Domingo, abril 18, 2021

Recomendamos

Libre mercado o justicia social

-

-

- Anuncio -

Acépteme este consejo de que el diablo verdadero no se esconde en el ropero, sino que está en la cabeza, y aseguro con certeza: ¡que es la ambición del dinero!

Refrán popular

- Anuncio -

En la propaganda electoral de los partidos políticos de la oposición puede advertirse, invariablemente, la tendencia a hacer descalificación total de la acción gubernamental en funciones, y quedarse ahí, sin ofrecer a la ciudadanía una alternativa expresa de organización de la sociedad y del ejercicio de gobierno distinta a la que cuestionan, donde muestren las bondades sociales de su propuesta y las deficiencias de la que impugnan. Este vacío ideológico suele ser colmado con frases más retóricas que significativas. Los partidos antes dominantes y sus distinguidos líderes, reales y formales, han asumido la actitud de relegar o, de plano, echar al olvido las causas por las cuales la ciudadanía en 2018 los echó del poder público; siendo los villanos favoritos del pasado y artífices genuinos del colapso social y económico del país, hoy no tienen cortapisa en presentarse socialmente como la opción política del futuro para gobernar al país. Detrás de estos desaguisados, coyunturalmente electorales, se encuentra un choque de concepciones en la visión de sociedad -es decir, del modo de organizarla y gobernarla- que enarbolan, por un lado, la élite económica dominante a través de sus conspicuos representantes, voceros, y partidos políticos, fundada en la apología del libre mercado; y, del otro, la que propone el actual gobierno de la República, encaminada a la justicia social.

Los contenidos e implicaciones sociales de este debate ideológico deben ser del dominio público en la medida en que todos los habitantes de una nación tienen la obligación moral de definir en qué tipo de sociedad desean vivir y desarrollarse como personas. Tras cada una de esas concepciones sociales se encuentran las filosofías del individualismo y el gregarismo que las sostienen y justifican configurando una posición de las personas ante la vida y los demás seres humanos, determinante de los comportamientos violentos o amistosos con que cotidianamente se dibuja nuestra realidad social; tales conductas se dan abiertamente dentro del espacio que permite el modelo económico capitalista en que el mundo se desenvuelve hasta ahora, cuyas inequidades sociales están propiciando innumerables conflictos políticos, económicos, climáticos, ambientales, ecológicos y de convivencia entre los seres humanos, que amenazan la existencia misma de la vida humana y obligan a repensar nuestros modelos de sociedad en el afán de conservarnos como especie.

El libre mercado es concebido como un modelo de organización económica de la sociedad -economía de libre mercado- donde el precio de los bienes necesarios para la existencia de las personas es acordado por consentimiento entre vendedores y compradores con base en las leyes de la oferta y la demanda y que las transacciones sean voluntarias. Este ideal de funcionamiento del libre mercado trasciende socialmente pues con él han sido imbuidas las ciencias sociales y el derecho que lo adoptan como premisa básica de estudio, análisis y estructura jurídica, respectivamente, convirtiéndolo en una ideología sobre el funcionamiento de la sociedad. El problema surge al tamizar la ideología del libre mercado con los presupuestos reales que hacen posible su existencia: trabajo asalariado, propiedad privada sobre los medios de producción, y no interferencia de factores institucionales sintetizados por sus partidarios en el eufemismo “estado mínimo”. Es en sus precondiciones de existencia donde la ideología económica del libre mercado se convierte en un ideal político motivo de disputa en tanto el juego de las categorías de vendedores y compradores libres que lo idealizan como una competencia perfecta, tiene por base que una minoría privilegiada que controla los medios de producción por tenerlos en régimen de propiedad privada, decida la suerte social que han de correr los productores directos de los bienes que entran al mercado para intercambiarse por dinero: los trabajadores; es decir, el grueso de la población. La sociedad es así diseñada para lograr que una minoría mantenga dominio económico sobre la mayoría.

- Anuncio -

Este dominio ha sido encubierto a través del tiempo, paradójicamente, mediante dos estandartes -libertad y creación de empleo- cuya falsedad ha sido desvelada por basarse en la crematística -según Aristóteles- antinatural del comercio donde se compra al productor para revender al consumidor a precio más alto. Del primero, Abraham Lincoln dijo: “Nosotros, todos, estamos por la libertad; pero empleando la misma palabra no expresamos la misma cosa. Para algunos, la palabra libertad puede significar que cada hombre haga lo que quiere de sí mismo y del producto de su trabajo; mientras que para otros, la misma palabra puede significar que algunos hombres hagan lo que les dé la gana con otros hombres y con el producto del trabajo de éstos…”. Acerca de la creación de empleo se acuñó un discurso seudofilantrópico cuyo objetivo inmediato es la obtención perversa del agradecimiento de los trabajadores por contar con un puesto de trabajo que les permita subsistir, como condición básica de aceptación de su sumisión social, la desvaloración de su fuerza de trabajo, y la feroz competencia con otros por la obtención de uno. Un lado oculto de la exigencia de “estado mínimo” que reclaman los adeptos del libre mercado es, precisamente, que no haya ningún otro modo de que los trabajadores puedan contar con un empleo de subsistencia; que no lo ofrezca el estado, cerrando la pinza de la dominación.

Las acciones del libre mercado se aprecian en hechos ciertos: “Gasolineras ganan 33 millones de pesos diarios con litros incompletos”; “Pandemia aumentará desigualdad en América Latina”; “Condiciones laborales adversas, factor para el déficit en enfermería”; “Crece productividad y costo de vida, pero baja carga salarial a empresas”; “Tasas de interés en tarjetas superan hasta en 23 veces la inflación anual”. ¿Qué tipo de convivencia social se genera entre vendedores y compradores sabiendo que en cada compra de gasolina hay un timo? De igual forma, al saber que un evento desgraciado hace más ricos a los ricos; que no hay suficientes profesionales de enfermería por los raquíticos salarios; que el empresariado aumenta su producción y eleva el costo de la vida, pero paga menos salarios; que la banca es usuraria por método. Así no puede haber convivencia, sólo coexistencia. El mercado repudia la justicia social.

Solo las ideas de nación, gregarismo, y respeto por el otro, hacen surgir el ideal político de organizar una sociedad y gobernarla bajo un modelo de justicia social que a nadie debería incomodar puesto que forma parte, como criterio orientador desde 1917, de la estructura constitucional y del estado de derecho en México: “…considerando a la democracia…como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo” (Artículo 3º). Quizá otro concepto ayude a la mejor comprensión de la opción entre libre mercado y justicia social: el uso del Estado. ¿Para qué sirve el manejo del Estado? La exigencia de “estado mínimo” hace patente que los adoradores del libre mercado le asignan un papel: el manejo empresarial del Estado por oposición al manejo social del mismo. En los años 70 del siglo pasado, la República de Chile acreditó -militar y cruentamente- el significado de libre mercado y manejo empresarial del estado: desregulación, privatización de empresas públicas y la reducción del gasto social fueron mecanismos jurídicos -no necesariamente legales- del adelgazamiento físico y asistencial del estado, practicado luego en otros países incluyendo México. Las minoritarias élites económicas aspiran al “estado mínimo” apropiándose de todos los bienes que fueron propiedad del Estado de bienestar que se construyó con el trabajo de toda la sociedad. La forma rápida y fácil de su crematística. El libre mercado devino en máscara que oculta el despojo -privatización- de los bienes públicos mediante el uso empresarial del estado. Esta razón hace que los partidos opositores basen su propaganda electoral en la descalificación y evadan la propuesta. No pueden sincerarse.

- Anuncio -
- Anuncio -

Últimas

Con impactos de arma de fuego hallan cuerpo de regidor de Atoyatempan

El cuerpo sin vida y con impactos de arma de fuego de Vicente Gabriel Cabrera, regidor de Hacienda del municipio de Atoyatempan, fue encontrado...
- Anuncio -