La violencia, las marchas y la derecha

Los esfuerzos por vivir en una sociedad en paz y armonía han sido rebasados por una crisis humanitaria global de valores; México no es la excepción, es acechado por una acrecentada delincuencia, violencia, crímenes, secuestros, y corrupción en todas sus expresiones.  Parece que se imponen las personalidades patológicas, quienes consideran normales las conductas delincuenciales, aunada a la tendencia generalizada a volverse una sociedad rígida, egocéntrica o inmoral, incluso moralista, pero incongruente. La falta de capacidad de la mayoría de los individuos para detectar este tipo de conductas, es lo que el psiquiatra polaco Andrew M. Lobaczewski denomina  “ponerología” del griego poneros (el mal).

Un individuo puede sustentar en su inicio valores genuinos que implique objetivos de justicia dentro de los parámetros de la razón, pero dentro del proceso de ponerización, sus miembros tienden a justificar las propias acciones patológicas e inmorales a partir del deseo de lograr los propósitos para los que fueron creados; así, las personas ponerizadas se autoeximen de la ética humana y quedan sujetas a una continua dualidad de valores e ideas, cuyo axioma central es “el fin justifica los medios”, caso concreto, la doble moral de los conservadores.

¿Acaso la corrupción en México es un asunto cultural como lo declaro Enrique Peña Nieto? El crimen organizado y la violencia parecen sobreponerse a la justicia; se acepta como normal la frustración de hogares azotados por las drogas y la violencia; el secuestro, robo de infantes o tráfico de órganos humanos, no sorprende; la indiferencia ante el dolor de  una madre al encontrar el cadáver de su hija de siete años después de secuestrada; corruptos que saquearon hasta el hartazgo a la nación, gozando de impunidad; jueces y magistrados que reparten vulgarmente amparos como documentos cambiables  liberando a delincuentes y criminales; policías con placa y uniforme para delinquir. La maldad, es resultado de procesos ponerizados determinantes del perfil de una sociedad descompuesta.


La marcha del próximo 9 de marzo, convocada por movimientos feministas para reivindicar los derechos de la mujer y denunciar la escalada violencia de género, es un legítimo reclamo; sin embargo, la descomposición social que prevalece rebasa al género,  viene del pasado donde toleraron y se beneficiaron al negociar con la ley.

La derecha ignoró la violación y asesinato de la indígena nahua de 72 años Ernestina Ascencio, los 230 mil asesinatos y ejecuciones, más de 40 mil desaparecidos, su vínculo con el crimen organizado, la muerte de 49 niños y 106 lesionados tras el negocio y complicidad de la guardería ABC; así como un brutal saqueo y extrema corrupción; ante eso, la derecha no marcho, no protestó, guardó absoluto silencio; hoy, quiere lucrar con el dolor de las víctimas y familiares colgándose de un movimiento auténtico, responsabilizando al Presidente de México de la descomposición que ellos mismos propiciaron.

El Estado mexicano debe actuar sin tregua hasta vencer al crimen organizado para reconstruir la paz y procurar la reconciliación y la justicia que no se negocia ni mengua su autoridad.