En recientes fechas, el INAH compartió una noticia por demás interesante: “La Roca de la Fundación, el primer monumento en localizarse asociado a un cuerpo de agua en Cobá y de los más extensos descubiertos en esta zona arqueológica de Quintana Roo, continúa revelando los secretos de su inscripción. El apunte más reciente de su lectura jeroglífica señala la identificación de una de sus gobernantes, Ix Ch’ak Ch’een, quien dirigió la ciudad ‘agua picada’, en el siglo VI d.C. (…) Aunque la roca, ubicada al borde de la aguada del Grupo Nohoch Mul, contiene algunos pasajes erosionados y concreciones adheridas, las tareas de conservación, coordinadas por la restauradora Eunice Corazón Peralta, han permitido a los epigrafistas David Stuart, de la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y Octavio Esparza Olguín, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), avanzar en su interpretación”. Para mucha gente, quizá esta nota no signifique gran cosa; pero su significado me parece crucial en diversos niveles, tanto académicos, como sociales, debido en buena parte a los claros retrocesos que vivimos en la actualidad en materia de conservadurismo y cerrazón. Abordaré este punto más adelante.
No es la primera ocasión que leo que existieron mujeres gobernantes en el ámbito maya precolonial. De hecho, se ha descubierto evidencia de varias otras que han estado relacionadas con las elites gobernantes y de algunas que gobernaron directamente. En el dossier dedicado a “Las mujeres mayas en el Clásico” en el número 192 de la revista Arqueología Mexicana, correspondiente a mayo de 2025, Dimitri Beliaev nos dice que en “el Entierro 166 en la Acrópolis Norte, la primera cámara funeraria de bóveda en Tikal contenía los restos de una mujer adulta y una acompañante posiblemente sacrificada. Su ajuar funerario incluía vasijas, artefactos de jade, conchas y espinas de mantarraya. Las paredes de la cámara fueron estuca-das y pintadas de rojo con figuras humanas y sobrenaturales en color negro. Por la posición cronológica del entierro (25 d.C.) esta mujer pudo ser la abuela de Yax Ehb Xook. Desgraciadamente su nombre no se preservó. (…) Tres siglos después, otra mujer ocupó el trono de Yax Ehb Xook. En la Estela 31 se registró la terminación del décimo cuarto katún y la dedicación de una estela por Ix Unen Bahlam (“Señora Bebé Jaguar”) en el año 317 d.C. Un fragmento cerámico menciona su nacimiento y entronización como ’Ix Mut[u’l] ’ajaw (“reina de Tikal”)”. Por su parte, Gabriela Rivera en una entrada del proyecto Noticonquista de la UNAM, nos informa que en “algunos casos extraordinarios, la mujer podía llegar a convertirse en una gobernante con gran poder político y bélico, como Kab’el de La Corona; o incluso tener más poder que su esposo, como la extraordinaria K’awiil Ajaw de Cobá. En otros casos, las hijas de los gobernantes eran enviadas a otras entidades políticas, incluso viajando cientos de kilómetros de su tierra natal. Respaldadas por su alta cuna, llegaban a establecer una descendencia matrilineal preestablecida, que dotaba a dicha mujer de una trascendencia local de gran importancia. El mejor ejemplo de este último caso es La señora Wak Chan Lem, a quien su afamado padre B’ahlaj Chan K’awiil envió desde Dos Pilas hasta Naranjo –136 kilómetros de la frontera guatemalteca con Chiapas, hasta la frontera con Belice–, con el fin de establecer allí un linaje afín a sus intereses políticos en oposición a otra entidad enemiga que controlaba la región. Esto se logró al imponer como gobernante de Naranjo a su hijo, de tan sólo 5 años, quien explícitamente se menciona en la estela 1 del sitio como ‘vasallo’ del gobernante de Calakmul, el aliado más fuerte de Dos Pilas”. También Beliaev asevera que en “511 d.C., el partido de la princesa triunfó e Ix Yok’in asumió el poder. Su nombre aparece en varias estelas (6, 12 y 23, estela de Tres Cabezas), pero al mismo tiempo mencionan a Kalomte Bahlam, “el décimo noveno here-dero” de Yax Ehb Xook, al parecer, el regen-te o consorte de la joven reina. En 527 d.C., Ix Yok’in tomó el título supremo’ (‘la emperatriz’) que fue introducido en el área maya por los teotihuacanos en el siglo IV y que antes de 527 nunca fue asociado a una persona maya”. A su vez, hay referencia de mujeres gobernantes en el Zapote, lugar cercano a Tikal, lo mismo que en Xultún, donde también aparece otra gobernante; es famosa la Sra. K’ab’al Xook de Yaxchilán o la señora Sak K’uk’ de Palenque (madre de Pakal el grande a quien ella misma otorga después el poder). Y, según vemos en el capítulo “El Poder Sagrado y sus Repositorios Terrenales” de la serie Nuestras Cosmovisiones de la UNAM, este fenómeno también se extendería a los dominios zapotecos y del Altiplano Central en México. Como se ve, es algo más común de lo que pensamos y, aunque habría que tomar las cosas con calma para no exagerar, lo cierto es que el hallazgo, que se suma a estos otros que comento, me permite realizar algunas reflexiones.
El saber que existieron mujeres gobernantes en la época precolonial en la zona maya, como también en otros espacios, nos permite comprender que las relaciones de poder y de género, eran muy distintas a las que existieron en Europa. ¿Debemos seguir observando y explicando los fenómenos políticos precoloniales con claves europeas? Considero que, derivado de estos hallazgos, debemos caminar hacia descripciones distintas y explicaciones más profundas sobre la vida en general de estas sociedades, así como en la concepción de otras categorías para lo político, lo social, lo económico y un largo etcétera. Es decir, debemos avanzar hacia la comprensión de estas sociedades no como consecuencia de fenómenos de poder universales, sino locales y regionales. Recordemos que el continente americano no sostuvo intercambios con otros continentes como sí se dieron entre África, Asia, Europa y, por tanto, en América se desarrollaron estructuras propias de organización social y política, en ocasiones similares a lo que ocurría en esos continentes; en otras muy diferentes. Como nos dice Beliaev, “no existió un patrón unificado para un gobierno femenino. Aunque se ha considerado que una mujer ocupaba el trono sólo cuando no había un heredero masculino, el caso de Ix Yok’in de Tikal señala que esto no fue así. Parece que la lucha entre fracciones políticas era más importante. Las mujeres podían gobernar en los centros locales, como Ix Ahkul K’ihnich de El Zapote. Títulos como el glifo emblema o kalomte podían ser escritos con el prefijo femenino ’ix- o sin éste. En Tikal, las mujeres no fueron incluidas en la cuenta dinástica, pero en Xultun la situación fue distinta. Esta gran variedad es prueba de la flexibilidad de los modelos políticos del periodo Clásico”. En efecto, flexibilidad que también debiera extenderse a nuestras investigaciones. No debe entenderse esto como falta de rigor, si no como la existencia de más imaginación dentro de la investigación.
Por otro lado, es necesario descolonizar nuestro pensamiento y la forma en que nos acercamos al conocimiento. Hace poco dialogaba con un agudo estudiante sobre los enfoques arqueológicos e históricos, trágicamente producidos desde Europa y cómo esto impactaba en la conceptualización y descripción de las sociedades precoloniales. Le hablé de los enfoques decoloniales de los que el libro “Arqueología y decolonialidad” de Cristobal Gnecco, Alejandro Favio Haber y NickShepherd (2015) es ya una referencia obligada. Pero me puse a pensar que ¿qué podría ser más decolonial que imaginar que hubiera gobernantes mujeres en la zona maya? Todavía hoy sigue despertando molestias en sectores ultraconservadores en México la existencia de una Presidenta (a quien llaman “presirvienta”, con claros tintes misóginos, racistas y clasistas); algo similar ocurre en otros países en el mundo que son gobernados por mujeres. La sola perspectiva del gobierno de personas, sin distingos de género, al menos como lo comprendemos en nuestras sociedades actuales, me parece lo mismo intrigante que sugerente. Es posible que a varios sectores de mayistas entre los que se encuentran algunas mujeres, por cierto, no gusten mis aseveraciones. Juzgan que sería necesaria más evidencia para celebrar y para acuñar nuevas categorías y modelos. Les concedo cierta razón; empero, es necesario ya abrir nuevas perspectivas. Como dice Wilhelm Londoño-Díaz de la Universidad del Magdalena en Colombia en su artículo “La arqueología latinoamericana en la ruta de la decolonialidad” (2020) publicado en el Boletín Antropológico de la Universidad de los Andes, lo “que debemos reconocer, no es precisamente el marco de sujeción que supone el neocolonialismo, que es tan evidente y visible, sino las respuestas que se dan a esa sujeción, que son variadas e impredecibles. En América Latina, la crítica a la hegemonía se viene dando desde diversos frentes, y considero que es desde esos intersticios donde se debe construir una ALD [Arqueología Latinoamericana Decolonial], pues el sustrato común crítico sí está desperdigado por toda la región, es convocante, y vinculante, y puede permitir una asociación a escala continental”. En efecto, debemos encontrar esos espacios intersticiales que nos permitan establecer las excepciones para después construir nuevas perspectivas. Aquí podrían ser esas mujeres gobernantes, excepción indudable a la regla de los señores, reyes, emperadores y cuanto cargo se estile, lo que nos llevaría a contemplar la presencia de otros/otras en el vasto espectro de civilizaciones en este inmenso orbe.


