Lunes, abril 12, 2021

Maximacho Ávila Camino

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Como sabemos, la memoria tanto la colectiva como la individual, es flaca y muchos de los acontecimientos del pasado se van diluyendo hasta casi borrarse por completo o desaparecer; así, que no está de más echar una recordadita a una época de la historia contemporánea de México y particularmente de Puebla que, quienes la vivieron, calificaron como nefasta por la omnipresencia de un personaje —señor de horca y cuchillo— que ejerció un feroz cacicazgo y fundó una dinastía política que alcanzó cuatro décadas. Este hombre se llamó Maximino Ávila Camacho, gobernador de Puebla (1937–1941), al que nuestro siempre recordado José Luis Ibarra Mazari bautizó ingeniosamente como Maximacho Ávila Camino. Fue hasta 1999 que el ayuntamiento de Puebla sustituyó el nombre de la calle Maximino Ávila Camacho por el del obispo Juan de Palafox y Mendoza, a más de medio siglo de haber ocurrido la muerte por cardiacazo o envenenamiento de Maximino que, por cierto, ocurrió un día como hoy 17 de febrero de 1945.

Sin embargo, pese a la leyenda negra de esos años de excesos y de violencia, en la ciudad acaecieron cambios importantes en las décadas de los 30 y 40[1]. Se creó la Colonia Santa María[2] en terrenos del rancho del mismo nombre, el sacerdote Alfonso Treviño fundó en 1936 el Instituto Iberia, en 1937 el Colegio del Estado pasó a llamarse Universidad de Puebla; la ciudad experimentó un ascenso poblacional y creció en forma significativa por el norte, hasta rebasar el cerro de Loreto, por el sur hasta la 21 oriente-poniente con la recién fundada colonia del Carmen creada en terrenos del molino de esa orden religiosa, por el oriente hasta el “campo de aviación” y en dirección noreste por la colonia Humboldt que ya se había creado a expensas de terrenos del Rancho “La Rosa”, cedidos por Pablo Petersen, y por el poniente llegaba a la recién fundada Colonia La Paz[3], en tierras del rancho de San Juan.

Me cuentan que el siguiente relato ocurrió en algún momento de 1940. Uno de los matones de más confianza de Maximino era un sujeto mal encarado conocido como “el charro negro”, porque regularmente vestía de negro y usaba un sombrero del mismo color para pasar inadvertido en las sombras de la noche, cuando tenía que cumplir con “un encarguito” del gobernador. En alguna ocasión “el charro” fue al puerto de Veracruz para tratar un asunto de su jefe y cuando regresaba a Puebla con gran prisa, al atravesar Orizaba, un agente de tránsito le marcó el alto para dejar pasar a quienes transitaban por la calle perpendicular, cosa que enfureció al energúmeno y arrancó con gran violencia su vehículo arrollando al pobre policía causándole la muerte; pero ahí no paró la cosa, porque tres personas que “obstruían” involuntariamente su camino fueron asesinadas a balazos, escapando el rufián a toda prisa, subiendo temerariamente a gran velocidad las cumbres de Acultzingo hasta ponerse a salvo en Puebla bajo la protección de su patrón.

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En 1938 se colocó la primera piedra para la construcción de la presa de Valsequillo a la que se denominó “Manuel Ávila Camacho”, la cual dejó bajo las aguas al pueblo de San Antonio del Puente y un rancho propiedad de la familia Lezama, uno de cuyos miembros fue Francisco Lezama, el famoso primer “Mago Frank”, ingeniero químico y prestidigitador reconocido internacionalmente, inventor de las velitas “mágicas”, aquellas que apagadas encienden espontáneamente. En 1941 se fundó la colonia América[4]; en 1939 se inauguró el cine Reforma para solaz y esparcimiento de los poblanos que esperaron con ansia las películas, ya estrenadas en Estados Unidos, “Lo que el viento se llevó”, “El mago de Oz”, “Cumbres borrascosas” y “El hijo de Tarzán” cuya distribución y exhibición, por cierto, controlaba William Jenkins. Se inauguró la primera radiodifusora de Puebla, la XEHR, de amplitud modulada,

El enriquecimiento de Maximino alcanzó proporciones gigantescas a la sombra del PRM (desde 1948 PRI). Se hizo construir mansiones lujosas con los mejores arquitectos del momento, adquirió ranchos y propiedades diversas. Con su “ejército” de pistoleros mandó a matar a cualquiera que le estorbara y a veces solo por pura “puntada”; opositores políticos, líderes obreros, rancheros y campesinos insumisos, periodistas independientes y muchos otros fueron “ejecutados” con toda impunidad. Se sabe que muchas jóvenes atractivas fueron “facilitadas” a Maximino por algunos de sus compinches, que se beneficiaron de esa relación perversa, mismos que actualmente son reconocidos como fundadores de “empresas modelo” y cabezas de “ilustres y decentes familias” de la Puebla actual. Todo esto contó con la mayor impunidad, garantizada por el poder que durante mucho tiempo detentó sucesivamente el PNR, PRM o PRI, cuyos partidarios manifiestan ahora estar preocupados por el bienestar de México.

Las décadas 1930-1940 fueron decisivas para nuestro país y nuestro estado; continuaron las transformaciones económicas y sociales —bajo un cacicazgo político— por supuesto con los rezagos seculares que aún en nuestra época se mantienen como un pesado lastre no resuelto por los gobiernos “emanados de la Revolución”. La Segunda Guerra Mundial ofreció la oportunidad, para los empresarios textileros de Puebla, de satisfacer la gran demanda de telas por parte de Estados Unidos; sin embargo, algunos de estos tramposos aprovecharon la situación “haciendo su agosto”, insertando ladrillos entre los rollos de tela para aumentar el peso de las piezas e incrementar sus ganancias.

El periodo de los Ávila Camacho con el “Presidente Caballero” como lo llamaron los “periodistas” adulones, el cacique Maximino y el anodino de Rafael se extendió por muchas décadas más y entre muchos otros herederos políticos figuró Gustavo Díaz Ordaz. De algo nos debe servir la memoria ¿no creen? Y no se trata de exprimir el caletre, sino examinar minuciosamente los estudios profesionales de la historia, apartar las formas de representación que tratan de inducirnos los medios de comunicación, considerar los testimonios de otras personas y nuestra propia experiencia para tratar de comprender mejor los diversos periodos por los que hemos transitado como sociedad y buscarnos —todos— un futuro mejor sin caer en la tentación de elegir a algún émulo de Maximacho.

 

[1] Cronología de la historia de Puebla [Consultado: 10 febrero 2021] https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Anexo:Cronolog√≠a_de_la_historia_de_Puebla&oldid=133017286

[2] MONTERO PANTOJA, Carlos. Colonias de Puebla. Puebla, México: icsh-buap, Museo Amparo, 2002, 254 págs. [p. 113]

[3] Ibídem p. 117

[4] Ibídem. P. 122

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