Las diferentes épocas de la medicina

Cuando se trata de establecer una delimitación en el desarrollo histórico de la medicina, difícilmente se puede establecer una división clara por la gran cantidad de elementos históricos que se pueden estudiar, analizar, investigar y hasta imaginar; sin embargo, un enfoque práctico podría establecerse hablando de la Edad Antigua y la Edad Moderna de la medicina, planteando el desarrollo de la práctica médica en occidente y en oriente.

Para la medicina occidental, entre los años 400 a 1130, las enfermedades se abordaron en una forma “monacal”, es  decir, practicada por monjes y religiosas. Posteriormente surgió la “escolástica”, que fue un movimiento calculado entre 1130 al 1500 y esencialmente vinculó áreas del conocimiento como la filosofía grecolatina, con las deducciones teológicas, condicionando escuelas catedralicias que culminarían con las universidades medievales europeas.

En la medicina oriental, claramente se puede distinguir la bizantina (300 al 1300); la árabe (del 700 al 1400) y la desarrollada en China y Japón, que tradicionalmente  siempre ha sufrido el menosprecio de los médicos que nos formamos (o deformamos) en las actuales universidades, pero que curiosamente es atractiva para mucha gente en el presente, dentro de nuestro medio. Pero es necesario preguntarnos cuándo surge la época de la medicina moderna.


El 15 y el 16 de febrero del año 2001, las prestigiadas revistas Nature y Science publicaron la secuencia definitiva del Genoma Humano con un 99% de confianza. Hoy, cualquier persona a través de la Internet, puede conocer aspectos comparativos entre material genético de distintas plantas, animales o microbios, situación que los médicos nunca hubiésemos podido imaginar hace apenas unos años. Sin embargo, es fundamental comprender nuestra vulnerabilidad. A lo largo de toda la historia, siempre hemos sido literalmente azolados por enfermedades y en la época actual, en el pináculo de la soberbia, somos víctimas de de aflicciones espantosas y nos llenamos de lúgubres temores con unas simples palabras: virus, epidemias, pandemias, infección.

La forma en la que el gobierno mexicano ha abordado el problema de la infección por el nuevo virus SARS CoV-2, indudablemente representa la forma más clara de controlar una epidemia. Cuando se genera una enfermedad no esperada, se lleva a cabo un estudio de “brote”. En México tenemos la Norma Oficial Mexicana NOM-017-SSA2-2012, para la vigilancia epidemiológica, que define las conductas que se deben llevar a cabo ante la sospecha del surgimiento de una enfermedad no esperada.

La reacción de cerrar escuelas, negocios, difundir información puntual diariamente y plantear una cuarentena implementando medidas que ahora se conocen como la “sana distancia”, representan opciones que nos pueden parecer exageradas pero que son necesarias debido a la agresividad de este microbio y la enfermedad que produce, generando en un grupo poblacional, insuficiencia respiratoria potencialmente mortal.

Las acciones de control para COVID-19 que es el nombre de esta enfermedad, en otros países han sido distintas y con resultados muy variables. Pero hay un peligro mayor. Las irresponsables actitudes de gente sin escrúpulos o por mera ignorancia, difunden noticias falsas, lo que ha condicionado una falta de credibilidad en las instituciones, de modo que nos encontramos  en un verdadero estado de vulnerabilidad psicológica, social, económica y moral.

Es fácil criticar y difícil actuar. Sin embargo, el pobre e infortunado discurso de los fabricantes de información dudosa, que han contribuido al caos en la comunicación, puede tener efectos devastadores, que claramente se perciben y generan incluso sentimientos de vergüenza.

Da pena que, ante señalamientos claros y lógicos de investigaciones en todo el mundo, con un secretario de salud y sobre todo un equipo de trabajo competente, podamos esperar que las medidas adoptadas nos hagan pasar esta epidemia en una forma menos trágica que en otros países y así, poder argumentar que poseemos un honroso orgullo de ser mexicanos.

Hablando de épocas en la medicina, claramente en México nos encontramos viviendo una nueva Edad Media llena de oscurantismo, pero en pleno Siglo XXI, precisamente alimentado por las “fake news”.

Es motivo de profundo dolor que pasemos a la historia en una forma tan humillante, bochornosa, ignominiosa y sobre todo, deshonrosa, por la forma de enfrentarnos a un invisible e impalpable microbio que tiene ya aterrado a todo el mundo, pero resulta mucho más doloroso que habiendo tantas fuentes de información válida y fidedigna, nos dejemos llevar por lo primero que se ve, en una presentación bien elaborada (Power Point) o un video extraído del sitio web denominado YouTube.