Luz en la oscuridad (Claroscuros I)

Diderot no captó en su enciclopedia

las maneras de lograr luz en la oscuridad.

Ponga usted por ejemplo un disco de Jan Garbarek,


cierre los ojos

y verá lo mismo ritos lejanos y fiestas,

o aquél canto de pájaros pimienta en África

y cumbres y ríos y desiertos

a su antojo (igual alumbraban los hongos

de María Sabina en su ritual).

Si no son hechos quemados por el sol,

¿Qué decir de las conmociones que nos sacuden

con esos largos o entrecortados del saxofón soprano?

O la ola violenta que nos ciega

hasta que abre el camino

el saxo bajo de John Coltrane.

Pero por respeto a Diderot argüirá que esto es teología.

¿Y si fuera? No lo es, no importa, ahora llaman mística

o gimnasia emocional

a sandeces con ejemplos parecidos.

Aunque sólo es música alta o ritual profundo.

 

O si le gusta otro ejemplo tomé una PC

y busque en la Wikipedia

las páginas de la guerra contemporánea.

Sabrá así de aviones fantasmas, fugaces y asesinos,

drones criminales fuera del quirófano

o de radares y censores en las noches

del desierto de Arizona

o en los de Irak o Afganistán.

Y, lo más soez,

el espionaje de su vivienda cuando provocan

un apagón masivo en la ciudad

-hasta en la Ciudad Luz se ha probado,

solo que ahí las fogatas de los barrios segregados

a veces frustran la jugada.

¿Y sabe para qué utilizan la forzada oscuridad

el Pentágono gringo o el Mossad israelí?

Para vernos hasta las muelas cariadas y las vasectomías

aplicadas con tardanza o con miedos.

 

Y es que la luz interior no proviene solo de los pasones

con la droga más barata o la del más sofisticado diseño

en los laboratorios del imperio. Viene de hace siglos

y se sostiene a contracorriente:

cuando rociamos con chicha a la Pachamama…

Si ofrendamos maíces de colores ajenos a Monsanto.

O si, en ese abrir y cerrar de ojos que acompañan

los besos pausados entre amantes,

se emiten lucecitas y destellos de conciencia.

Este debate no es con el materialismo de Diderot,

sino con quienes creen en las ínfulas

de ciencia tan profusa

y no aventuran a mirar las luciérnagas

como lamparillas amables de los pantanos,

para no hundirse en una de esas.

 

Le propongo que encienda un cerillo en un cuarto oscuro.

Deje pasar el minuto o lo que arda su flama.

Vea el lento retorno a la oscuridad.

Ahí atrás de usted hay otra llama,

en la parte trasera e interna de su cerebro

algo se enciende

cuando le pregunto: ¿Ve usted el rostro sonriente

y el brillo en los ojos de su amada que lo espera?

¿Esos luceros con los que ella lo aguarda en silencio

mientras usted vagaba por el diario de Diderot?

¿Ve la tersura de sus pómulos,

la de sus hombros tan desnudos

y la de sus rodillas apenas separadas?

Bueno ahí está otra prueba de que en lo negro,

en el punto donde la luz se sobrecoge,

su más oscuro deseo luce tan hermoso.

Ricardo Landa, 15 de octubre de 2007. Primero de la serie Claroscuros.

Imágenes: Adrián Mendieta: Espinas;  Grabado: Espíritu de Diderot; Adrián Mendieta: Hojas de luz;  Grobe, Mery Arias fotografíada: Carlos Jurado: Naturaleza muerta 1990.

Blog: https://elrojodelalengua.wordpress.com