Miércoles, julio 24, 2024

¿Me entiendes Méndez o no me explico…Federico?

Destacamos

El habla cotidiana de los grupos sociales se va construyendo en la vida práctica y responde a la necesidad de los individuos para relacionarse y comunicarse entre sí, hacerse entender para subvenir a las necesidades de la convivencia diaria. Es una herramienta formidable. Confieso que este tema me apasiona, aunque no soy ni de cerca un conocedor del mismo. Me he dado cuenta que el lenguaje, común a un determinado grupo social, correspondía más o menos a cada generación que en su habla cotidiana se hacía comprender, pero en la actualidad los periodos generacionales se han acortado y ocurrido algunos cambios significativos en el lenguaje, que surgen en menos de dos décadas debido a la interacción de muchos jóvenes que participan activamente en las “redes sociales” y en otros medios tecnológicos de comunicación y que comparten expresiones léxicas ahora cada vez más mezcladas con voces del idioma inglés.

            En la frecuencia radiofónica y ahora también televisiva universitaria (Radio uap) he escuchado en algunas ocasiones un programa llamado Wild Brunch en el que trasmiten música en inglés y en el que intervienen jóvenes que constantemente usan el inglés para hablar de bandas musicales extranjeras, títulos de piezas e intérpretes, lo cual es razonablemente normal, pero el problema surge cuando algunos de estos muchachos pretenden agregar algún comentario “de su ronco pecho” y desbarran en la pronunciación de este idioma fallando con frecuencia en la comprensión de muchos de los términos que ellos mismos utilizan. Considerando que se trata de una estación universitaria y que este programa de radio representa una imagen de la institución, creo necesario proponer que se les inscriba a un curso intensivo del idioma inglés para que puedan usar este idioma, de su preferencia, de manera clara y apropiada.

Por supuesto que los contrastes entre el habla de una generación respecto de la inmediata anterior no se reducen exclusivamente a palabras con significados diferentes y aun contrarios, sino a una rica fraseología y locuciones que les agregan sentido a las expresiones coloquiales y que son entendidas cabalmente por sus miembros y los cercanos a estos. La suposición de la permanencia y estabilidad de los términos habituales que constituyen un léxico determinado, solo sucede en ámbitos familiares y acaso en círculos de amigos cercanos, porque los cambios que se han operado en la lengua en estos últimos años han sido drásticos y muy rápidos al punto de crear entre los hablantes de dos generaciones una barrera que agrega dificultades a la comprensión cabal, a la precisión lingüística en un intercambio verbal determinado. ¿Me entiendes Méndez o no me explico…Federico?

            Junto con las expresiones en desuso hay también objetos que han quedado obsoletos y solo mencionaré unos cuantos, correspondientes a diferentes campos de las actividades sociales, para ejemplificar este escenario. ¿Se acuerda usted de las trompadas o charamuscas? ¿del turrón blanco que vendían en unas mesitas de tijera y cortaban con una hachita, del mezcal como dulce de la misma penca del maguey, de las papayas amarillas, de los ácidos perones con chile? Recuerda usted los chiclosos “Toficos”, “las Chaparritas El Naranjo”, los chicles “Motita” y los “Canels”, las paletas “Mimí”, los “Certs”, los más recientes chiclosos “Sugus”, los caramelos “Charms”, el refresco “Lulú” de grosella, los “Zen Zen” para combatir el mal aliento, etcétera.

            Asimismo, vinculados a las palabras, quedaron viejos el entonces famoso View Master, los aparatosos “Telex”, el tan usado Walkman, el Compact Disc, las valencianas de los pantalones, el pisacorbata, la gomina y la bigotera, los helicópteros de juguete de “La Cruz”, los dedales y los “huevos” de zurcir, lo que es un “jalón de medias”, el “lápiz tinta”, los visillos, las palmatorias, los bailes de debutantes, las muchachas con sus corsages, las plumas “fuente” y los secantes; ¿qué significa enhebrar una aguja? el beep localizador, el “salto de cama”, las grandes agujas de “arria”, el “chiquihuite” para las tortillas, la  popular “Glostora” para el pelo, los zapatos “bostonianos”, el corte de bigote a la “Cargable” (Clark Gable), las marcas de cigarros como Baronet , Viceroy, Del Prado, Carmencitas, Cancioneros, Mariachis, Alas, Tigres, Faros, Casinos y muchas más.

            Pero son los eufemismos, las locuciones y la fraseología, las expresiones del lenguaje que entrañan dificultades, a veces insalvables, entre los mismos hablantes del castellano de diferentes países, regiones y aún de distintas generaciones de la misma ciudad. Le propongo practicar una prueba muy ilustrativa.

  1. Escuche con atención la canción “La chilanga banda” que interpreta el grupo mexicano de rock “Café Tacuba” y trate de comprender su letra con solo escuchar la pieza.
  2. Consiga la letra de esta canción y realice el mismo ejercicio de lectura y comprensión.
  3. Aplique esta prueba a algunas personas coetáneas de usted y también a algunos jóvenes.

Tome en cuenta que esta canción fue compuesta en 1994 (hace casi 28 años) por el compositor Jaime López y popularizada por “Café Tacuba”. Estará de acuerdo conmigo que contiene expresiones del “caló” o “tatacha de los afanes” (jerga de los ladrones de la Ciudad de México), con la cual no muchos mexicanos están familiarizados si desconocen el lenguaje callejero de los barrios populares. Le puedo asegurar que algunos de los términos usados en la letra, no obstante que la canción fue muy popular hasta apenas unos años, ya no son empleados por la nueva generación de habitantes de esos mismos barrios, pero si quiere conocer el significado de muchas palabras y el sentido de la letra le agrego un estudio, en versión electrónica, para que lo consulte[1]. La doctora Pilar Máynez, destacada lingüista mexicana, muchos otros expertos de diferentes disciplinas del conocimiento estudian estos problemas de investigación, aunque también algunos escritores como Marco A. Almazán tratan el tema; por ejemplo, este último en un texto humorístico llamado “Tangos con acompañamiento de mariachis”[2] en el que acontece un dialogo entre un grupo de argentinos y otro de mexicanos que requiere de la intervención urgente de un intérprete.

Pero no hay que irse a esos extremos para constatar las discrepancias en el lenguaje cotidiano entre dos hablantes de diferentes edades, basta con echar mano del lenguaje de cuando éramos adolescentes para descubrir en nuestro joven interlocutor cierto aire de sorpresa, de incomprensión acerca de muchas expresiones que a nosotros nos parecen comunes; es decir, “se quedó de a seis”. Por ejemplo, “a darle que es mole de olla” no se refiere a este platillo, sino a “poner manos a la obra”; “armar un Pancho” es hacer un reclamo, un berrinche; “tirar la güeva” es holgar simplemente, “dar el gatazo” es aparentar, “estar hasta las chanclas” puede ser borracho o enamorado perdidamente, “darle vuelo a la hilacha” es parrandear, “agarrar en curva” es estar desprevenido, “pegar el chicle” es hacerse novio, “me voy a echar un coyotito” voy a dormir una siesta, etcétera. Un diálogo entre dos amigos podría ser así:

—¿Qui´ubo mi cuate? qué onda.

—Pues aquí rolando por Acámbaro, nomás chachareando un rayo.

—¿Qué te vas hacer el “fin”?

—Después de papear, voy a pasar lista con mi “detalle” y me quedo de a “solapa”. ¿Por?

            —Tengo un “reven” con unos “cuadernos” muy alivianados, además es de traje. ¿Te late?

—¡Ya rugiste calcetín! ¿A qué oreja hay que estar y con qué hay que discutirse?

            Como dije líneas arriba, los cambios actuales en el idioma popular son muy rápidos y lo que en este momento es claro como el agua comenzará a enturbiarse y en un tiempo más se hará incomprensible. Esto no debe ser objeto de un juicio moral, al que comúnmente recurrimos para censurar casi todo y ponerlo en blanco y negro, porque no se trata de establecer si el cambio es bueno o malo, sino de tratar de entender que estos procesos son hasta cierto punto naturales, aunque es importante también procurar atajar el uso incorrecto del lenguaje que realizan los merolicos de la tv y cualquier chango que aparezca en las redes sociales. Así que por lo que más quiera ¡póngase chango!

[1] Imaginario, Andrea. Canción Chilanga banda. (https://www.culturagenial.com/es/cancion-chilanga-banda/

[2] Morvay, Karoly. “Fraseología del español de México”. Consultado en abril de 2021 (https://revistas.ucm.es/index.php/RFRM/article/download/RFRM8686110317A/13185/

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