Domingo, mayo 9, 2021

La vacuna Covid-19

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Existe una preocupación generalizada para poder estimar la fecha en la que podamos contar con una vacuna para la enfermedad COVID-19, producida por el nuevo coronavirus Sars-CoV-2; sin embargo, se hacen a un lado una serie de cuestiones de una complejidad extrema para las cuales, no existen respuestas absolutas ni contundentes.

Los epidemiólogos siempre respondemos que esta opción de  prevención se dará en la medida en la que se tenga una seguridad de que no hayan efectos secundarios, que sea realmente eficaz en la prevención de la enfermedad, que pueda estar lo suficientemente disponible para que cualquier persona en el mundo tenga acceso a ella y que sea de fácil conservación y aplicación. Sin embargo, esta respuesta de ninguna manera es completa ni satisface a los requerimientos sociales y antropológicos que giran en torno a esta enfermedad que si bien, al día de hoy 25 de septiembre ha cobrado la vida de casi un millón de personas (para el 24 de septiembre, es decir el día de ayer, se registraron 979,701 personas fallecidas), existen problemas médicos de un mayor alcance, como la mortalidad infantil por hambre, con la sorprendente cifra de 8,500 niños por día según estimaciones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia o Unicef (United Nations International Children’s Emergency Fund, por sus sigla en inglés), calculando que solamente en el año 2017, murieron por causas prevenibles 6,3 millones de infantes menores de 15 años. Esto es equivalente a la muerte de un niño cada 5 segundos, situación de la que prácticamente nadie está consciente en esta época de “Coronavirus”.

Lo más curioso del asunto es que para estas muertes no se necesita vacuna ni tratamiento, más allá de simplemente, asegurar la alimentación y ya.

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Pero en la actualidad, vemos con atención las noticias que nos aclaren si en breve habrá una posibilidad de protegerse del SARS-CoV-2, aunque las respuestas siempre van a ser insuficientes pues existen aspectos muy sutiles en los que prácticamente no pensamos. Más allá de la seguridad, la eficacia, la disposición y el manejo, en el supuesto caso de que se tenga a la mano una vacuna que cumpla con todas las características idóneas para prevenir la COVID-19, no se considera que existe un grupo de personas que en una postura “anti-vacunas”, al no haber visto un caso de mortalidad por el SARS-CoV-2, incluso dudan de que esta enfermedad exista. Esto nos lleva a una problemática no solamente social sino incluso moral, pues no se pueden establecer medidas de autoritarismo sanitario para aplicar a toda la población este elemento preventivo sin tomar en cuenta el consentimiento debidamente informado. En este sentido es necesario considerar lo que, desde mi particular punto de vista, es erróneamente denominada “inmunidad de rebaño”, pues la palabra herd en inglés efectivamente significa rebaño, pero también es multitud, grupo o comunidad. El término correcto sería inmunidad colectiva y se debe de alcanzar paralelamente al proceso de vacunación. Esto implicaría alrededor de 5,6 mil millones de personas en todo el mundo, lo que representa una cifra verdaderamente enorme y con un periodo muy largo para poderse alcanzar, lo que nos lleva fácilmente a deducir que esta pandemia (como lo han señalado en innumerables ocasiones las autoridades de salud), será muy larga.

Por otro lado, no nos ponemos a analizar cuáles van a ser los grupos prioritarios para ser sometidos a la protección. Se debe considerar cómo evitar la injerencia política con orientaciones perversas, valorar quiénes están en mayor riesgo de enfermar (trabajadores del sector salud, asilos de ancianos, hospitales psiquiátricos y hasta prisiones, por citar algunos que se me ocurren en este momento).

Por último, es determinante poner al alcance de toda la población, información no solamente fidedigna sino clara y concisa para entender que existen una cantidad inconmensurable de variables que se deben analizar. Reforzar estrategias educativas entre los jóvenes quienes son aquellos componentes del grupo que más riesgo tiene de infectar, para establecer la denominada “sana distancia” y promover buenos hábitos.

Ahora, más que nunca, requerimos de un gran esfuerzo social que nos permita madurar como sociedad pero sobre todo, como seres humanos. Existen retos mucho mayores que el de controlar al SARS-CoV-2 pero que también nos van dejando grandes procesos de enseñanza que debemos seguir con toda puntualidad y sensibilidad.

 

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