Le cierran todas las puertas a Lozano para ser el sustituto de Antonio Gali

El proyecto personal de Javier Lozano Alarcón de ser el sustituto de Antonio Gali Fayad en la alcaldía de la ciudad de Puebla se ha topado con pared, ya que de las puertas que ha tocado, en todas ha encontrado una respuesta negativa. De nada le ha servido invocar su militancia y derechos como panista, ostentarse como parte del grupo político del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas o tener una supuesta visión moderna para dirigir el ayuntamiento de la capital.

En mucho el rechazo que vive el senador parece ser consecuencia de los conflictos y escándalos que ha enfrentado, siendo el más sonado y reciente la derrota que sufrió contra el también legislador de la Cámara Alta, Manuel Bartlett Díaz, en un juicio por daño moral.

Trascendió que Lozano se ha visto en la necesidad de intentar vendar o cambiar de nombre sus propiedades ante el riesgo de sufrir un embargo por parte de Carlos Meza Viveros, el abogado de Manuel Bartlett, como parte del pago por los costos que implicó el juicio e cuestión, y que lo podría llevar a erogar una cantidad de varios millones de pesos.


Lozano es visto como un político inestable, que polariza, que entra en conflicto muy rápido con todos aquellos que no piensan como él. Ese carácter le ha ganado muchas enemistades en su propio partido, el PAN, la cual es la fuerza política que le dio cobijo cuando mostró su deslealtad al PRI y dejó el tricolor para seguir la campaña presidencial de Felipe Calderón en el año 2006.

Por eso la primera oposición a que Lozano fuera el posible sustituto del edil de la capital, luego de que Gali –en marzo del próximo año– tentativamente dejará el cargo para ser candidato a gobernador, provino del propio grupo político del alcalde de la Angelópolis.

La gente de Gali ha planteado que al frente del ayuntamiento debe quedarse una persona serena, sin conflictos, que concilie a los dos o tres grupos políticos que conviven en el gobierno municipal, y sobre todo que con eficiencia de continuidad a los proyectos surgidos en la actual gestión.

En ese sentido a Javier Lozano lo han visto como la persona menos idónea para esa posición, ya que si llegara a ser alcalde es previsible que entrará en confrontación con los trabajadores de la Comuna, con grupos de presión externos y con todos los funcionarios, líderes políticos y sociales que disientan con él. De sobra es conocido su carácter pendenciero.

Ante tal escenario, el grupo de Gali no lo respaldó. Se llegó a la conclusión de que Lozano, como posible alcalde, sería un lastre, un factor negativo de imagen para el PAN durante la campaña electoral del año 2016.

Una segunda puerta que tocó Lozano fue la de Ricardo Anaya, el presidente nacional del PAN.

Se dice que Lozano pidió el apoyo del dirigente albiazul argumentando que era el mejor panista con el perfil para ser el suplente de Gali.

La respuesta de Anaya fue elocuente, él no podía hacer nada, ya que Antonio Gali no milita en el PAN y por tanto no está definido que el sustituto del edil de Puebla tiene que ser necesariamente un militante del Partido Acción Nacional.

Una tercera puerta fue la del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, de quien se dice que nunca ha tenido la intención de poner a Lozano al frente del ayuntamiento de la capital, o por lo menos esa era la posición que se tenía en el tema hasta la semana pasada.

De nada sirvió que Lozano se mostrara cercano, leal y comprometido con el grupo morenovallista.

En el entorno del gobernador todavía se recuerda como en la campaña electoral de 2012, el entonces candidato a senador Javier Lozano Alarcón empezó a registrar, a la mitad de la contienda, una importante caída en sus índices de intención del voto y el panista ignoró los llamados de los morenovallistas a corregir varios yerros de labor proselitista.

Tal comportamiento rebelde de Javier Lozano Alarcón sigue fresco en la memoria de los morenovallistas, y por eso no lo van dejar pasar al control del ayuntamiento de Puebla.

Lozano está buscando labrarse un futuro político desde ahora, pues en 2018, cuando se acabe la actual legislatura federal, tal parece que no tendrá muchas oportunidades de seguir vigente como político de grandes ligas, por la confrontación permanente que sostiene con panistas y no panistas. A eso se debe que esté tan aferrado a conseguir la suplencia en la alcaldía de Puebla.