Sábado, mayo 25, 2024

Lara Zavala: mirar los años 60

Destacamos

Nueva estación en la narrativa de Hernán Lara Zavala (Ciudad de México, 1946).

            Una novela, El último carnaval, que dilata el ímpetu de un escritor por recuperar historias que, aunque dispuestas a la atención de cualquiera, suelen pasar de largo debido a su exigencia para el ejercicio de la memoria, y hasta de un tratamiento específico, diferente a lo que se publica ordinariamente.

            Antes cuentista, lo recuerdo al lado en muchas ocasiones del extrañado Guillermo Samperio, Lara Zavala publicó hace más de treinta años una novela, Charras, donde el personaje central es el líder opositor Efraín Calderón Lara. Novela revelación del asesinato del joven yucateco, allá por los primeros setenta, que el autor logró con una prosa directa, documentalista, a la manera del reportaje periodístico transmutado en literatura.

            Península, Península (2008) y Macho viejo (2015) en el camino, Lara Zavala entrega ahora esta nueva novela donde recrea, distintas voces narrativas, incluida la del protagonista, el entonces clasemediero capitalino de los años sesenta, lo que sucedía en los ámbitos urbanos y en colonias como la Del Valle.

            Tal vez a la manera del mejor José Agustín, en El último carnaval habita un conjunto de “jóvenes formales, aburguesados, pretenciosos, promisorios y con falaces aspiraciones: coches a la puerta, novia bonita y de buena clase, ropa fina, pero sobre todo un nivel de competencia basado exclusivamente en bienes materiales, en el qué dirán, el éxito a cualquier costo y con una desmedida veneración por el dinero”.

En la novela, una evocación integral de los años del mismo protagonista (Adrián), revisitamos a aquellos jóvenes que tras salir de la adolescencia prosiguen estudios y acceden a cierta estabilidad. Acuden a su última fiesta carnavalesca (y es que para entonces, detalla la trama, aun en colonias como la señalada se realizaban carnavales de temporada).

Colofón de esta historia, de la misma historia de un país y una sociedad, será el movimiento estudiantil de 1968, que “logró despertar nuestra conciencia social y produjo lo que pensamos que era un importante movimiento para la democratización del país. Y, aunque quedó truncado, rendiría sus frutos muchas décadas después”.

(A El último carnaval, de suyo grandes méritos propios, habrá que anexarla consecuentemente en ese canon, todavía vivo, de la narrativa del 68 mexicano).

“El mundo había envejecido y México tanto o más que el resto del planeta, porque entre nosotros existía un gran detonador llamado PRI (¿Revolucionario Institucional en pleno auge revolucionario del mundo?), el gobierno en esa época se encontraba en manos de Gustavo Díaz Ordaz y prevalecía la cerrazón y la arrogancia que provocó el desmoronamiento de todo el sistema”.

Mundos promisorios

Adrián será uno de esos miles de jóvenes que, leemos, “fuimos madurando, sacudiéndonos lo fresa, lo pendejo y lo ingenuos (si acaso es posible), politizándonos y adquiriendo conciencia de los problemas que aquejaban al país, al escuchar a los participantes de los múltiples debates, charlas y mesas redondas que, airados, intentaban defender sus ideas progresistas, mientras nosotros, pasmados y pasivos, nos adentrábamos sin saberlo, en mundos tan ignotos como promisorios”.

Dos historias más de El último carnaval.

Una, la que en paralelo y deliberadamente se cuenta acerca del, digamos, soundtrack de una época, sostenido con doce oberturas, en un total de veinte capítulos, que recuerdan a los grandes músicos de entonces. Gene Vicent, Buddy Holly, Bill Halley, Elvis Presley, The Everly Brothers, Jerry Lee Lewis, Ray Charles, Little Richard, Fats Domino, Chuck Berry y Brenda Lee.

(Seguirían Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan Simon and Garfunkel, Joan Baez, Leonard Cohen, The Doors, The Mamas & The Papas, Bee Gees, The Who, Kinks, Mary Quant y Los Rockets).

Y dos, la que permanece advertida a lo largo de la narración y de amor, entre el citado Adrián y Magdalena, amor de principio a final, si bien en algún párrafo de El último carnaval se pregunte: “¿Se puede reavivar un sentimiento tan sólo por encontrar a la persona que se amó en el pasado?”.

(Otros libros de Lara Zavala: De Zitilchén, El mismo cielo, Contra el ángel, Equipaje de mano, El guante negro).

Hernán Lara Zavala, El último carnaval, Alfaguara, México, 2023, 262 pp.

@mauflos

Ultimas

Lluvia deja dos lesionados en el IEE y daños en la sede del PREP

La tormenta que se registró la tarde hoy en Puebla capital dejó dos lesionados en el Instituto Electoral del...
- Anuncios -
- Anuncios -