Lunes, enero 17, 2022

Macabros antepasados

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Para complementar los cursos que imparto en la UAP sobre Historia de Mesoamérica y de América en general, aprovecho numerosos materiales audiovisuales que se encuentran disponibles en la red en canales de televisoras dedicadas a la difusión de documentales lo mismo de historia que de otros conocimientos científicos. El Canal 22 y el Canal Once, tienen producciones estupendas. Aprovecho a su vez los materiales desarrollados por universidades e institutos de Investigación, como la UNAM, El COLMEX, el INAH, la ENAH, entre muchos otros, que ofrecen seminarios, conferencias, documentales, cápsulas, presentaciones de libros, paneles, en fin, una buena cantidad de opciones que revisar. Sin embargo, de vez en cuando utilizo productos de otros canales más comerciales y que se dedican a la difusión y lo hago en gran medida pues cuentan con enormes presupuestos y no sólo pueden llevar especialistas y equipos de producción a lugares remotos y complejos, sino que, a su vez, tienen tecnologías de exploración muy avanzadas como el Lidar, o realizan esquemas y animaciones interesantes para ilustrar los videos. No suelo utilizarlos demasiado pues en los últimos años han disminuido la calidad de sus producciones y se han centrado en discursos que vendan. Sí, tal cual suena: divulgación científica que venda. Son los casos de National Geographic, Discovery Channel y el tristemente célebre History Channel, que desde hace años tiene poco en verdad de Historia y mucho más de charlatanería. “Alienígenas ancestrales” es un claro ejemplo.

En estos materiales abundan conceptos como: “civilizaciones prehistóricas o primitivas”, “sociedades preindustriales”, “sociedades antiguas (en oposición a modernas)”; por supuesto, también las consabidas ideas de “colapso” como un sinónimo de desaparición inusitada cuando se refiere a los mayas y el halo de misterio que acompaña semejante afirmación. Los mayas no desaparecieron, siguen existiendo en México, Guatemala, Belice, por mencionar algunos territorios. También es frecuente escuchar la pregunta “¿cómo le hicieron?” lo que irremediablemente cuestiona, aunque no sea necesariamente la intención de los realizadores, la posibilidad de que estas sociedades “primitivas” pudieran tener habilidades en el diseño y construcción de edificaciones imponentes o la capacidad de diseñar complejos sistemas calendáricos. Y qué decir de frases como “macabro descubrimiento” o “siniestra práctica” cuando se habla de hallazgos relacionados con el sacrificio humano en cualquiera de las culturas de este continente. Incluso, en algunos documentales nos muestran la decepción del conductor cuando se percata que una cultura que aparentemente era “pacífica”, resulta que sacrificaba gente y, lo más terrible, niños. Claro, todo ello dependía de la “voracidad de sus dioses” -como se afirma en uno de estos documentales. Como ya lo he comentado en una entrega reciente, el sacrificio humano y el canibalismo ritual son vistos por nuestras sociedades actuales como manifestaciones violentas de sociedades bárbaras, incivilizadas y alejadas de la mano de Dios. Por supuesto, no extraña que quien piense esto sienta alivio cuando confirma que con la llegada de los europeos y la “civilización” que ellos trajeron -incluida las religiones católica y cristiana-, se logró exorcizar a los demonios que habitaban en el cuerpo de estos “macabros antepasados” nuestros. Lo curioso es que el tratamiento de este controversial tema por los realizadores de estos videos linda con el periodismo de nota roja, que produce en los lectores el morbo y posterior alivio al darnos cuenta de que nosotros sí somos buenos y los malos están fuera de nuestro ámbito, ya sea en el presente o en la antigüedad.

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Sea por vicio propiciado por las Academias, sea por una herencia cultural “civilizada”, lo cierto es que la gran mayoría de los estudiosos de las sociedades antiguas parten de premisas occidentales para analizar a esas culturas. Los antropólogos, historiadores o arqueólogos, utilizan teorías y modelos construidos principalmente en Europa o los Estados Unidos para analizar los fenómenos que observan en cualquier parte del mundo. Por tanto, explican el “colapso maya” con el “colapso” de Mesopotamia o de Egipto; argumentan la caída de ciudades por los desastres ecológicos y su consecuente afectación a la agricultura producto de la avaricia de los gobernantes, como si de sociedades modernas se tratara.  Empero, cuando se ven a detalle los casos, tales explicaciones resultan insuficientes. Todo ello se sustenta en el el concepto de pensamiento universal y detrás de ello, se oculta la idea de que el único que existe es el que sanciona Europa y tiende profundamente sus raíces en el pensamiento griego (universalmente reconocido como el origen).  Por ejemplo, el concepto de “civilización” como se ve en la siguiente cita de Patricio Lepe- Carrión en su artículo “Civilización y barbarie. La instauración de la ‘diferencia Colonial’ durante los debates del siglo XVI y su encubrimiento como ‘diferencia cultural’”, publicado en la revista Andamios, de la UACM en 2012, “ (civilisation francesa, o civilization inglesa) que surge muy posteriormente en el siglo XVIII, tendrá sus antecedentes muy remotos y en aspectos muy puntuales, en la politeia griega, la civitas latina, o la civiltá italiana, en tanto negación sistemática de aquella diversidad cultural ajena a las costumbres y valores propios de la marginación permanente (hacia lo bárbaro, o lo salvaje) de todo aquello que no se adecua a la norma bajo la cual se vive (norma humana)”. En efecto, lo Universal es lo que se adecua a este pensamiento particular y es avalado por los que lo distribuyen por todo el orbe, inoculado por la fuerza a aquellas sociedades que no lo aprueben. Todo lo demás, lo que se encuentra en la periferia de este pensamiento, es bárbaro. Lepe- Carrión continúa de esta manera: “La ‘civilización-bien’ (en continua ascensión y perpetuo mejoramiento) se opone de manera radical a la ‘barbarie-mal’; es decir, de un lado estarán ‘los elegidos’ y del otro ‘los condenados’. Esta forma de entender el concepto de ‘civilización’ (y su directa oposición al de ‘barbarie’), está muy lejos de ser una interpretación objetiva y etnográfica. De hecho, Alfredo Nicéforo (1959) realiza un exhaustivo análisis del concepto bajo tres categorías: optimista, pesimista y etnográfica. Evidentemente, nosotros hacemos alusión a la primera de ellas, indicando que en ella es donde la Modernidad en tanto ‘civilización’ adquiere esa ilusa pretensión de progreso (capitalismo) o ‘acumulación sin fin’ como principio básico de la organización social”. Esa es la medida de todas las cosas y aquello que no se pueda explicar en estos términos será anómalo y su accionar, en el mejor de los casos será sorprendente -por la “curiosa” forma en que logran hacer lo que hacen sin ser sociedades “civilizadas del todo”- y en el peor, macabro, violento y, en esencia, bárbaro.

Quizá el enorme reto que tienen aquellos que se dedican a la divulgación de la ciencia en cualquiera de sus vertientes, es la posibilidad de transmitir el conocimiento producido en Universidades e Institutos de Investigación, pero atendiendo a un público que no se especializa en ninguna de esas disciplinas. Como lo vemos en estos ejemplos, se suele caer en la construcción de estereotipos fáciles de identificar por públicos previamente establecidos que responden a valores supuestamente universales. El asunto es que, al hacerlo, los creadores de tales documentales brindan interpretaciones equivocadas de la realidad histórica a relatar. Por supuesto, buena parte del problema se encuentra en la interpretación que realizan los académicos asesores de estos programas; o quizá el problema se encuentra en que a los productores, guionistas y directores les importa un rábano la investigación y van más por los contenidos que generen “impacto”. Claro, el morbo y el misterio siempre habrán de ganar audiencia. Lo dicho, la nota roja vende. Acaso algunos de los conductores de estos programas ofrecen su mejor versión cuando dicen con franqueza: “probablemente nunca sabremos las razones…” o “quizá estamos viendo desde nuestro tiempo una civilización del pasado”… en efecto, si vemos desde nuestro presente, con nuestro sistema moral y nuestra idea de civilización (que como hemos visto, ni siquiera es la nuestra), difícilmente comprenderemos los sistemas de pensamiento detrás de sociedades como Caral, Chavín o Tiahuanaco en Sudamérica o de los mayas, totonacos o zapotecas en Mesoamérica. Mientras equiparemos el hallazgo de una fosa con osamentas de personas sacrificadas en honor al templo de la serpiente emplumada en Teotihuacan con el hallazgo de una fosa común de judíos asesinados por los ejércitos nazis o de otra de ejecutados por un cartel de la droga, nunca podremos comprender las enormes diferencias entre la primera y las otras dos y seguiremos pensando que nuestros antepasados eran bastante macabros. Y no sólo eso, seguiremos justificando la irrupción violenta de Europa y su pensamiento en nuestro territorio y nuestro carácter de subordinación disfrazado de proceso civilizatorio… es decir, seguiremos pensando que los sistemas económico y social que nos rigen son lo mejor para nosotros y seguiremos aspirando a ser algo que nunca seremos, aunque no necesitemos serlo: eurogringosgüerosojoclaro muy a la Thor, el Capitán América y la Mujer Maravilla.

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