Miércoles, junio 12, 2024

Madrid no da ni quita, sino todo lo contrario

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Madrid, la plaza que da y quita, rezaba el adagio. Pero eso sería antes, porque hoy es letra muerta, naftalina rancia, purísimo cuento. El mismo que han vivido este año los mexicanos que se creían que por cortar orejas en Las Ventas tenían la campaña hecha, su nombre como reclamo en las principales ferias y carteles de la península. Como en tiempos de Gaona, o Fermín Armilla o Carlos Arruza. Pero no, nada más lejos. No porque se les haya colado por una rendija un desconocido colombiano llamado César Rincón –la rendija de un valor y un torerismo inmensos– iban a hacer lo mismo unos cuantos aztecas más o menos despabilados y dispuestos. Un respeto, señores, que no estamos jugando, se pronunció el sistema. Que, en definitiva, no está para valorar triunfos ni corregir la historia de un plumazo.

De modo que, mexicanos, a hacer cuentas y a seguirse arrimando… si alguna ocasión tienen.

 

Números grises

 

Lo anterior no se dice al aire. Tanto en San Isidro como en la feria del Arte y la Cultura –mayo y junio madrileños–, cuanto mexicano partió plaza en Las Ventas salió a jugársela y además alcanzó recompensa, cosa rarísima en los últimos tiempos. Pero fue, para Diego Silveti, Arturo Saldívar y dos veces Joselito Adame, la clásica victoria pírrica, que apenas da para nutrir la emoción del momento y en seguida se diluye como pastilla de jabón en agua tibia. Pues una vez paseado el ansiado galardón, ninguno de ellos ha vuelto a ser anunciado en una sola plaza de primera. Y casi ni de segunda, como a continuación comprobaremos.

Diego Silveti, aparentemente muy bien apadrinado, desorejó uno de Bohórquez el 19 de mayo en Las Ventas bajo una granizada de época, fue a Nimes al día siguiente (otra oreja) y pare de contar. Su siguiente presentación tardó dos meses en concretarse y fue en Chateaurenard, risueño pueblecito galo donde cobraría dos apéndices, lo mismo que, de vuelta a España, en Ízcar (4 de agosto), antes de irse en blanco –esa espada– en Alfaro y Briviesca, para reincidir en el triunfo para contento de las sesudas aficiones de Iniesta (3 auriculares), Tarazona de la Mancha (2) y Cieza (1), cosos todos, como se verá, de gran jerarquía. Ha cortado, en nueve tardes, otras tantas orejas.

Por alguna oculta razón –no quiero pensar que lo haya alcanzado hasta allá el largo brazo de la empresa de la México, con la que ha tenido diferencias conocidas–, el aguascalentense Arturo Saldívar, tras desorejar en la isidrada a un burraco de El Ventorrillo (mayo 28), apenas alcanzó a sumar otro par de paseíllos, en Navas del Marqués (2 apéndices) y Torremolinos (1). No se viste de luces desde el 4 de agosto, como si de un innominado maleta se tratara. Que en esas tres únicas presentaciones haya sumado cuatro trofeos es insignificancia que ninguna empresa más se dignó tomar en cuenta.

Para Sergio Flores, haber regado con su sangre la arena de Las Ventas al confirmar allí dignísimamente la alternativa (junio 5) podrá ser legítimo timbre de orgullo, pero lo que es al empresariado en general, nada le dijo y ha decidido pasarlo por alto. Al ver esto, resignada pero inteligentemente, el tlaxcalteca decidió hacer maletas y regresar a México. Como Juan Pablo Sánchez, cuya tibia y solitaria actuación del 7 de junio en Madrid llevaba anexo el boleto de vuelta.

 

Joselito Adame, el gran ninguneado

 

Pero el colmo fue que, después de ser proclamado triunfador absoluto de la feria del Arte y la Cultura en la propia capital de España –no sólo eso, en sus dos intervenciones (4 y 7 de junio, a oreja por tarde) a punto estuvo de abrir la puerta grande, que sólo su deficiente estoque mantuvo atrancada–, y salvo una corrida en Soria que tenía firmada de antemano (junio 29), Joselito Adame no volvió a ver un pitón hasta el 10 de agosto, en el importante coso de Socuéllamos (población que ni en el mapa figura). Después ha actuado y triunfado en Tafalla, Villarobledo, Cantalejo, Robledo de Chavela, Tarazona de la Mancha, Ejea de los Caballeros y Motilla de Palancar. Y sólo consiguió romper el circuito pueblerino al que han estado confinados nuestros paisanos cuando aceptó figurar en un cartel de banderilleros el pasado miércoles 4 en Valladolid –¡al fin una plaza de segunda!–, sólo para estrellarse en un lote imposible de Adolfo Martín, los victorinos de los pobres, como se les conoce por allá.

Mala cosa, si al triunfador de la principal feria del año en España van a etiquetarlo ahora como gladiador ante encierros que nadie quiere, el relleno tradicional de tantas ferias. Y eso que, en 12 corridas, ha cosechado 23 orejas. La mejor del año para un mexicano en Europa.

 

El Pana y los novilleros

 

El Brujo de Apizaco, ventajas del carisma, encontró acomodo en un cartel de la feria de Cuenca para hacer ahí su único paseíllo ibérico el 25 de agosto pasado. Su pintoresca tauromaquia fue acogida con simpatía, aun a sabiendas de que no iba a procurarle triunfos. En cambio ha extrañado la ausencia de novilleros mexicanos en los carteles hispanos, por tratarse del contingente con más movimiento en la península durante los últimos años. Con la contrariedad añadida de las duras cornadas recientemente sufridas por esos pocos representantes nuestros.

A Marlon Campos, que causó magnífica impresión al presentarse en Las Ventas el 14 de abril, la repetición –el día 28– le costó una cornada grave, de la que se dio cuenta al estarse desnudando en el hotel. Después de eso, solamente alcanzó a torear en Millas, la francesa Roquefort y Collado Mediano, todas en el mes de agosto, tradicionalmente el más abundante en festejos taurinos, antes de hacerlo el 1 de septiembre en Bayona –cortó oreja– y el 5 en Calasparra. Y su balance ha sido, además de corto, modesto: cuatro auriculares en ocho novilladas.

También resultaron heridos de consideración Fermín Espinosa “Armillita” y Santiago Frausto. El hidrocálido Fermín, hijo, nieto y bisnieto de los otros Fermines ilustres de la dinastía, sufrió un cate grande el primero de este mes en San Sebastián de los Reyes –la tercera de Madrid, solían llamarle–, tras su debut con caballos durante la feria de julio en Valencia –premio al mejor toreo de capa dentro de la categoría novilleros… y en un coso de primera, el único que, fuera de Madrid, ha visto partir plaza a un mexicano en 2013–; entre una y otra actuaciones pasó sin pena ni gloria por Robledo de Chavela, que es como decir por aquí Chachapa o a Huimanguillo.

El otro herido grave fue Santiago Frausto, que se había presentado con poca suerte en Las Ventas el 11 de agosto y, al forzar la máquina en un quite al castaño que cerraba plaza, una vez despachados los dos suyos, fue cogido de fea manera y sufrió una herida de tres trayectorias, de la que terminaría de curarse en nuestro país, donde ya reapareció el domingo anterior, en la México.

Habrá quien añada a este recuento la participación de Juan Pablo Llaguno en un certamen de becerradas nocturnas en Sevilla, donde logró cortar una oreja. Pero tales festejos no entran en la estadística de la temporada española porque en ellos se lidian erales y no se realiza la suerte de varas. De todos modos, es probable que esa orejita bajo las luminarias de la Maestranza alcance tanto o más peso que las dos que le obsequiaron el pasado domingo, al debutar en una novillada formal en la plaza México, donde su estilo afiligranado pero con un profundo aroma torero causó excelente impresión, ante un utrero tan capacho que no parecía procedente de Xajay.

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