Sábado, noviembre 27, 2021

Las relaciones con el mundo

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La política exterior del gobierno de México, es la muestra exacta de las posibilidades de establecer relaciones con todos los países del mundo de manera digna, soberana, respetuosa de los asuntos internos de cada nación y altamente creativas. Ni comparsa de la voluntad de las grandes potencias y, sí, compromiso con los países en lucha por su soberanía. 

Con estos fundamentos, el presidente López Obrador propuso a la ONU la realización de un “Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar”, que ofrece un mayor protagonista a la ONU y rompe con el paradigma impuesto al concluir la Segunda Guerra Mundial, fundado en la división Norte/Sur, que identificaba al Norte con los países de ingreso personal elevado (más de 12 mil 695 dólares de ingreso per cápita anual); en el Sur, se ubicó a todos los países que no alcanzaban ese umbral. El esquema era simple: partiendo de la idea de que el subdesarrollo era una etapa del desarrollo, el Norte se comprometía a destinar cada año el 0.7 por ciento de su PIB como ayuda para el desarrollo, El esquema nunca funcionó bien, pocos países del Sur llegaron a rebasar el umbral de la pobreza pues muchas veces los recursos entregados a los gobiernos  iban a parar a las cuentas secretas de una tecnoburocracia corrupta; .pero, además, ningún país el Norte logró donar el 0.7 por ciento de su PIB al desarrollo que, además, al comprenderse únicamente como crecimiento económico, careció de políticas de distribución del ingreso y la riqueza, suponiendo que bastaba con crecer para alcanzar el bienestar: El resultado fue el inverso el crecimiento sin distribución llevó a la monstruosa concentración y desigualdad que hoy se pueden observar en todo el mundo. 

En la ONU, el presidente López Obrador propuso mantener el 0.7 por ciento del PIB de los países ricos, acompañado de un combate a la corrupción a nivel global y propone algo verdaderamente original: que las mil personas más adineradas y las mil corporaciones privadas más grandes del mundo, contribuyan cada una con 4 por ciento de sus fortunas; adicionalmente, recomienda que cada uno de los países más ricos del Grupo de los 20 done 0.2 por ciento de su PIB anual a un fondo común administrado por la ONU para combatir la pobreza extrema en el mundo. Todo ello, generaría un fondo de un billón de dólares anuales que podría ser utilizado para combatir la pobreza y el hambre mundiales por medio de transferencias directas, sin intermediarios, a los bolsillos de las poblaciones marginadas, siguiendo el ejemplo de los programas sociales ya implementados en México. Se trata de que las naciones contraigan compromisos concretos frente a los problemas comunes de la humanidad.   

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Es posible, que la propuesta se considere una utopía, pero los grandes avances de la humanidad han empezado como utopías, que logran movilizar a la sociedad hasta convertirse en proyectos posibles. De manera que, el movimiento social siempre se ha movido persiguiendo la utopía que, así, no es algo inasible, algo que no se puede alcanzar para convertirse en lo que se puede lograr en un lapso previsible. Sobre todo, cuando se habla de “fraternidad y bienestar” se está hablando a los pobres que, en algún momento, habrán de adquirir el protagonismo en los combates contra la explotación y las condiciones determinantes su situación social de pobreza y desigualdad. 

Es posible que estas propuestas, guiadas por la filosofía fundamental con la que el presidente López Obrador gobierna el país, estén en la base de la aceptación del pueblo sobre su gestión. Los resultados de la Consulta Mitofsky correspondiente al mes de octubre (realizada a mexicanos mayores de 18 años, con acceso a dispositivos móviles inteligentes e internet), revelan que, a casi tres años de que AMLO asumiera el mandato como presidente de la República, el 64 por ciento de la población consultada está de acuerdo con la manera como gobierna al país. Hay entidades, como Oaxaca, Quintana Roo, Campeche, Tabasco y Tlaxcala, en las que la confianza en la conducción presidencial supera la media, como es el caso de Tlaxcala donde la aprobación llega al 76.2 por ciento de la población; también hay estados donde la recuperación de aceptación de la ciudadanía, en un año, aumentó entre el 6 y el 9 por ciento, tal es el caso de Nayarit, Baja California, Ciudad de México, y Guerrero. Las mujeres y hombres del sector campesino son quienes muestran mayor satisfacción con las decisiones del presidente, seguidos profesores, empleados, amas de casa y estudiantes.

Los resultados, advierte la encuestadora, muestran cuatro meses de ascenso continuo en la aceptación de la gestión gubernamental; es posible que la política exterior haya contribuido a esa creciente popularidad y la aceptación de la que hoy goza el presidente.

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