La contundencia de los triunfos electorales obtenidos por Morena y los partidos con los que comparte el proyecto de nación, agrupados en la coalición “Juntos haremos historia,” fue un mandato claro y un objetivo preciso: el mandato, lograr un cambio verdadero y no cambiar algunas cosas para que todo siga igual; el objetivo, separar el poder económico del poder político.
A pesar de los obstáculos internos, particularmente los medios masivos y un grupo de empresarios que anhelan volver al pasado; y los externos, como la devastadora “guerra de aranceles”, emprendida por Trump, la Cuarta Transformación tiene un significado trascendente: o “o cambia todo o no cambia nada.” El sentido de este aforismo es erradicar el neoliberalismo de la vida nacional, sabiendo que la lucha contra esa fase del capitalismo no es solamente económica, sino también política, cultural, social, ideológica, es decir, transcurre en todos los ámbitos de la vida social y, por lo tanto, es total y nos involucra a todos.
Puedes leer: Vigencia de la Cuarta Transformación en México
Estamos frente a la crisis civilizatoria del proyecto neoliberal, lo cual hizo a buena parte de la población decidir por el cambio y siete años después, mantener su apoyo al Proyecto Alternativo de Nación, construido con valores distintos a los del individualismo y reivindica lo colectivo, el Estado empieza a recuperar su carácter social y emprende políticas de bienestar social, alejadas del asistencialismo, el productivismo, la manipulación, el engaño y el clientelismo. Con este proyecto, los valores y políticas neoliberales forman parte ya del museo de lo que no puede volver a suceder, para ser remplazados por los principios de una sociedad activa, crítica, solidaria, democrática, incluyente y participativa, trabajando para un proyecto de largo aliento, donde el mercado deja de ser el que define nuestras necesidades, cómo satisfacerlas y determinar la cuantía de la producción de esos satisfactores, cuidando que esos montos permitan la máxima ganancia a los empresarios . La lucha por esa transformación, en buena hora, hace diferencia entre el sistema político de la Cuarta Transformación con el sistema política neoliberal.
En este sentido, la tarea histórica de actuales generaciones de gobernantes y legisladores de Morena y aliados, es contribuir a cambiar el modelo de desarrollo económico y el sistema político, dominados ambos por la corrupción y la escasa legitimidad que daba un sistema que simulaba una democracia formal, diseñada más para la exportación y menos para alentar la participación ciudadana. Pero no se debe olvidar que el amplio apoyo ciudadano otorgado al Proyecto Alternativo, si bien da legitimidad democrática a los gobiernos de Morena no es un cheque en blanco y el respaldo ciudadano se puede perder si las preocupaciones de la dirección nacional y estatal de Morena, son más cercanas al ejercicio del poder para resolver problemas y diferencias personales, o entre grupos y tribus, así como la burocracia, asumen las decisiones fundamentales, desplazando a la militancia y al pueblo.
Es de esperar que esa no sea la forma de funcionamiento del movimiento–partido. La experiencia de lo ocurrido al PRD debe enseñarnos, por lo menos, lo que no debe pasar.
Te recomendamos: El reto


