De siempre es conocida mi prevención ante las glorias de Saúl Álvarez, especialmente en lo tocante al empeño de cierta publicrónica por proclamarlo el mejor de todos los tiempos. Máquina de pegar, sí, buen boxeador en sentido estricto, mmm…
En los últimos días, esos voceros del sensacionalismo se llenaron la boca —o sus sucedáneos en letra escrita— con los desmesurados emolumentos que el Canelo se embolsaría por el combare del sábado ante Terence Crawford en Las Vegas, cantidad efectivamente inalcanzable por cualquier otro deportista mexicano de la época que usted guste y mande. A cambio de cien millones de dólares y algo más, a cuenta váyase a saber de qué, pues los derechos de imagen televisiva, aun superinflados, no alcanzan para tanto, el tapatío exponía sus tres títulos mundiales —otra proliferación de corte netamente comercial esta de la acumulación de cinturones a diestra y siniestra—, pero a la hora de los mameyes, se encontró con un rival muy bien preparado física y tácticamente, con lo que Crawford, infinitamente superior como pugilista, tuvo más que suficiente para pasearse en triunfo por el ring mientras el reconocido punch del Canelo se cansaba de encontrar humo en su estéril persecución de su rival estadounidense, que a su vistosa esgrima sumó la rapidez de sus contragolpes como fórmula para ir acumulando puntos hasta hacer inobjetable la decisión unánime que hizo cambiar de manos —de cintura— los tres famosos títulos que estaban en disputa.
Ahora bien, no se necesita ser malpensado para sospechar que la revancha ya debe estarse cocinando, con la tripleta de coronas “mundiales” lista a cambiar de testas nuevamente. Aunque para testas coronadas, sólo que con otra clase “coronas”, las de la noble afición. Porque nos gusta vivir de ilusiones más que de realidades, y el deporte profesional —no solo el boxeo— se presta de maravilla para eso.
Copa carísima. Independientemente de la inseguridad del clima que prevalecerá en Norteamérica para el verano mundialista de 2026 —y no hablo solamente de climatología, ya ven ustedes cómo se han puesto las cosas por allá—, se avecina la Copa FIFA más cara de la historia, coincidiendo con el torneo de más precaria calidad a tono con la cantidad de bazofia esperable de un evento mañosa y artificialmente inflado a 48 participantes.
No es cosa de establecer aún las sumas que tendrán que desembolsar los asistentes a los partidos porque semana a semana crecen las cifras de las que da cuenta la prensa, por más que la publicrónica las silencie. Ya hasta aparecieron empresas y especialistas individuales dispuestos a vender asesoría para la adquisición de paquetes a través de internet, que es la única forma de conseguirlos, por lo visto con grandes dificultades y fallas sistémicas.
Se filtró también que los precios del boletaje para el escaso 12 por ciento de encuentros mundialistas que verá nuestro país están más caros que los correspondientes a Canadá y EU, la verdadera sede mundialista. Y dan como razón que, si bien la FIFA ha fijado una tarifa alta para sus arcas, los comités organizadores de cada país añaden a esa cantidad de base su propia ganancia. Y ya sabemos que para eso del dólar fácil nuestros federativos se pintan solos. De modo que echaron su gato a retozar y la muy tolerante y permisiva afición nacional será quien cargue con los crecidos costos, así sea para presenciar in situ un reñido Honduras—China, por ejemplo.
Pobre Franja. Volvía Hernán Cristante a la Bombonera toluqueña donde tantas veces se coronó campeón, pero esta vez con mínimas esperanzas de triunfo, a tono con las reducidas posibilidades de su nuevo equipo. Tal vez calculó que, por lo menos, contaba con un arquero de garantías, pero he aquí que Julito González nada más regaló dos goles y ya ni siquiera se lanzó por al angulado balón que se convertiría en el tercero. No significa esto que la Franja haya tenido con qué presentarle batalla al actual campeón de México. Por el contrario, el primer tiempo fue un verdadero calvario, bombardeado el visitante desde todos los ángulos sin poder encontrar la manera de articular respuesta, aunque, paradojas del futbol, tuviera que ser un defensa central (Pereira, 30´) el autor del gol con el que los contendientes se fueron a descansar.
Y lo que son las cosas: el equipo de Cristante fue otro en el segundo tiempo, si no por efectividad sí por actitud. Tanto bregar infructuosamente para que, en una escapada, Gallardo —otro defensor rojo— sorprendiera a González colándole el segundo al lado del primer poste, que era el suyo según todos los manuales (80´). Vino a continuación un penalti bastante eventual, bien convertido por Monárrez (86´), y todo para que, en el inmediato ataque de los diablillos, el novato Virgen dejara de serlo estrenándose en Primera con un balazo al ángulo derecho de Julio González (88´).
El frío del sótano. Tenía el Puebla el consuelo de tener buena compañía en el último escalón de la Tabla. Pero con su triunfo en el clásico, las Chivas subieron a 7 puntos y ya solamente el Querétaro comparte con la Franja el “honor” del último escalón, ambos con 4.
Sorpresa en el clásico. Cuando se suponía que más lejos estaba el Guadalajara de discutirle al América su apabullante superioridad de los últimos años, saltó la liebre rojiblanca y dejó mudo al estadio de Ciudad de los Deportes, todo vestido de amarillo y revestido con ruidosa parafernalia made in Televisa. Y eso que en la primera fase del encuentro no pintaron las cosas nada bien para los tapatíos, mas la confiada ofensiva azulcrema careció de efectividad y, poco a poco, el batallador conjunto de Milito, muy bien plantado atrás bajo la dirección de Romo, se fue animando a adelantar líneas y terminó por hacerle a Malagón el primer agujero de la noche (Alvarado, 63´) luego de tocar largamente la pelota hasta que Gutiérrez, desde la izquierda, la puso en la boca del arco para la barrida del Piojo, que a poco de eso dejaba el campo con un tobillo convertido en melón mediano.
Reaccionó el local, pero con pocas luces y sin resultados, hasta que la Hormiga González, uno de los canteranos tapatíos promovido por Milito al primer equipo, se infiltró con notable habilidad entre Jonathan y Lichnovski para culminar la veloz escapada con remate al rincón que hizo estéril la estirada de Malagón (88´). Aún dieron las Chivas, llenas de novatos al fin y al cabo, un poco de respiración artificial al once local cuando su barrera se abrió a un tiro libre de Zendejas que Rangel no pudo contener (90+8´), pero por más que el árbitro estiró la compensación más allá de lo justo, la embestida final de los televisos no dio para más.
Y bien por Gabriel Milito, que contra viento y marea se ha sostenido en una idea que nunca debió abandonarse: la convicción de que, para el Guadalajara más que para ningún otro club nuestro, el camino al éxito sólo puede estar en el vivero.
Bronquita. Una de las razones del insólito alargue —cerca de 15´— fue el conato de bronca a que dio lugar la segunda anotación del Rebaño, pues los americanistas no supieron refrenar su furia y se lanzaron en masa contra los rojiblancos Gutiérrez y Ledesma, que a su parecer exageraron el festejo. El concierto de empujones e insultos lo zanjó el juez con sendas amarillas a los mencionados y a Erick Sánchez sin que llegara la sangre al río, a diferencia de aquella recordada bronca de cuando el chiverío eliminó al América en el Azteca (semifinal de la Liga 1982-83) y la burleta de Gómez Junco frente a la banca de los televisos —acababa de clavarles el 3-0 definitivo—, desató una verdadera batalla campal, con puñetazos y patadas voladoras al por mayor y varios expulsados, circunstancia que favorecería al Puebla en aquella final que culminó en la primera corona de Liga que ostenta el palmarés del equipo de la Franja, hoy tan venido a menos.
Aquel mediodía de un 26 de mayo, en el Cuauhtémoc, el lanzamiento definitivo de la serie de desempate tuvo por autor a Luis Enrique Fernández, cuya carrera de felicidad a lo largo de todo el campo todavía no termina para quienes, en pleno éxtasis, la presenciamos.
Jornada 8. Aunque es muy probable que el Monterrey haya vuelto al liderato en solitario una vez solventado su encuentro de ayer por la tarde en cancha del Querétaro —un verdadero flan para el superreforzado cuadro regio—, a la hora de escribir estas líneas el primero en la Tabla era el Cruz Azul (20 puntos), que no sólo conservó su invicto en el Miguel Hidalgo sino además doblegó al Pachuca con el penalti convertido por el Toro Fernández (65´) cuando el cemento bregaba con un hombre menos (roja para Chiquete Orozco a los 19’) y Mier lo había salvado varias veces —aunque luego habría dos rojas para los pachuqueños. El América quedó estacionado en 17 y Toluca subió a 16; Tigres tiene 14 (0-0 León, y sigue sin convencer a nadie), Pachuca se estancó en 13, Xolos está con 12 —a reserva de como haya quedado anoche en San Luis—, mismo escalón que ocupan Pumas (vencedor 1-4 en Mazatlán, con penalti brillantemente defendido por Keylor) y Juárez (Necaxa 1-1). León, tras su empate en el Volcán, navega en la medianía con 11 puntos, y lo que sigue ya es el pelotón de los torpes, con 7 Santos y Chivas —provisionalmente a salvo del calificativo gracias a su gesta sabatina en Ciudad de los Deportes—, con 6 San Luis, Mazatlán, Necaxa y Santos (empató con los rojinegros 2-2 en el jalisco), y a la cola Querétaro y Puebla, con diferencia de goles menos peor los Gallos que la Franja (-8 contra -14).


