Martes, mayo 11, 2021

López Lujan: en arqueología urbana, se excava una sola vez con riesgo de perder datos

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Además de la pausa causada por el Covid-19, la reducción de recursos y lo que implica excavar en la Ciudad de México, al arqueólogo Leonardo López Luján le preocupa un asunto sobre esa arqueología urbana: que se puede excavar solamente una vez, y si se hace mal, sino se toma bien la información, los datos se pierden.  

Al participar en el ciclo México: mitos y simbolismos fundacionales organizadas por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), el director del Proyecto Templo Mayor (PTM) señaló que su quehacer implica retos de todo tipo: de inicio, saber que se estudia una ciudad prehispánica que está cubierta por una ciudad colonial y otra independiente, en donde es un reto llegar a lo profundo sin destruir el patrimonio que está arriba.  

Asimismo, porque como parte del proyecto se tienen “los reflectores encima” y por tanto se tiene que tomar responsabilidad de los hallazgos. De paso, porque a la epidemia del nuevo coronavirus que suspendió las excavaciones, se suma la reducción de los presupuestos ligados a la ciencia y la cultura que “nos han atado las manos”. No obstante, dijo con su característico humor, “ninguno de los obstáculos es infranqueable, si tenemos que pagar las excavaciones lo haremos, hay que seguir adelante”. 

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Al brindar la ponencia virtual En busca del templo mayor: Arqueología e historia de la antigua Tenochtitlan, López Lujan refirió que la Ciudad de México es ese “monstruo apasionante” que contiene los “edificios y monumentos históricos más importante de Alaska a la Patagonia”. En ella, acotó, no se puede excavar donde se antoje o donde se pueda resolver un problema académico, sino donde se puede. “Vamos a la saga de los ingenieros, estamos con ellos, desde el siglo XIX hay tensiones que se resuelven y se logran hacer excavaciones, túneles fríos y pestilentes, porque la ciudad se hunde”. 

El arqueólogo formado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, donde también es profesor, continuó que cuando se baja a unos 50 centímetros se encuentra la ciudad europea más importante del periodo colonial, en donde se hallan tesoros que hablan de la vida opulenta de sus habitantes, de europeos y sus descendientes.  

Acompañado por Laura Elena Romero, directora académica del Departamento de Antropología y Moisés Rosas, director de Enlace Cultural UDLAP continuó que, al profundizar, a los dos metros más o menos, se hallan los vestigios de la capital del imperio mexica y sus dos ciudades hermanas: México Tenochtitlan y México Tlatelolco, habitadas entre 1325 y 1521, de las cuales se conoce poco.  

El investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia y miembro de El Colegio Nacional señaló que el 13 de agosto y el 17 de diciembre de 1790 se hicieron hallazgos importantes: la Coatlicue puesta lejos de la mirada de los transeúntes; y la Piedra del sol que quedó 100 años empotrada en la torre nueva de la Catedral.  

Agregó que en el siglo XIX, un siglo tormentoso de guerras entre liberales, conservadores e intervenciones, se hallaron piezas que alimentaron el Museo Nacional fundado en 1825 en la Casa de Moneda, y otras que dejaron el país como parte del circuito del arte ilícito de Estados Unidos y Europa. En el Porfiriato, sin darse cuenta, Leopoldo Batres descubrió al Templo Mayor. Luego en plena Revolución Mexicana, le tocó a Manuel Gamio hallar la pirámide mayor de Tenochtitlan. No obstante, las más importantes fueron las excavaciones de las Líneas 1 y 2 del metro, que dejaron ver vestigios y arquitecturas. El parteaguas -dijo Leonardo López – fue la aparición de Coyolxauhqui en las calles de Argentina y Guatemala en febrero de 1978, encontrada por trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza, quienes lavaron el monolito lo que causó la pérdida del color. 

“Desde marzo de 1978 a la actualidad, no durante la epidemia, se han hecho nueve temporadas; la última concluirá en 2024. Las más importante fue la de mi maestro Eduardo Matos Moctezuma, de 1978 al 1982, y desde 1991 yo he coordinado los trabajos por el que han pasado muchos especialistas que ayudan en las investigaciones”. 

En sus 42 años, mencionó, el PTM ha descubierto 209 ofrendas en poco más de una hectárea, incluidos 13 adoratorios pequeños, pinturas murales y miles de objetos, restos minerales y animales -que suman más de 500 especies-, así como restos humanos y objetos culturales de los mexicas, importaciones de su tiempo y reliquias. De igual forma, ha producido 12 mil 500 publicaciones entre libros, capítulos, folletos y guías, así como 107 tesis de todos los niveles, convirtiéndose en un semillero de profesionales.  

Resaltó lo ocurrido en 2006: el descubrimiento de la Tlaltecuhtli, un monolito de andesita sobre la divinidad de la tierra, con un aspecto masculino y otro femenino: una divinidad alfa que da vida a todos los seres, incluso al sol y a la luna, y que, al ser omega, abre sus fauces y devora a sus hijos. Ese hallazgo abrió la puerta para buscar lo que dicen las fuentes: el Cuauhxicalco, lugar donde eran quemados los cadáveres de los reyes -ya ubicado-, y los -todavía pendientes- restos de los señores Tizoc, Axayácatl y Ahuizotl, este último sucedido por Moctezuma, quien conoció a Hernán Cortés. 

Como arqueólogo, López Lujan sabe que la “arqueología es un asunto colectivo” pues no se trata de un solo arqueólogo, sino de un equipo. Asimismo, que su trabajo tiene una utilidad pública, ya que visitantes consumen la información que se produce y publica. Así, ante un descubrimiento que se exhibe, este rápidamente pasa a formar parte del imaginario colectivo: “hay una apropiación del pasado y de lo que da la identidad”. 

Por último, el autor de 13 libros celebró la integración de jóvenes en los proyectos, pues “siempre superan a los maestros”, además del uso de nuevas tecnologías que potencian la mirada, de las que incluso él aprende como arqueólogo y director del PTM. 

El ciclo continuará el 20 de abril con Eduardo Matos, investigador emérito del INAH, con la conferencia Mentiras y verdades en la conquista de México; seguirá el 27 de abril con fray Francisco Morales Valerio, director de la Biblioteca Franciscana, con el tema La conquista espiritual: alcances y límites del encuentro con el otro; y cerrará el 4 de mayo con Moisés Rosas, quien hablará sobre México en los albores del siglo XIX. 

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