Mitos persistentes en la Covid-19

A casi un año de estar enfrentando la pandemia provocada por el (ya no tan nuevo) virus SARS-CoV-2, que genera la enfermedad (y por eso el pronombre “la”) Covid-19; continúan generándose especulaciones y mitos que son prácticamente tan graves o más, que la misma pandemia.

Y es que, con el tiempo, uno podría esperar que, a medida en la que los fenómenos van transcurriendo, no solamente sería natural la familiarización con esta enfermedad sino incluso, un conocimiento más profundo sobre el virus con la consecuente desmitificación de ideas y conceptos equivocados que invitan a conductas realmente nocivas y contraproducentes para mitigar los terribles efectos que a nivel mundial se van padeciendo.

Por un lado, existen personas que minimizan la gravedad de la enfermedad y por el otro, gente que exagera, por citar un solo ejemplo, en medidas que, dentro del exceso de precauciones higiénicas, provocarán graves problemas de contaminación ambiental que incrementarán los riesgos de que perezcamos como especie, en este mundo que ya da claras muestras de desequilibrio biológico y falta de sustentabilidad.


Tal vez la más frecuente de esta mitología se da en la falsa idea de que el virus SARS-CoV-2 fue producto de un accidente de laboratorio en China o de que forma parte de un proceso de creación de un arma biológica, que se salió de control. Virólogos y microbiólogos especialistas en genética de agentes biológicos, en una forma categórica han afirmado que no existen evidencias de creación por el hombre ni modificación genética de este coronavirus, considerando que debido a las altas frecuencias de mutaciones por la replicación intracelular de este microbio, definitivamente dio el salto (por tratar de explicarlo en una forma simple), de una especie animal al ser humano. Las razones por las que esta falsa idea prevalece giran en torno a la búsqueda de una especie de “chivo expiatorio”, es decir, la necesidad de culpar, en este caso a los chinos, de un fenómeno mundial catastrófico, en un momento en el que la guerra comercial con Estados Unidos, muestra vulnerabilidades y fortalezas de estas dos naciones en las que gradualmente, nuestros vecinos del norte, van perdiendo terrenos en los ámbitos militares, económicos, sociales y hasta políticos.

Otra mentira de alta peligrosidad que se difunde entre la población es que el coronavirus SARS-CoV-2 solamente es grave en adultos mayores, con enfermedades crónicas; y benigno en niños o jóvenes. Efectivamente la infección dará cuadros que irán desde la ausencia de síntomas a la incómoda sensación de malestar extremo, con un 20% de probabilidades de agravarse, requiriendo hospitalización con administración de Oxígeno o intubación y una tasa de mortalidad del 5% al 10%. Aquí en México como en cualquier parte del mundo, ser ingresado a una sala de Terapia Intensiva con necesidad de ser intubado, representa entre un 70% a un 80% de riesgo de morir. Estas cifras pueden variar con el tiempo. Necesitamos entender que constantemente se estarán generando mutaciones y comportamientos impredecibles en este virus; pero los jóvenes no solamente pueden también padecer cuadros graves de la Covid-19 sino también, comportarse como portadores que infectarán a un número indeterminado de personas.

He escuchado también mencionar que ciertas élites ricas, utilizan al virus para lucrar con las vacunas y a propósito, independientemente de las investigaciones científicas serias, generan dinero a costa del sufrimiento de la mayor parte de la humanidad, impulsando la crisis económica y beneficiándose de manera cruel e irracional. Efectivamente he podido ver cómo médicos indican medicamentos de forma empírica e injustificadamente llegan a extremos como hospitalizar a pacientes en una forma innecesaria, aprovechando el pánico social; además del enriquecimiento de empresas farmacéuticas que impulsan un consumo de medicinas que no han demostrado su efectividad ante esta enfermedad. Pero esto no obedece a un plan orquestado con anterioridad sino a la consecuencia de conductas oportunistas que se van dando sobre la marcha, en un proceso natural que surge por la salvaje condición de privatización de bienes públicos como la salud, en el modelo de neoliberalismo actual.

Aunque hay muchos otros mitos, termino con el que se relaciona a la insuficiente elaboración de pruebas diagnósticas llevadas a cabo por la Secretaría de Salud en México. Es definitivo que el estudio de laboratorio que marca la pauta diagnóstica en la Covid-19 es la RT-PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa con Transcriptasa Inversa, que proviene del inglés Reverse Transcription Polymerase Chain Reaction), que es un análisis, literalmente en tiempo real; es decir que, si soy sometido a una toma de muestra en un momento determinado, se podrá saber mi estado precisamente en ese instante. Debido al laborioso proceso de elaboración, un resultado es imposible de ser entregado en un plazo menor a un día; es decir que, si me hacen una toma de muestra y antes de recibir el resultado, llego a ser contagiado, tendré la falsa idea de tener una prueba negativa, cuando el virus se esté incubando y potencialmente me provocará la infección con el consecuente riesgo de infectar a quienes se encuentren alrededor y así mantener lo que podría denominarse la cadena de contagios.

No podemos dejarnos llevar por rumores, sospechas, suposiciones ni conjeturas que carezcan de un criterio estrictamente científico. Divulgar cualquier noticia falsa, puede ser tan nocivo como el coronavirus SARS-CoV-2.

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