El MNFM propone una reflexión y una discusión pública sobre la bicicleta y su uso

Darle la vuelta a la bicicleta para verla más allá de su uso recreativo y paseo, para llevarla a tocar terrenos sociales, económicos y culturales. Hacerlo montados en la idea no de comunicar su versatilidad, su potencia y su fuerza como agente de cambio, de movilidad, de cercanía y hasta de actitud política hacia los que ya la usan y la disfrutan, sino volteando el manubrio hacia ese sector social que todavía no está convencido de los beneficios físicos y de economía que tiene este medio de transporte y que se extienden –para algunos– hasta en asuntos intelectuales y del espíritu.

Esa es la propuesta de La vuelta a la bici, la exposición que abrirá el próximo sábado 12 de noviembre en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos (MNFM), luego de su estadía en el centro cultural El Amate de Cuernavaca y en la Ciudad de México, donde se gestó en el Museo Franz Mayer bajo la curaduría de Ana Álvarez.

Con la museografía de Luis Rodríguez y Nils Dallmann, la presente muestra reunirá un conjunto de 32 bicicletas mexicanas y exranjeras, así como un valioso material gráfico, audiovisual e interactivo. Pensada primero como una muestra que reflexionaría en el diseño de este medio de transporte no motorizado que en 2017 cumplirá 200 años de invención, la exposición se tornó, debido a la participación del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo y de Valentina Rojas Loa, en una “plataforma de discusión pública” no para quienes ya la usan, sino más bien para quienes no.


La vuelta a la bici, apunta Ana Álvarez, propone entonces voltear hacia esos nuevos paradigmas que existen sobre la bicicleta y su uso, ya que actualmente es vista como un valioso componente social ligado a la movilidad.

Es brindar una historia –dice la curadora durante una entrevista– de la perspectiva que ha tenido este medio: desde su vocación de paseo y sociabilización, hasta el impacto positivo que ha tenido como medio de movilidad, de autonomía y de empoderamiento como ha sucedido entre las mujeres que la usan, hasta la ventaja física de trasladarse usando la propia energía del cuerpo y la forma en que ayuda a reducir los gastos de traslado entre las personas que, incluso, se mueven en las urbes.

La vuelta a la bici, acotó, es una muestra para sensibilizar y abrir el debate público a temas que tienen que ver con la infraestructura y la forma en que han incidido los diversos grupos, asociaciones y colectivos en las decisiones gubernamentales y cómo, en el caso de la Ciudad de México, si no hubieran organizado rodadas los fines de semana y los miércoles, no se hubieran creado políticas públicas a favor de este sector.

“Es un empujón a abrir el debate, a hacer un cambio de paradigma”, acota la investigadora Ana Álvarez, quien ha notado que a diferencia de otros grupos sociales, los ciclistas tienen una perspectiva amplia y están enlazados con temas paralelos a la problemática, como son los peatones; con ello, se da una visión de conjunto y se pugna por abrir la discusión. “México fue un pueblo bicicletero, un término que después se volvió peyorativo pero que hoy se tiene que revertir con nuevos criterios”, expuso.

“Tropicalizar” la exposición

Desde su anterior exposición en Cuernavaca, la curadora Ana Álvarez explicó que la muestra La vuelta a la bici se ha “tropicalizado”, es decir, ha adquirido un nuevo perfil añadiendo temas locales. En este caso, se han incorporado nuevas piezas sobre la historia de la bicicleta en Puebla, como materiales históricos y fotográficos de los primeros años de este medio de transporte en el estado. Como ejemplos, están reglamento de 1893 y otro de 1914, que contienen reglas y discusiones que son vigentes a más de 100 años de creados.

Además se contará con una serie de fotografías de Mariano Tagle Calderón, pertenecientes al acervo de más de 4 mil imágenes estereoscópicas de la Fototeca Antica que coordina Jorge Carretero Madrid, en las que se muestra la fuerte presencia de la bicicleta en la vida cotidiana de Puebla alrededor del año 1900, algo que se convierte en “una fuerte e importante contribución a la memoria histórica de Puebla y del país”. A ésta serie, se suman imágenes de la Fototeca Lorenzo Becerril que dirige Lilia Martínez y Torres, así como de la fototeca estatal Juan C. Méndez, así como fotografías de coleccionistas privados y de fotógrafos contemporáneos