Las falsas promesas

Los verdaderos precios de los combustibles que se producen y consumen en el país se mantienen bajo una cortina de opacidad impresionante, al parecer con la finalidad de seguir obteniendo ganancias exorbitantes a costa de la mayoría de los consumidores, excluyendo a los altos funcionarios gubernamentales quienes reciben vales de gasolina.

En una reciente publicación del Centro de Análisis Multidisciplinario (3–XI–2015) de la Facultad de Economía de la UNAM, que lleva por título “Reporte de investigación 121: desde 2012 existían las condiciones para bajar el precio de la gasolina”, se reconoce que desde años atrás la “política energética” del gobierno mexicano se ha empeñado en mantener precios altos de los hidrocarburos, con la finalidad de erradicar el subsidio, además de continuar con un irracional aumento de precios al consumidor: “Por 17 años, dice el reporte, el gobierno sostuvo su política de aumento gradual en los precios de la gasolina, pero la verdadera razón era eliminar el subsidio (…) en México su precio siempre ha sido al alza, hasta 2015, en cambio en Estados Unidos disminuyó su precio en 2009, 2013 y en 2015”.

En nuestro país, la “política energética” de las distintas administraciones ha sido de un total engaño como la prevaleciente con Felipe Calderón, sujeto extraño que se aventó la puntada de convocar a diversas entidades del país con la finalidad de realizar un “concurso” para ver qué en que lugar se localizaría la construcción de una refinería que llevaría por nombre “Bicentenario” por aquello de celebrar los doscientos años de la lucha independentista; “ganó” el estado de Hidalgo –gobernado entonces por Osorio Chong–, sin embargo de la dichosa refinería no se terminó ni siquiera la barda perimetral. En realidad, como refiere el reporte: “El Estado mexicano se ha negado a desarrollar infraestructura para refinar el petróleo”.


Así, respecto de las distintas gasolinas y el diésel que consumimos en el país, el gasto es más oneroso que el pagado por los consumidores gringos: “La magna en México es 2.34 pesos más cara que en Estados Unidos; la Premium en México es 2.85 pesos más cara que en Estados Unidos; el diésel 2.61 pesos más caro (…) En 18 años, en México el litro de diésel aumentó 10.65 pesos, mientras que en Estados Unidos aumentó 9.10 pesos; la gasolina Premium aumentó 10.65 pesos; mientras que en Estados Unidos aumentó 8.67 pesos”.

No deja de ser una quimera y una promesa sin sustento de la actual administración, ofrecer que bajarían los precios de los hidrocarburos. Ya se tiene contemplado para inicios del 2016 un ajuste de los precios, debido a la baja en los ingresos por la venta del crudo.