Miguel León Portilla legó el libro Erótica náhuatl, en el que vislumbra el erotismo nahua

La muerte de Miguel León–Portilla (22 de febrero de 1926), ocurrida el 1 de octubre de este año, está lejos de significar la ausencia de su pensamiento. Ejemplo de ello, es su libro Erótica náhuatl, publicado antes de su deceso, y al que seguramente le seguirán otros tantos títulos.

Con esta obra en mano, investigadores, ilustradores y editores que tuvieron la fortuna de vincularse con el filósofo e historiador, le rindieron un humilde e íntimo homenaje en la pasada 30 Feria Internacional del Libro Internacional de Antropología e Historia (FILAH).

A los más de 150 galardones que el tlamatini –palabra en náhuatl que significa hombre sabio–, acumuló en vida, se suma el Premio Antonio García Cubas 2019, que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) otorgó hace unos días a esta publicación en la categoría Libro de Arte.


Como señala la casa editorial Artes de México, su autor, bajo el mismo marco conceptual que concibieron los griegos, vislumbró que para los nahuas el erotismo tuvo “la fuerza de un torrente que todo lo penetra y todo lo vence”.

Antes de comenzar el conversatorio en torno a dicha obra, el cual tuvo lugar en el Museo Nacional de Antropología, Rebeca Díaz Colunga, encargada de la Coordinación Nacional de Difusión del INAH, leyó un texto en memoria del maestro.

“Hasta el día de hoy, Miguel León–Portilla no solo fue el intelectual mexicano más conocido, sino querido. Su vida, según sus propias palabras, fue ser portavoz de lo que pensaban los antiguos mexicanos, un papel que cumplió hasta el último día en este mundo.

“Se apagó la luz sabia. A más de cinco décadas de estas andanzas es difícil que alguien dude la existencia de una filosofía nahua.

“La obra de León–Portilla revela el pensamiento profundo de los antiguos mexicanos, y busca en la discursividad de la lengua, la orientación del conocimiento prehispánico, pero también analiza la poesía que, liberada de su lastre referencial, expresa con plenitud la singularidad del ser indígena”, dijo Rebeca Díaz.

Siempre crítico, en su último libro titulado Erótica náhuatl, León–Portilla volvió a romper esquemas prestablecidos, para desafiar la idea imperante que ha despojado a los pueblos prehispánicos, entre ellos el nahua, del amor sexual, como si hubieran vivido en una perpetua solemnidad, carentes de lo lúdico y lo sensual.

El encargado de ilustrar el volumen, el ilustrador con 30 años de trayectoria, Joel Rendón, habló del proceso que dio vida a los 24 grabados del volumen, y que logran un excelente diálogo con la literatura traducida por don Miguel.

Recordó que fue gracias a su maestro de La Esmeralda, Eduardo Pareyón, que siendo estudiante realizó un centenar de dibujos de varias piezas arqueológicas del Museo Nacional de Antropología, muchas de ellas figurillas antropomorfas que le revelaban una inusitada sensualidad.

“Empecé a tener gusto por esa estética que nada tenía que ver con lo grecolatino, con lo occidental, sino que las antiguas culturas mesoamericanas tenían una singularidad, dibujar sus creaciones era una forma de acercarse y sentirlas.

“Fue ahí, en las salas de este museo, donde empecé mi búsqueda de la identidad de lo mexicano en el arte, una especie de arqueología estética, para recuperar aquellas formas, traerlas al presente y confrontarlas con nuestra sociedad”, dijo Rendón.

Comentó que fue un privilegio trabajar con Miguel León–Portilla, pues sus conversaciones siempre estaban cargadas de humor, a veces algo pícaro, dijo entre risas.

Dijo que fue el propio investigador el que aprobó y “desechó” algunas de las pruebas que le presentó para el libro. No obstante, el artista indicó que fue un honor que el nahuatlato le pidiera crear un exlibris para su biblioteca, pues quería “renovar” el que tiempo atrás le hizo el artista Alberto Beltrán.

Para Miriam López, especialista en sexualidad nahua, este “último libro” del lingüista y humanista, es una obra de arte que bien se puede disfrutar combinando texto e ilustración o admirándolos por separado.

“Hago la invitación a que lean los cinco textos, los dos primeros juegan con las pulsiones de vida y muerte, un poco en esta idea de Eros y Tánatos. Lo vemos, por ejemplo, en el relato sobre la hija de Huemac, que enloqueció al ver la desnudez del vendedor de chiles”, dijo López.

En su caso, el etnólogo David Lorente Fernández, quien ha dirigido al equipo Chontalpa, dentro del Proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México, del INAH, calificó a Erótica náhuatl como provocadora y a la vez una obra centrada en los debates actuales de la antropología mesoamericanista.

“El doctor no fue ajeno a la sorpresa que el libro, empezando por el título, suscita en el lector. Así lo transmite en su epílogo, al escribir: Si para algunos será, tal vez, el contenido de este libro motivo de sorpresa, me inclino a pensar que para esos mismos y para todos cuantos se acerquen a él, puede ser sobre todo motivo de gozo o regocijo, y aun placer.

“El deslumbramiento erótico es deliberado. Presentado como la versión mesoamericana de una pasión universal, el erotismo aparece en el libro como un valor destacable sobre el que escribir y hasta ensalzar.

“Pasión –nos dice el autor– que ha movido durante milenios a los seres humanos y habrá de seguir excitándonos durante todo el tiempo que dure la existencia de hombres y mujeres sobre la tierra”, finalizó Lorente.