Los desaparecidos de América Latina están presentes en la muestra El círculo que faltaba

Los desaparecidos, los zombis, los muertos vivientes están presentes en la exposición El círculo que faltaba, con la que el Museo Amparo retoma su programa de exhibiciones temporales que quedaron pausadas en este 2020 por la contingencia provocada por el Covid-19. 

Sin representaciones gráficas de la violencia, pero sí con el abordaje de episodios específicos de la historia política, económica y social de América Latina, la muestra deja ver y explorar el papel que “los cadáveres contados y las almas desaparecidas” juegan en el mundo de los vivos. Éstos, aparecen “no sólo como víctimas de una violencia institucionalizada sino como los agentes emancipadores al centro de nuevas formaciones políticas”. De paso, “como las memorias persistentes del pasado sino y las expectativas vigilantes del futuro”.

Mediante una videoconferencia de prensa, el director del museo Ramiro Martínez señaló que la violencia es, desafortunadamente, un tema vigente que en la exposición adquiere una visión histórica que permite pensar sobre cómo se ha llegado aquí. 


Indicó además que la muestra, la cual se lleva a cabo en colaboración con el Museo de Arte Moderno de Medellín y la fundación Kadist de París, contó con un programa público que fue una suerte de marco contextual al proyecto de investigación y exhibición que se desarrolló a lo largo de los últimos tres años. 

Dicho programa público se llevó a cabo durante el tiempo de confinamiento a través de Facebook Live con una serie de conversaciones, conferencias y performances que permitieron rastrear una parte del camino que condujo a la premisa curatorial de este proyecto. 

Por su parte, la curadora Magalí Herrera señaló que El círculo que faltaba se propone como fábula que plantea un acercamiento alegórico al paisaje social de Latinoamérica. Por tanto, dijo a pregunta expresa, era importante que no hubiera una representación gráfica de la violencia como tal. Así, en el caso de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa todo opera en nivel metafórico, representado a través de unos grabados que se hicieron durante una protesta de estudiantes de Bellas Artes. 

“Fue un proyecto de colaboración amplia que se origina por la fundación Kadist para la cual trabajaba. La idea fue establecer una colaboración regional: entre París y San Francisco, con una colección que crecía hacia distintas geografías”, dijo en la conferencia de medios virtual.  

Mencionó que una de las iniciativas de aquella colaboración fue esta curaduría desarrollada en Europa, América Latina y el Caribe, y el Sureste asiático. En su caso, dijo que se quedó a cargo de América Latina, siendo un proyecto que, vinculado al Museo de Arte Moderno de Medellín, dio pie a la investigación y a la producción de obras específicas de tres artistas: Naufus Ramírez Figueroa, Rometti Costales y Carla Zaccagnini. La obra de Zaccagnini se llevó a cabo en el Museo El Eco; la de Ramírez en el Centro Cultural España; mientras que del dúo Rometti Costales en Santiago de Chile. En paralelo a las comisiones, continuó la actual directora del Museo Tamayo en Ciudad de México, se realizaron dos seminarios: uno en Yucatán, aquí en México, y en otro en el Chile, en la región del desierto en Atacama. 

“Fue un privilegio poner todo este espacio y tiempo para trabajar la investigación de este proyecto que trata de abarcar problemáticas de la región latinoamericana. Una de las directivas fue tratar de hacer algo que abarcara la región con el reto de su amplitud. No obstante, no es un proyecto que generaliza la región en términos culturales, sino que trabaja en elementos compartidos históricos y políticos más que de nivel cultural”, expuso. 

La también curadora del Pabellón de México durante la 58 Bienal de Venecia indicó que la muestra parte de la experiencia compartida de la muerte en América Latina y el Caribe que, desde tiempos de la Colonia, se ha manifestado bajo distintas formas: como encarnación de la economía esclavista del capitalismo temprano; de los desaparecidos, víctimas de las dictaduras militares, guerrillas y guerras civiles de países como Guatemala, Paraguay, Chile, Perú o Argentina durante gran parte del siglo XX; o más recientemente de las almas perdidas de aquellos muertos vivientes caídos en la guerra contra las drogas, y que países como México lanzaron sobre sus propias poblaciones. 

En ella, participan Pável Aguilar, Carlos Amorales, Jonathas de Andrade, Edgardo Aragón, Fredi Casco, Rometti Costales, Sam Durant, León Ferrari, Joscelyn Gardner, Beatriz González, Pierre Huyghe, Guillermo Kuitca, Cristóbal Lehyt, Jesse Lerner, Alfredo López Morales, Teresa Margolles, Noé Martínez, Cildo Meireles, Movimiento Arte y Cultura, Eustáquio Neves, Nohemí Pérez, Naufus Ramírez Figueroa, Antonio Reynoso y Carla Zaccagnini. 

La muestra abrirá el próximo sábado 24 de octubre a las 12 horas con un recorrido por la exposición que será llevado por la curadora Magalí Arriola, y se transmitirá por la cuenta de Instagram @museoamparo