Molero: desde el siglo XVI Puebla tiene una arquitectura metida en el imaginario de la ciudad

Para el investigador Antonio Molero, la ciudad de Puebla a través de edificaciones como la Catedral o la Casa del Deán, tiene una “concepción de la arquitectura” que viene del siglo XVI y que “se ha metido en el imaginario” de la urbe y sus habitantes. 

Al participar en la serie Diálogos del Deán que se transmite cada jueves a las 17 horas por el Facebook del Museo Regional de Puebla, el historiador del arte afirmó que si bien al imaginario poblano actual lo conforman diversos aspectos, hay un “contenedor mayor” impulsado por el deán Tomás de la Plaza Goes y el maestro constructor Francisco Becerra, como lo es la Casa del Deán y la Catedral misma. 

Estas dos construcciones, señaló, pueden ser concebidas las “detonantes de esta ciudad”, lo mismo que Tomás de la Plaza y Francisco Becerra pueden ser considerados los “pivotes” de la configuración de la propia Puebla de los Ángeles.  


En la primera sesión, Molero afirmó que la portada de la Casa del Deán fue “un laboratorio” previo a la Catedral, ya que en esta “se pueden ver muchas de las formas, líneas y trazos”. Esta vez, en la segunda entrega, dijo que para un “poblano, las calles, el trazado y el escudo de la ciudad con los ángeles tenantes conforman una imagen ligada a los íconos de Puebla”. 

Acompañado de la historiadora Lidia E. Gómez y el etnomusicólogo Gustavo Mauleón, Antonio Molero invitó a “pensar como alguien novohispano” y a ubicar a la Casa del Deán como una construcción que también perteneció a “ese mundo, como otra imagen”.  

Dicha casa, abundó, estaba situada a una cuadra de la Catedral de Puebla, con una construcción que ocupaba un octavo de lo que era una manzana que tenía 200 por 100 varas, y una construcción de mil 740 metros cuadrados.  “La casa era especial por varias cosas: disponía por tradición de un patio central, unas arquerías en dos pisos al interior, y había solares a su alrededor que eran cercados. La distinguía también un tercer cuerpo en el que aparecía un escudo”, indicó. 

El historiador del arte refirió que, desde su solar, Tomás de la Plaza vio la obra en marcha de la catedral, el tramo de obra que construyó Francisco Becerra, paisano del pueblo de Trujillo que llegó a la Nueva España en 1573 solicitado por Gonzalo de las Casas, encomendero de Oaxaca, también de Trujillo, quien lo reclamó para trabajar en el convento de Yanhuitlán. 

Incluso, continuó, fue el propio deán Tomás de la Plaza, como uno de los personajes más importantes del Cabildo, quien abogó por la construcción de la nueva catedral que estaría a cargo de Francisco Becerra, quien como maestro mayor dejaría trazada la catedral, que “no necesitó variación alguna posterior”.  

“Becerra y el Deán son los dos artífices de este proyecto urbanístico y religioso que se focaliza en dos manzanas: la de la catedral y en donde se construye la casa. Becerra se queda hasta 1580, y aunque no está documentado que la portada sea de él, hay muchas coincidencias entre ambas construcciones, pues la Catedral es un compendio, un tratado de arquitectura y proporciones derivadas de la portada de la casa del Deán, lo mantenemos”, afirmó Molero, quien forma parte de un grupo de investigadores que indaga sobre el peso cultural e histórico de este inmueble adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia, señaló que. 

Detalló que Francisco Becerra propuso una catedral con cuatro torres, con proporciones áureas y un corte humanista, en el que deja ver un patrón: el uso del molicpitl, una medida mesoamericana de un pie y medio, o 42 centímetros actuales. Lo anterior, continuó, coincide con la utilización de sillares españoles de 42 centímetros que se intrincaron con el material venido de las pirámides destruidas, seguramente de la Gran Pirámide de Cholula y otros cuerpos cercanos.  

“El imaginario no solo se queda en Catedral, sino que va más allá. Es una medida que nos es patente en la traza de la ciudad: en el atrio de catedral construido en 1784; en las partes pétreas de la ciudad, en las lajas y partes bajas del zócalo. Se ha interiorizado, se nos ha metido en el imaginario una concepción de arquitectura que viene del siglo XVI”. 

De paso, dijo que él y el grupo que conforman Gustavo Mauleón, Arturo Saavedra y José Luis Escalera subieron al techo de la Casa del Deán para comprobar que los sillares miden 42 centímetros, medida del molicpitl que fue usada posteriormente en la Catedral. Así, “el patrón utilizado en los componentes de la fachada da el múltiplo en las basas de las columnas, en los fustes, en las cornisas”. 

Incluso, Molero dijo que la portada de la Casa del Deán fue interpretada a lo largo de los años: en la casa del Canónigo Vera, ubicada en la 7 Poniente; en la casa de la contra esquina de la 16 de Septiembre; en la vivienda que ocupó una de las sobrinas del deán Tomás de la Plaza; o en la portada de la Alhóndiga de Puebla que tiene su misma concepción.