La última enfermedad de John Hunter

Hoy 16 de octubre se conmemora en fallecimiento de un médico extraordinario que se llamó John Hunter, nacido en Escocia en 1728 y muerto un día como hoy pero de 1793, en Londres.

Su papel fundamental en la medicina giró en torno a sus habilidades como cirujano, en una época en la que no habiéndose desarrollado plenamente la anestesia, era necesario ser preciso y sobre todo, rápido, bajo procedimientos que eran en muchas ocasiones literalmente aterradores. Siendo el hermano menor de otro médico históricamente trascendente llamado William Hunter, quien era un fino anatomista fundó una escuela de medicina a la que se integró John, distinguiéndose como un individuo muy trabajador e inquieto, pues dentro de su interés en conocer las causas de las enfermedades y la forma de solucionarlas, alcanzó logros sorprendentes considerando la época en la que vivió.

John Hunter había comprendido que un mejor conocimiento de las partes que conforman a un organismo, podrían reflejarse en una mejor forma de resolver problemas de salud que la medicina, rudimentaria hasta ese entonces, no podía de ninguna manera resolver.


Como en ese entonces era muy complicado llevar a cabo disecciones, en la escuela de su hermano había logrado preparar tejidos que conservaba en sustancias diversas o bien, había logrado mantenerlas secas pero con un buen nivel de integridad. Paralelamente fue coleccionando una serie de “rarezas” que incluso abrió al público en general, a manera de museo, condición que incrementó mucho su fama.

Hizo investigaciones que si bien fueron rudimentarias, permiten afirmar que fue uno de los médicos que fincarían el piso del que sostendría posteriormente la medicina experimental, cuyo exponente mayor fue el francés Claude Bernard (1813-1878).

Un logro poco conocido, producto de su infinita imaginación sucedió en el año de 1785, cuando un paciente suyo que padecía de una enfermedad denominada hipospadia, caracterizada por la salida de orina y líquido seminal fuera del meato uretral, es decir lejos de la punta, no podía procrear. En una jeringa caliente, recogió el semen para inyectarlo inmediatamente después en la vagina de su esposa y logrando un embarazo. Es evidente que hubo una buena dosis de suerte en este procedimiento, cuando aún no se conocían todos los aspectos y elementos que giran en torno a un embarazo, pero es innegable que este procedimiento lo ubica como el primer médico en lograr la inseminación artificial de un ser humano, dentro de la historia de la medicina.

Otro dato sobresaliente de su vida fue que tenía una casa con dos fachadas. Por la de enfrente atendía a sus pacientes y la posterior daba a un callejón donde recibía cadáveres que utilizaría en sus clases de anatomía para llevar a cabo infinidad de disecciones. Muy probablemente esta forma de actuar, por muchos conocida pero también callada, dio lugar a que el novelista escocés Robert Louis Balfour Stevenson (1850 – 1894) escribiera su novela corta llamada “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, en el que se narra la múltiple personalidad de un individuo, con dos o más identidades con características opuestas entre sí (ahora denominado trastorno disociativo de la personalidad).

Llevó a cabo investigaciones sorprendentes en la ortopedia. Describió el crecimiento y desarrollo de los huesos, la forma en la que las fracturas se consolidaban o se resolvían, la forma en la que un hueso infectado y que llega a la necrosis, se separa de la parte sana y la fisiología ósea.

Una anécdota que me parece realmente fascinante se dio durante una cena, cuando uno de los comensales, conociendo que John Hunter dedicaba gran parte de su estudio a los huesos, le preguntó por qué el hueso de una chuleta de cerdo que estaba cenando se encontraba de color rosado. Tal vez lo primero que se le pudo haber ocurrido fue entender esto por la circulación, pero siendo las estructuras óseas tan rígidas, era necesario demostrar que estaban irrigadas. Con estas ideas, alimentó a dos cerdos con una planta de raíz pigmentada por un colorante llamado alizarina (Rubia peregrina). A las dos semanas, sacrificó a uno de estos animales y demostró que la corteza externa de sus huesos estaba teñida de rojo. Entonces dejó de darle la planta al segundo cerdo y sacrificándolo 2 semanas después, demostró que la parte superficial era de color normal, pero la interna tenía coloración rosada. Con esto demostró que los huesos son nutridos por las arterias que ensanchan la corteza externa, pero que en un dinamismo de índole celular, los huesos se hacen más estrechos en la corteza interna por un proceso de absorción de nutrientes.

Ya padecía de dolores en el pecho, como consecuencia de una arterioesclerosis y la subsecuente angina de pecho, en la que hay una disminución del riego sanguíneo en el corazón. Así las cosas, el 16 de octubre de 1793, después de una junta con los directivos del Hospital San Jorge, tuvo una fuerte discusión que provocó que se fuera muy molesto a su casa, en donde le dio un infarto de características fulminantes. Por supuesto esto fue corroborado por sus alumnos, quienes le hicieron una autopsia, siguiendo sus sabias enseñanzas y sobre todo, manteniendo una fuerte tradición que él mismo fomentó.

Ahora vemos con familiaridad procedimientos quirúrgicos mayores, ciertamente con un buen nivel de preocupación, pero también con un alto grado de confianza en que las cosas saldrán bien. Por supuesto esto es una consecuencia de arduos trabajos de investigación y observación donde John Hunter debe de ser ampliamente reconocido y sobre todo, valorado.

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