos la vida estemos juntos en la posteridad”, deseó Manuel Velázquez, algo que se fracturó en abril de 2017, cuando los restos de Carmen, Máximo y Aquiles Serdán fueron sacados del mausoleo y llevados a la Ciudad de México, por petición de los descendientes de la familia Serdán, para que fueran parte de un proceso de consolidación y restauración, mismo que a su término los trajo de vuelta a Puebla para ser depositados en el museo regional.
Raúl Velázquez insiste que la petición no consiste en quitar, desplazar o desconocer el reconocimiento a los hermanos Serdán, pues es algo justo, sino en reconocer que otros hombres y mujeres, incluido su abuelo Manuel Velázquez, fueron la base de la lucha iniciada en Puebla.
“Esa valentía enorme me hace sentir orgulloso de mi abuelo, no queremos monumentos o mausoleos, sino que en las conmemoraciones se acuerden de ellos, que cada 18 de noviembre sean mencionadas, más allá de su nombre en el muro. Nos preocupa mucho que los gobiernos, del color que sea, lo mismo PRI, PAN y ahora Morena, no lo hagan”, concluye.


